saludable y listo, preparado para destrozar la pista de hielo.
Estaba listo para la Copa Stanley.
John trabajo las piernas hasta que le ardieron los musculos, luego hizo doscientas flexiones y se metio en la ducha. Se puso unos vaqueros y una camiseta blanca antes de volver arriba.
Cuando salio a la terraza, encontro a Georgeanne y Lexie sentadas en la misma tumbona observando la marea. Ni John ni Georgeanne hablaron cuando el encendio la parrilla, ambos eran demasiado conscientes de que estaban dejando que Lexie llenara el tenso silencio. Durante la cena Georgeanne apenas lo miro y luego se levanto a toda prisa para lavar los platos. Como parecia tan ansiosa por apartarse de el, la dejo ir.
– ?Tenes algun juego, John? -pregunto Lexie, apoyando la barbilla en las manos. Tenia el pelo retirado de la cara y llevaba puesto un pequeno camison purpura-. ?No
– No.
– ?Cartas?
– Puede.
– ?Quieres jugar al
Jugar al
– Claro. -Se levanto y fue a buscar una baraja, pero no la encontro-. Creo que no tengo cartas -le dijo a una Lexie decepcionada.
– Oh. ?Quieres jugar con las Barbies?
Antes se cortaria un huevo.
– Lexie -dijo Georgeanne desde la cocina donde se secaba las manos con una toalla-. No creo que John quiera jugar con las Barbies.
– Por favor -le rogo Lexie-. Te dejare escoger los mejores vestidos.
El escruto esa pequena cara con esos grandes ojos azules y las mejillas rosadas y se oyo decir:
– De acuerdo, pero yo soy Ken.
Lexie se bajo de un salto de la silla y corrio a la habitacion.
– No traje a Ken porque sus piernas estan rotas del todo -le dijo por encima del hombro.
El miro a Georgeanne que estaba alli de pie con una mirada compasiva en sus ojos, meneando la cabeza. Por lo menos ya no lo evitaba.
– ?Vas a jugar? -le pregunto, creyendo que al jugar Georgeanne el podria escabullirse al cabo de unos minutos.
Ella se rio en silencio y camino hacia el sofa.
– De eso nada. Eres tu quien va a elegir las mejores ropas.
– Puedes elegir primero -le prometio.
– Lo siento, muchachote. -Ella cogio una revista y se sento-. Te has liado tu solito.
Lexie volvio de la habitacion con un monton de juguetes y John tuvo el mal presentimiento de que le resultaria imposible escaquearse.
– Puedes ser la Barbie Cabellos Brillantes -dijo Lexie, lanzandole una muneca desnuda y abriendo los brazos para que los juguetes cayeran al suelo.
El se acerco con intencion de sentarse con las piernas cruzadas en el suelo, luego recogio la muneca y la levanto con rapidez. Cuando era nino, habria dado cualquier cosa por tocar una Barbie desnuda, pero nunca habia sido lo suficientemente afortunado como para poder hacerlo. En ese momento se permitio echarle un buen vistazo, descubrio que tenia el culo flaco y huesudo y que sus rodillas crujian de una manera extrana.
Resignado con su suerte se sento en el suelo y buscando entre un monton de ropa, escogio un top con un estampado de leopardo y unas mallas a juego.
– ?Tiene bolso a juego? -le pregunto a Lexie que estaba ocupada montando el salon de belleza.
– No, solo tiene botas. -Ella rebusco entre las cosas, luego se las dio.
El las examino.
– Esto es lo que una buena mujer necesita, un par de botas de prostituta.
– ?Que son botas de prostitutas?
– No le hagas caso -dijo Georgeanne desde detras de la revista.
Jugar con munecas era una experiencia nueva para John. El nunca habia tenido hermanas ni amigas de su edad. De nino habia jugado con figuras de accion, pero sobre todo habia jugado al hockey. Puso el top sobre los senos de plastico duro de la Barbie, y luego cogio las mallas. Cuando vistio a la muneca se dio cuenta de dos cosas. Que subir las mallas por las piernas de plastico era una putada y, que si Barbie fuera real, no seria el tipo de mujer a la que querria ayudar a vestir o a desvestir. Era flaca y dura, y sus pies acababan en punta. Y luego se dio cuenta de otra cosa.
– Eh, Georgeanne.
– ?Hum?
La miro.
– ?No iras a contarle a nadie nada de esto, verdad?
Ella bajo un poco la revista y sus grandes ojos verdes lo miraron con atencion por encima.
– ?El que?
– Esto -le dijo, apuntando hacia el salon de belleza-. Algo asi, podria poner en peligro mi reputacion con los jodid… Ah, lo siento -se corrigio antes de que las chicas lo hicieran-. Algo asi podria convertir mi vida en un infierno.
La risa de Georgeanne lleno el espacio entre ellos y el tambien solto una carcajada. Imagino que tenia cara de tonto alli sentado tratando de ponerle las botas a una Barbie. Entonces, de repente, ceso la risa de Georgeanne y ella dejo la revista sobre la mesa.
– Voy a darme una ducha -dijo, levantandose.
– ?Quieres hacerte la permanente ahora? -pregunto Lexie a John.
John observo el balanceo de las caderas de Georgeanne mientras salia de la habitacion.
– ?Tengo que hacerme una permanente? -pregunto, centrando la atencion en su hija.
– Si.
John puso a la Barbie con las botas de prostituta encima de una silla rosa del salon. El no sabia mucho sobre salones de belleza, pero habia tenido un par de novias que habian perdido el tiempo y el dinero en ellos.
– ?Puedes hacerme las unas mientras tanto? -pregunto, luego ordeno la cera y un masaje facial de albaricoque.
Lexie se rio y le dijo que era gracioso y de repente jugar con Barbies no fue tan malo.
Lexie duro hasta las diez en punto cuando, exhausta, insistio en que John la llevara a la cama. El se habia anotado muchos puntos ante su hija al jugar con el Centro de Belleza de Barbie.
En cualquier otro momento Georgeanne podria haberse sentido herida por la desercion de Lexie, pero esta noche le preocupaban otros asuntos. Otros problemas. Grandes problemas. Despues de aquel beso en la cocina John no solo era mejor que tener el pelo hecho un desastre, sino que ademas era mejor que depilarse las cejas. Y por si eso no hubiera sido suficiente, se habia sentado en el suelo y habia jugado a las munecas con una nina de seis anos. Al principio habia estado ridiculo. Un hombre grande y musculoso con unas manos enormes preocupandose de que un bolso hiciera juego con unas botas de plastico. Un viril jugador de hockey preocupandose de lo que pensarian los demas tios de el. Entonces, de repente, ya no parecio ridiculo. La habia mirado desde el suelo mientras le ponia las mallas a una Barbie. Habia parecido que era el padre y ella la madre como una familia de verdad. Solo que no lo eran. Y cuando se habian mirado y habian compartido una sonrisa complice, habia notado una pequena punzada en el corazon.
Y no habia nada ridiculo en eso. Absolutamente nada, penso mientras salia a la terraza. Apenas podia ver las olas del oceano, pero las oia. La temperatura habia descendido y se alegro de haberse puesto un jersey de cuadros azules y una falda vaquera. Tenia frio en los pies, y deseo haberse acordado de ponerse los zapatos. Se rodeo con los brazos y contemplo el cielo de la noche. Nunca habia sabido nada de astronomia, pero le gustaba mirar las estrellas.
Oyo como la puerta se abria y cerraba, luego sintio una manta sobre los hombros.
– Gracias -dijo, envolviendose en ella.
