Miro el mapa que John le habia dibujado y condujo entre las residencias veraniegas y los complejos turisticos construidos a pie de playa. Freno para leer la nota garabateada a mano, despues se metio en una calle muy sombreada y siguio las instrucciones con facilidad hasta encontrar la casa. Aparco el Hyundai junto al Range Rover verde oscuro de John en el camino de entrada a una casa blanca de una sola planta con un tejado muy inclinado de tablillas de madera. Un pino nudoso y una acacia daban sombra al porche de madera, tinendolo de una luz grisacea. Dejo el equipaje en el coche y guio a Lexie de la mano hasta la puerta principal. Con cada paso que daba el corazon de Georgeanne latia mas rapido. Cuanto mas se acercaba, mas se convencia de que estaba a punto de cometer un error garrafal.
Hizo sonar el timbre varias veces. No contesto nadie. Cogio el plano y lo estudio detenidamente otra vez. Si lo hubiera dibujado ella, habria sentido la familiar incertidumbre que notaba en el pecho cuando temia haber equivocado los numeros una vez mas.
– Tal vez John esta echando la siesta -sugirio Lexie-. Quiza deberiamos entrar y despertarlo.
– Bueno, quiza. -Georgeanne volvio a mirar los numeros de la casa, luego se acerco al buzon y abrio la parte superior. Lo examino con atencion como si esperara encontrar dentro un vecino o un empleado de correos observandola. Miro una tarjeta comercial dirigida a John.
– ?Crees que se olvido de que veniamos? -pregunto Lexie.
– Espero que no -contesto Georgeanne agarrando el pomo y abriendo la puerta.
«?Que pasaria si se habia olvidado?», se pregunto. «?Que ocurria si estaba dormido en algun lugar de la casa? ?O dandose una ducha con una mujer?». Sabia que era un poco temprano, pero, ?que pasaria si estaba en la cama con el cuerpo entrelazado con el de alguna pobre ingenua?
– ?John? -grito, entrando muy despacio. Sus pies se hundieron en la alfombra de color champan. Mientras Lexie la seguia un poco mas atras, Georgeanne atraveso el salon. Inmediatamente se dio cuenta de que la casa no era de planta baja como parecia desde fuera. A su izquierda una escalera llevaba hacia abajo mientras que a su derecha una segunda escalera conducia a un bajo cubierta que se abria al salon. La casa estaba construida en una ladera sobre la playa y el oceano. La fachada posterior consistia en su totalidad en unos enormes ventanales enmarcados con carpinteria de roble. Tres tragaluces del mismo material dominaban el techo del salon.
– Caramba. -Lexie se quedo sin aliento y se puso a dar vueltas-. ?John es rico?
– Eso parece, ?verdad? -Los muebles eran modernos y construidos principalmente de acero y madera clara. A un lado habia un sofa tapizado en azul oscuro; estaba orientado para disfrutar tanto de la vista del oceano como de la chimenea que dominaba la pared de la izquierda. Encima de la repisa de la chimenea habia colgado un enorme retrato donde el abuelo de John permanecia de pie junto a uno de esos enormes peces azules que los turistas pescaban en la costa de Florida. Habia pasado mucho tiempo desde que Georgeanne habia visto a Ernie, pero lo reconocio con facilidad.
– Espero que John no haya tenido un accidente. -Lexie se dirigio hacia una de las tres puertas correderas de cristal del salon-. Tal vez se ha roto una pierna o se ha cortado…
Se acercaron a la vez a la cristalera y miraron hacia la arena de la playa. Mas alla de la terraza Haystack Rock se erguia contra el cielo azul claro. Las gaviotas revoloteaban por encima de la vegetacion que florecia en la parte superior de la enorme roca mientras sus continuos graznidos se mezclaban con el ruido de las olas.
– ?John! -Lexie grito en voz alta-. ?Donde estas?
Georgeanne abrio la puerta corredera y dejo entrar la brisa impregnada con el olor a agua salada y a algas marinas junto con los sonidos del mar. Salio un momento a la terraza, respiro hondo y exhalo lentamente. Tal vez pasar una semana en una casa tan bella con un entorno tan maravilloso no iba a ser tan malo despues de todo. Si no permitia que John la hechizara con su cara amable y si se guardaba sus labios para si mismo, a lo mejor ese viaje no se convertiria en un error garrafal.
Georgeanne sintio un ruido sordo bajo los pies, una especie de «tum, tum, tum» resonando bajo las suelas de las sandalias. Oyo el constante ruido de pasos que golpeaban las escaleras y sintio que se le derretian las entranas. Luego, al momento, vio la cabeza de John. Llevaba unos auriculares amarillos sobre su pelo humedo de sudor y tenia la mitad inferior de la cara cubierta por una barba incipiente. Despues aparecieron sus hombros anchos y su poderoso pecho. Llevaba puesta una camiseta sin mangas que tenia tantos agujeros que Georgeanne se pregunto para que se habia molestado en ponersela. El estomago era plano y se le veia hasta la cinturilla de los pantalones cortos. El vello oscuro se arremolinaba alrededor del ombligo para desaparecer en forma de flecha bajo los pantalones cortos azul marino. Sus muslos eran gruesos y musculosos, y sus largas piernas estaban muy morenas.
– Llegais temprano -oyo que les decia mientras intentaba normalizar la respiracion. Ella miro como se quitaba los auriculares dejandolos colgar del cuello y luego miraba el reloj deportivo con la esfera girada hacia la parte interior de la muneca-. Si lo hubiera sabido, habria estado aqui.
– Lo siento -dijo ella, negandose a sonrojarse ante tan subita aparicion. Era adulta. Podia comportarse con normalidad ante un hombre ardiente, sudoroso y semidesnudo. Y podia manejar a John Kowalsky sin ningun problema. Solo tenia que pensar que era como tener el pelo hecho un desastre. Poco cooperativo, molesto y muy desarreglado-. Pise el acelerador mas de la cuenta -explico.
– ?Cuanto tiempo llevais aqui? -Cogio la toalla blanca que colgaba de la barandilla. Se seco la cara y el pelo como si acabara de salir de la ducha, luego hizo desaparecer la cabeza bajo el grueso algodon.
– Solo unos minutos.
– Hum, pensamos que te habias caido y que estabas herido -dijo Lexie distraida por la vision del estomago de John. Era la primera vez que se encontraba tan cerca de un hombre a medio vestir. Clavo los ojos en esa piel cubierta de vello y dio un paso hacia delante para ver mejor-. Creimos que tal vez te habias roto una pierna o te habias cortado -anadio.
John asomo la cabeza por debajo de la toalla. Vio a Lexie y sonrio.
– ?Tenias preparada una tirita por si acaso? -le pregunto, colocandose la toalla alrededor del cuello y agarrando los extremos de la misma.
Nego con la cabeza.
– Tenes la barriga peluda, John. ?Muy peluda! -dijo, luego se giro hacia la barandilla para mirar la playa que habia debajo.
El se miro y apreto una de sus grandes manos contra el duro abdomen.
– No es para tanto -dijo, restregandose la palma de la mano sobre el estomago-. Conozco a varios tios que son bastante peores. Por lo menos yo no tengo vello en la espalda.
Georgeanne observo como deslizaba la mano mas abajo, hacia el vientre, hundiendo los dedos en el vello corto y su mente se inundo de recuerdos. Recordo esa noche hacia tanto tiempo cuando ella lo habia tocado, cuando lo habia sentido ardiente y viril bajo sus manos.
– ?Que miras, Georgeanne?
Ella aparto la mirada de su vientre y lo miro a los ojos. La habia pillado mirandolo. Podia actuar de varias maneras: avergonzada, culpable o simplemente mentir.
– Tus zapatos.
En silencio, el se rio entre dientes.
– Me mirabas el paquete.
O podia admitirlo.
– Ha sido un largo viaje. -Se encogio de hombros-. Ire al coche a por nuestro equipaje.
John se la adelanto.
– Yo lo cogere.
– Gracias.
El atraveso la puerta corredera.
– De nada -le dijo con una sonrisa arrogante antes de atravesar el salon.
– ?Oye, John! -grito Lexie que paso corriendo junto a su madre, dejando que Georgeanne los siguiera-. Traje los patines. Y adivina que…
– ?Que?
– Mama me compro unas rodilleras nuevas de la Barbie.
– ?De la Barbie?
– Si.
El abrio la puerta principal.
