tonta por esperar el amor de su padre. Lo habia dicho como si le diera verguenza, como si esperara demasiado.

El contestador automatico emitio un pip y la voz de su agente, Doug Hennessey, lleno la cocina para informar a John de la reunion que habia tenido con Bauer. Tenia que reunirse con la gente que le habia hecho los patines a medida para enterarse de por que las botas habian comenzado a molestarle la ultima temporada. John siempre habia usado las de Bauer. Siempre lo haria. Aunque no era tan supersticioso como algunos tios que conocia, lo era lo suficiente como para querer arreglar el problema en vez de cambiar de fabricante.

Se tomo el resto del batido de yogurt, aplasto el bote con la mano y lo lanzo al cubo de la basura. El contestador automatico no emitio ningun mensaje mas y John salio de la cocina. La niebla cubria la terraza y la playa. Los escasos rayos matutinos que traspasaban la niebla proyectaban su luz a traves de las ventanas de la sala de estar.

La noche anterior la habia observado en esas ventanas. Habia mirado como iba cayendo la ropa de su bello cuerpo y habia gozado con la pasion que le suavizaba la boca y le enturbiaba los ojos. Habia observado como sus propias manos se deslizaban sobre esa piel suave para tomar los tersos senos. Se habia observado frotarse contra su cuerpo desnudo de arriba abajo, y casi habia explotado alli mismo, en los calzoncillos B.V.D.

En silencio John salio a la terraza. Trotaba tan ligeramente como le era posible al bajar las escaleras a la playa. No queria despertar a Georgeanne. Despues de la noche anterior suponia que necesitaria dormir.

Y el necesitaba pensar. Necesitaba pensar sobre lo sucedido y sobre lo que iba a hacer a partir de ese momento. No podria evitar a Georgeanne, ni siquiera aunque quisiera. Ella le gustaba. La respetaba por todo lo que habia logrado en la vida, en especial ahora, que la entendia un poco mejor. Y tambien comprendia mejor por que siete anos antes no le habia dicho nada sobre Lexie. Aun seguia molesto porque no se lo hubiera dicho, pero ya no estaba enfadado.

Pero no estar enfadado y estar enamorado eran cosas distintas. «Me gusta». Esperaba que no quisiera mas de el porque no se creia capaz de dar mas de si mismo. Habia estado casado dos veces y nunca habia amado a una mujer.

Las personas confundian sexo con amor. John nunca lo hacia. Eran dos cosas totalmente diferentes. Amaba a su abuelo. Amaba a su madre. Era amor lo que sentia por su primer hijo, Toby, y ahora por Lexie, un amor que rezumaba desde lo mas profundo de su ser. Pero nunca habia estado enamorado de una mujer con el tipo de amor que volvia loco a un hombre. Esperaba que Georgeanne pudiera mantener separados amor y sexo. Creia que podria, pero si no era asi tratar con ella iba a ser muy dificil.

Deberia haber tenido las manos quietas, pero en lo que a Georgeanne se referia a el le costaba hacer lo correcto. Desearla le habia complicado la vida, pero el sexo habria sido inevitable de todas maneras. Podia prometerse que mantendria las manos quietas desde ese momento, pero sabia por experiencia que lo mas probable era que no lo hiciera. Con Georgeanne eso nunca habia sido posible. Poseia un cuerpo de infarto y el sexo con ella era el mejor que habia tenido nunca.

Los pies de John golpearon la arena mojada al detenerse, luego se cogio el pie izquierdo por detras. Agarro el tobillo y estiro el cuadriceps.

Su relacion ya era dificil sin anadir mas complicaciones. Era la madre de su hija y deberia de inspirarle pensamientos puros. No debia pensar en besar esa boca suave mientras se deslizaba profundamente en su interior. Tenia que controlarse. Era un deportista disciplinado. Podia hacerlo.

Y si flaqueaba…

John bajo el pie y estiro la otra pierna. No flaquearia. Ni siquiera pensaria en ello. No iba a ir a su casa dos veces por semana para disfrutar de su cuerpo totalmente desnudo.

Georgeanne se cubrio la boca ante un enorme bostezo mientras vertia la leche sobre un tazon de Froot Loops. Se puso un mechon detras de la oreja y atravesando la cocina coloco los cereales sobre la mesa.

– ?Donde esta John? -pregunto Lexie mientras cogia la cuchara.

– No lo se. -Georgeanne se sento en una silla frente a su hija y se anudo la bata. Puso los codos sobre la mesa y apoyo la barbilla en las manos. Estaba muy cansada y tenia doloridos los musculos de los muslos. No le habian dolido tanto desde unas clases de aerobic a las que habia asistido tres dias a la semana el ano pasado.

– Seguro que esta corriendo otra vez. -Lexie cogio una cucharada de Froot Loops y se la metio en la boca. Se habia hecho una trenza para dormir la noche anterior y, ahora que se le habia soltado, tenia el pelo rizado alrededor de la cabeza como una autentica afro. Una O verde cayo sobre su pijama de la princesa Jasmine y la volvio a echar en su tazon.

– Es probable -contesto Georgeanne, preguntandose por que John necesitaba hacer ejercicio despues de la noche anterior. Habian hecho el amor en varias posiciones diferentes con un apoteosico final en el jacuzzi. Ella le habia enjabonado por todas partes y habia besado todos esos sitios segun lo iba enjuagando. El la habia retribuido lamiendo todas las gotas de agua de su piel. En conjunto, diria que ambos habian tenido un entrenamiento realmente exhaustivo. Cerro los ojos y penso en los fuertes brazos y el esculpido pecho de John. Se imagino a si misma frotandose contra su trasero musculoso al tiempo que le acariciaba el duro abdomen y sintio un vuelco en el estomago.

– Tal vez vuelva pronto -dijo Lexie, masticando ruidosamente sus cereales.

Georgeanne abrio los ojos. La imagen de John en cueros se evaporo siendo sustituida por la de su hija comiendo con la boca completamente llena de Oes de colores.

– Por favor, mastica con la boca cerrada -le recordo a Lexie automaticamente. Mientras miraba la cara de su hija, se sintio como una desvergonzada. Tener esos torridos pensamientos delante de una nina inocente era indecente y estaba segura que en alguna parte del mundo se consideraba ilegal imaginar a un hombre desnudo antes de haber tomado el primer cafe.

Georgeanne fue a la cocina y cogio de la alacena una bolsa de Starbucks y un filtro de papel. John la habia hecho sentirse viva de una manera que hacia mucho tiempo que no se sentia. La habia mirado con ojos hambrientos, la habia hecho sentirse deseada. Habia acariciado su piel como si estuviera hecha de delicada seda, la habia hecho sentirse hermosa. El sexo con John habia sido maravilloso. Entre sus brazos se habia convertido en una mujer segura de su propia sexualidad. Por primera vez desde la pubertad se encontraba a gusto con su cuerpo y jamas se habia sentido segura con un amante hasta ese momento.

Pero no importaba lo maravilloso que hubiera sido, el sexo con John habia sido un error. Lo supo desde que la habia besado en la puerta del dormitorio de invitados deseandole buenas noches. Habia sentido un vuelco en el corazon. John no la amaba y se habia sorprendido de cuanto la habia herido saberlo.

Sabia desde el principio que el no la amaba. Nunca se lo habia dicho, ni le habia insinuado que sintiera algo por ella que no fuera lujuria. No lo culpaba. El dolor que sentia ahora era culpa de ella, y era ella quien tenia que ponerle remedio.

Georgeanne lleno la cafetera de agua, puso el filtro y oprimio el boton. Apoyo la cadera contra la encimera y cruzo los brazos. Habia pensado que podria amarlo con el cuerpo, pero no con el corazon. Sin embargo, esa ilusion se habia evaporado con la luz de la manana. Siempre habia amado a John. Pero aunque lo admitiera ante si misma, no sabia que hacer. ?Como iba a poder verlo de forma regular y fingir que no sentia nada mas que amistad? No sabia como hacerlo. Solo sabia que tenia que hacerlo.

Sono el telefono, sobresaltando a Georgeanne. El contestador automatico emitio un pip dos veces e hizo clic al conectarse.

– Hola, John -dijo una voz masculina desde la maquina-. Soy Kirk Schwartz. Siento no haberme puesto en contacto contigo antes. He estado de vacaciones las dos ultimas semanas. De todos modos, tal y como me pediste, tengo una copia de la partida de nacimiento de tu hija delante de mi. Su madre la inscribio con padre desconocido.

Georgeanne sintio que se congelaba por dentro. Miro fijamente al aparato.

– Si la madre todavia esta dispuesta a cooperar, no llevara mucho tiempo cambiarlo. Hablaremos de tus derechos legales hasta la vista de la custodia cuando vuelvas a la ciudad. Como comentamos la ultima vez, creo que lo mejor por el momento es mantener contenta a la madre hasta que decidamos que hacer legalmente. Ah…, y creo que el hecho de que no supieras nada de tu hija hasta hace poco y que le hagas un ingreso sustancial ademas de colaborar en su manutencion te deja en una situacion muy buena. Probablemente te den los mismos

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