labios de John y el abrio la boca. El beso que habian compartido antes habia comenzado despacio pero se habia vuelto ardiente en pocos segundos. Este beso fue mucho mas largo. Con las bocas abiertas y las lenguas entrelazadas. Tenian toda la noche por delante y ninguna prisa.
Habia aprendido como complacer a ese hombre anos antes. Las habilidades que habia perfeccionado hasta ser un arte estaban profundamente arraigadas en su interior. Pero no sabia si todavia podia coquetear con el para volverlo loco. Georgeanne llevo las manos a la cinturilla de los pantalones de John y deslizo lentamente las palmas bajo la chaqueta, desde de su abdomen caliente hasta su pecho. Bajo sus caricias se tensaron los duros musculos y John presiono su boca mas profundamente en la de ella creando una succion suave. Jugueteo con su lengua y ella sintio que el corazon le latia con fuerza. John desplazo una de sus manos a las caderas de Georgeanne y la acerco mas contra su cuerpo.
Ella sintio su ereccion contra el vientre. Era larga y dura. La pasion y la satisfaccion femenina se fusionaron, y Georgeanne sintio un latido sordo en la union de sus muslos. Se froto contra el y la pasion se transformo en una espiral de fuego. La mano en su cadera se puso tensa, luego el retiro los labios.
– Eras buena hace siete anos -dijo mientras la brisa de la noche le alborotaba el pelo-. Pero tengo el presentimiento de que ahora eres mejor.
Georgeanne podia haberle dicho que no habia practicado desde entonces. De hecho tenia tan poca practica que no sabia que contestar. Sin la distraccion de su boca sensual y con el sonido de sus desvergonzadas palabras resonando en su cabeza, ella sintio que el frio traspasaba su jersey y sintio un escalofrio.
– Vamos -dijo, tomandola de la mano. La atrajo hacia su cuerpo y juntos entraron en la casa y cerraron la puerta. John la beso suavemente en los labios, luego se quito la chaqueta-. ?Tienes frio? -pregunto, tirando la chaqueta en el sofa.
Georgeanne tenia la piel de gallina, pero no por el frio.
– Estoy bien -contesto, restregandose los brazos por encima del jersey.
– ?Enciendo el fuego de todos modos?
No queria esperar mas para sentir sus labios contra los de ella, pero no queria que pareciera que estaba hambrienta de el.
– Si no es demasiado problema.
John le dirigio una sonrisa perezosa.
– Oh, creo que puedo arreglarmelas -dijo, caminando hasta la repisa de la chimenea y presionando un interruptor. La descarga anaranjada de una llama inflamo el chorro de gas e ilumino los lenos falsos.
Georgeanne le correspondio con otra sonrisa.
– Creo que eso es hacer trampas.
– Solo para un boy scout y no lo soy.
– Deberia haberlo adivinado. -Ella intento ver a traves de los ventanales, pero solo podia ver su reflejo. Sintio un momento de panico mientras trataba de recordar si llevaba puesta ropa interior de raso o si se la habia cambiado por la de algodon blanco.
– ?El que? -pregunto John, poniendose detras de ella-. ?Que no soy un boy scout? -La cogio y la atrajo de nuevo contra su pecho-. ?O que tenga un fuego falso?
Georgeanne miro su reflejo ondulado. Dirigio la vista hacia la apuesta cara de John y ya no le importo si llevaba las bragas de Hanes o las de Victoria's Secret. Se arqueo un poco hacia atras y se froto a conciencia contra su ingle.
– ?Tu fuego es falso, John?
El respiro hondo y su risa ahogada resulto un poco tensa cuando contesto:
– Si eres buena, te lo ensenare mas tarde. -El la beso en la coronilla, luego cogio el borde del jersey-. Pero por ahora, me lo ensenas tu. -Se lo saco por la cabeza y lo dejo caer a un lado. El primer impulso de Georgeanne fue levantar las manos para taparse los senos. Pero las mantuvo a los lados y se quedo de pie ante el con la falda vaquera y el sujetador azul de raso. Los dedos de John le acariciaron el estomago, luego ahueco los pesados senos con sus fuertes manos.
– Eres hermosa -le dijo mientras rozaba con los pulgares el raso que le cubria los pezones-. Tan hermosa que apenas puedo respirar.
Georgeanne reconocio la sensacion. Tambien ella sentia como si sus pulmones se quedaran sin aire mientras observaba como las manos de John le sopesaban los senos. Se sintio incapaz de apartar la vista cuando el solto el sujetador y le deslizo lentamente los tirantes por los hombros. El raso azul se deslizo por las curvas de los senos, brillando tenuemente sobre sus pezones, luego cayo al suelo. Subitamente avergonzada, Georgeanne intento ocultarse de su vista apretandose contra su pecho para ocultarse de su mirada ardiente. Pero el movio las manos a su cintura y la mantuvo donde estaba.
– Alguien podria vernos -dijo ella.
– No hay nadie fuera. -Le acaricio los pezones ligeramente con la yema de los dedos.
Georgeanne comenzo a jadear.
– Podria haber alguien.
– No estamos al nivel de la playa. Estamos a mas altura. -Observo como el le pellizcaba suavemente los arrugados pezones entre el pulgar y el indice y, de pronto, ya no le importo nada. Podria haber desfilado por la terraza un autobus lleno de marineros y no le habria importado lo mas minimo. Arqueo la espalda y levanto los brazos para coger entre las manos la cabeza de John. Le empujo la lengua en la boca hasta separarle los labios y le dio un beso ardiente, avido. Surgio un gemido desde lo mas profundo del pecho de John mientras jugueteaba con sus senos. Los levanto y apreto, luego movio las manos al boton de la falda. Le deslizo por las caderas y los muslos la falda y la braga azul hasta que cayeron a sus pies. Ella se salio de las prendas y las aparto de una patada, quedandose desnuda por completo, su trasero desnudo apretado contra la cremallera de los vaqueros. Al contrario que ella, el estaba completamente vestido y el roce de la tela de los vaqueros contra su piel le resultaba muy erotico. El le inclino las caderas y presiono su ereccion contra ella mientras dejaba un reguero de calidos besos a un lado de la garganta. La mordio ligeramente en el hombro, y luego le lamio la piel con la lengua.
Georgeanne volvio a mirar a la ventana y en el reflejo borroso observo como esas grandes manos recorrian su cuerpo. Le acariciaba los senos, el estomago, las caderas. Le coloco un pie entre los de ella e hizo presion para abrirle las piernas. Luego le deslizo la mano entre los muslos abiertos y la acaricio con suavidad. Ella estaba resbaladiza alli donde sus dedos acariciaban y esa caricia provoco en ella una agonia punzante. Se le fundieron las entranas. Sus manos, su boca, sus ojos ardientes. Ella vio el reflejo de su cara y no reconocio a la mujer que le devolvia la mirada. La mujer de la ventana parecia drogada. Se oyo gemir y temio que si no lo detenia, alcanzaria el climax en solitario. No queria eso. Lo queria con ella.
Se permitio saborear el placer que le proporcionaban sus manos durante algunos maravillosos segundos mas, luego se giro y le rodeo el cuello con los brazos. Lo beso avidamente deslizandole la rodilla desnuda por el muslo. Con los dedos le recorrio sensualmente la espalda, entonces, el la agarro por detras y poniendola de puntillas aplasto su pelvis contra la de ella. Georgeanne le recorrio la garganta con la boca y saboreo su piel. El gimio y ella se dejo deslizar sobre su cuerpo hasta quedar de pie. Permitio que sus manos vagaran por el estomago de John hasta el borde de la camiseta, sacandola de los vaqueros.
John levanto el brazo por encima de su hombro y cogiendo un pliegue de la camiseta, se la saco por la cabeza y la dejo caer a un lado. Georgeanne bajo la mirada desde los azules ojos llenos de pasion a los pequenos rizos oscuros que cubrian el gran pecho musculoso. Sus pezones quedaban unos centimetros por debajo de sus tetillas planas color cafe. Una sombra de fino vello bajaba por el pecho de John, rodeandole el ombligo para desaparecer por la cinturilla de los vaqueros.
– Mirate -dijo apenas con un susurro. La voz de John estaba ronca por la lujuria-. Eres como el mejor regalo que haya tenido nunca, como todas las navidades juntas en un solo paquete.
Georgeanne forcejeo con el boton de los vaqueros hasta que lo abrio.
– ?Has sido bueno? -le pregunto mientras deslizaba las manos dentro de los vaqueros.
El tomo aliento con rapidez.
– Dios mio, si.
Ella atrapo la cinturilla elastica de los calzoncillos y se la bajo por el vientre plano.
– En ese caso -lo arrullo, paseando un dedo sobre el largo y grueso eje-. ?Como quieres que sea contigo? ?Buena o mala?
El aliento de John era un silbido agudo que salia de sus pulmones cuando piso los talones de sus deportivas
