culo a los jovencitos.

Lexie contuvo la respiracion.

– Lo has hecho otra vez.

– ?El que?

– Dijiste una palabrota.

– ?Lo hice?

– Si.

– Lo siento. Tendre que esmerarme mas.

– Eso es lo que dijiste la ultima vez -se quejo Lexie desde el suelo.

El sonrio.

– Lo hare mejor, entrenadora.

Lexie guardo silencio por un momento antes de decir:

– ?Sabes que?

– ?Que?

– Mama tiene una bicicleta como esa -senalo en direccion a John-. Pero no la usa.

La bicicleta de Georgeanne no era como la de John. No era tan cara, aunque Lexie estaba en lo cierto, no la usaba. De hecho, ni se habia montado en ella.

– Oye -dijo, entrando en la habitacion-, uso esa bicicleta todos los dias. Es estupenda para colgar las camisas.

Lexie giro la cabeza y sonrio.

– Nos estamos entrenando. Yo fui primero y ahora es el turno de John.

John la miro. Los pedales de la bicicleta se detuvieron, pero la rueda siguio girando.

– Si. Ya lo veo -dijo ella, deseando haberse cepillado el pelo antes de haberlos encontrado. Estaba segura de que daba miedo. John no habria estado de acuerdo con ella. La encontraba adorablemente desalinada con las mejillas sonrojadas por el sueno. Su voz fue un poco mas ronca de lo habitual.

– ?Como te ha sentado la siesta?

– No sabia que estaba tan cansada. -Se peino el pelo con los dedos y sacudio la cabeza.

– Bueno, mantener el ritmo de las ocurrencias de esta pequena mente puede ser agobiante -dijo John mientras se preguntaba si ella estaba haciendo a proposito esas cosas con su pelo.

– Mucho. -Georgeanne se acerco a Lexie y le tendio la mano para ayudarla a ponerse de pie-. Vamos a ver si encontramos algo que hacer y dejamos que John termine.

– Ya acabe -dijo mientras se levantaba. Al hacerlo deslizo la mirada por sus pechos intentando no quedarse mirando su escote como si fuera un alumno de secundaria. No queria que lo atrapara mirando sin disimulo su cuerpo y pensara que era algun tipo de pervertido bastardo. Era la madre de su hija y, aunque no se lo hubiera dicho, sabia que ella no tenia una opinion demasiado elevada de el. Tal vez se merecia su baja opinion o puede que no-. En realidad, no pensaba hacer bici hoy, pero Lexie y yo nos estabamos aburriendo un poco mientras esperabamos a que te despertaras. Era el Centro de Belleza de Barbie o hacer algo de ejercicio en la bici.

– No te puedo imaginar jugando con las Barbies.

– Pues ya somos dos. -John tenia un problema con sus buenas intenciones: la parte superior del top que ella llevaba puesto minaba su voluntad. Era lo mismo que le pasaba a Superman con la kriptonita-. Lexie y yo hemos pensado en ir a cenar ostras.

– ?Ostras? -Georgeanne centro la atencion en Lexie-. No te gustaran las ostras.

– Claro que si. John me dijo que si me gustarian.

Georgeanne no discutio, pero una hora mas tarde, sentados en la marisqueria, Lexie vio la foto de las ostras en el menu y arrugo la nariz.

– Son asquerosas -dijo. Cuando la camarera llego a su mesa, Lexie le pidio un sandwich de queso con pan «fresco», patatas fritas en «plato aparte» y salsa de tomate «Heinz».

Luego la camarera centro su atencion en Georgeanne y John se acomodo para observar el poder del encanto sureno y de la espectacular sonrisa de Georgeanne.

– Ya se que esta muy ocupada, y se por experiencia que su trabajo es muy ingrato y sumamente frenetico, pero es obvio que tiene un buen corazon, asi que espero que no le moleste que haga algunos pequenos cambios en el menu -comenzo; su voz exudaba compasion por la mujer y por su ingrato trabajo. Cuando acabo, habia pedido salmon y salsa de patatas y cebolletas con mantequilla y limon, y eso ultimo no estaba en el menu. Sustituyo las patatas por arroz, sin mantequilla, con solo una pizca de sal y unas pocas cebolletas. Pidio el melon en un plato aparte porque el melon nunca se debia servir caliente. John medio esperaba que la mujer mandara a Georgeanne al infierno, pero no lo hizo. La camarera parecia totalmente feliz de poder cambiar el menu de Georgeanne.

Comparado con sus dos acompanantes, el plato que pidio John fue sumamente facil. Ostras con solo media concha. Nada extra. Ni plato aparte. Tan pronto como la camarera se fue, el miro a las dos chicas que estaban frente a el. Ambas llevaban vestidos sueltos de verano. El de Georgeanne hacia juego con el verde de sus ojos. El de Lexie con su sombra azul. Intento no fruncir el ceno, pero odiaba ver a su hija con todo ese mejunje. Era demasiado embarazoso y se sentia sumamente agradecido por la oscuridad de la habitacion.

– ?Te vas a comer eso de verdad? -pregunto Lexie cuando llego la comida. Se inclino hacia adelante, fascinada y asqueada a la vez.

– Si. -Levanto media concha y se la llevo a los labios-. Mmm -dijo, succionando la ostra con los labios para tragarla.

Lexie lanzo un chillido de repulsion, incluso Georgeanne parecia un poco asqueada cuando volvio a centrar la atencion en el salmon con salsa de patatas y cebolletas con mantequilla y limon.

El resto de la cena resulto muy bien. Charlaron con menos tension de la que solian, pero la tranquilidad de la noche acabo cuando la camarera coloco la cuenta al lado de el. Georgeanne intento cogerla, pero el la detuvo con la mano. Sus ojos se encontraron por encima de la mesa y John se dio cuenta de que Georgeanne parecia una mujer dispuesta a remangarse y luchar por la nota.

– Yo pagare -dijo John-. No quiero discutir -aviso, apretandole la mano. No era rival para el, aunque quisiera.

En vez de oponerse, ella le dejo ganar, pero su gesto le indico que continuaria la discusion cuando estuvieran solos.

De camino a casa, Lexie se quedo dormida en el asiento trasero del Range Rover. John la llevo en brazos hasta la casa, sintiendo su aliento calido contra el lateral del cuello. Le habria gustado sostenerla mas tiempo, pero no lo hizo. Le habria gustado quedarse mientras Georgeanne la metia en la cama, pero se sentia fuera de lugar y se marcho.

Georgeanne vio salir a John mientras le quitaba los zapatos a Lexie. Le puso el pijama y la acosto. Luego se fue en busca de John. Queria preguntarle si tenia pinzas para quitarse la astilla del dedo y tenia que hablar con el sobre el dinero que se estaba gastando en ellas. Queria que dejara de hacerlo. Podia pagarse sus gastos. Y tambien podia pagar los de Lexie.

Encontro a John de pie al lado de la ventana, mirando fijamente el oceano. Tenia las manos metidas en los bolsillos delanteros de los vaqueros y la camisa vaquera arremangada hasta los codos. El sol de poniente lo iluminaba con un resplandor igneo, haciendole parecer mas grande aun. Cuando entro en la habitacion, John se giro hacia ella.

– Necesito hablar contigo sobre una cosa -dijo caminando hacia el, preparada para discutir.

– Se lo que vas a decirme, asi que borra ese ceno de tu preciosa cara. Puedes pagar la proxima vez.

– Ah. -Se detuvo delante de el. Habia ganado sin ni siquiera haber empezado y se sintio desinflada-. ?Como sabias que queria hablar de eso?

– Me has estado mirando de mala manera desde que la camarera coloco la cuenta junto a mi plato. Durante unos momentos incluso pense que ibas a saltar por encima de la mesa para pelearte conmigo por la cuenta.

No podia negar que lo habia pensado durante algunos momentos.

– Jamas me pelearia en publico.

– Me alegra oirlo. -A la luz grisacea del anochecer le vio curvar ligeramente las comisuras de los labios-. Porque podria gustarme.

– Ya -dijo, poco dispuesta a seguirle el juego-. ?Tienes unas pinzas?

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