de que todo el mundo la queria, no estaba segura de su padre.

– Por supuesto que le gustas. Le gustaste desde la primera vez que te vio.

– Ah -fue todo lo que dijo.

Salieron juntas del coche y subieron la acera. Con la mirada oculta tras las gafas de sol, Georgeanne lo observo levantarse. Parecia informal y relajado con unos pantalones beiges de sarga, una camiseta blanca y una camisa de cuadros que llevaba suelta y sin abrochar. Llevaba el pelo oscuro mas corto que la ultima vez que lo habia visto y el flequillo le caia despeinado sobre la frente. Tenia la mirada fija en su hija.

– Hola, Lexie.

Ella bajo la vista a su carpeta como si de repente estuviera absorta en otra cosa.

– Hola.

– ?Que has hecho desde la ultima vez que te vi?

– Nada.

– ?Como te va en primero?

Ella no le miraba.

– Bien.

– ?Te gusta la profesora?

– No esta mal.

– ?Como se llama?

– Senora Berger.

La tension era casi palpable. Lexie era mas amigable con el cartero que con su padre y ambos lo sabian. John levanto la vista hacia Georgeanne con la acusacion escrita en sus ojos azules. Georgeanne se enfurecio. Puede que el no le gustara, pero nunca habia dicho ni una sola palabra mala en su contra, al menos, no delante de la nina. El que no estuviera dispuesta a acostarse y a dejarse pisotear por el no queria decir que fuera a intentar influenciar a Lexie de alguna manera. Tambien ella estaba sorprendida por la inusual timidez de Lexie, pero conocia la razon. La causa de su reserva estaba delante de ella con la forma de un hombre grandote y musculoso; ahora no sabia como tratar con el.

– ?Por que no le cuentas a John lo de tu jerbo? -sugirio ella, introduciendo el tema del que mas hablaba Lexie ultimamente

– Tenemo un jerbo.

– ?Donde?

– En el colegio.

John no podia creer que esta fuera la misma nina que habia conocido en junio. La miro y se pregunto donde estaria su charlatana hija.

– ?Quieres entrar? -pregunto Georgeanne.

El habria preferido sacudirla y exigirle que le contara lo que le habia dicho a su hija.

– No. No tenemos tiempo.

– ?Donde vais?

El miro las grandes gafas de sol de Georgeanne y penso en decirle que no era asunto suyo.

– Quiero ensenarle a Lexie donde vivo. -Alcanzo la carpeta y se la quito a Lexie-. La traere de vuelta a las nueve -dijo, y le dio la carpeta a Georgeanne.

– Adios, mami. Te quiero.

Georgeanne miro hacia abajo y esbozando una falsa sonrisa dijo:

– Dame un beso, carino.

Lexie se puso de puntillas para darle un beso de despedida a su madre. Y mientras observaba, John supo que queria lo que tenia Georgeanne. Queria el amor y el afecto de su hija. Queria que lo rodeara con sus brazos, que lo besara y le dijera que lo queria. Queria que lo llamara papa.

Tenia la seguridad de que en cuanto llevara a Lexie a su casa y ella se relajara, una vez que estuviera lejos de la influencia de Georgeanne, volveria a ser la nina que conocia.

Pero eso no ocurrio. La nina que recogio a las siete era la misma nina que llevo de regreso a las nueve. Hablar con ella fue como patinar a traves del hielo: suave y lento, y condenadamente desesperante. No habia dicho nada sobre su casa flotante y no habia querido saber al instante donde estaban todos los cuartos de bano, lo que lo asombro porque en Cannon Beach la situacion de los cuartos de bano habia parecido un asunto de estado.

Le habia mostrado el dormitorio de invitados que habia preparado para ella, y le dijo que irian de compras y que le compraria cualquier cosa que quisiera. Habia pensado que le gustaria la idea, pero la nina solo habia asentido con la cabeza y le habia pedido salir a la cubierta de abajo. Habia mostrado algo de interes por el barco asi que habian saltado en el Sundancer y habian navegado lentamente por el lago. La habia observado revisar la cabina y abrir la nevera compacta bajo la consola. La habia subido a su regazo para que pudiera manejar el timon por si misma. Lexie habia agrandado mucho los ojos y, por fin, las comisuras de su boca habian esbozado una sonrisa, pero no habia dicho nada.

Cuando la dejo en la parte delantera de su casa dos horas despues de recogerla, el estado de animo de John era similar a los nubarrones que se estaban formando con rapidez en el cielo. No conocia a la nina con la que habia pasado la tarde, aquella no era su Lexie. Su Lexie sonreia y se reia tontamente sin dejar de hablar por los codos.

Apenas habia detenido el Range Rover y Georgeanne ya estaba fuera de su casa caminando hacia ellos. Llevaba puesto un vestido suelto de encaje que revoloteaba alrededor de sus tobillos cuando se movia y se habia recogido el pelo en un mono alto.

Una nina que estaba en el patio de enfrente llamo a Lexie y agito freneticamente una Barbie de largo cabello rubio.

– ?Quien es? -pregunto John mientras ayudaba a Lexie a desabrocharse el cinturon de seguridad.

– Amy -contesto ella, abrio la puerta, y salto fuera del todoterreno-. ?Mama, puedo ir a jugar con Amy? Tene una Barbie Sirena nueva, que quiero que veas porque es exactamente la que yo quiero.

Georgeanne observo a John que estaba rodeando el Range Rover. Sus ojos se encontraron brevemente antes de mirar a su hija.

– Va a llover.

– Por favor -imploro, botando arriba y abajo como si tuviera un resorte en los talones-. ?Solo unos minutos?

– Quince minutos. -Georgeanne agarro a Lexie por el hombro antes de que pudiera irse corriendo-. ?Que se le dice a John?

Lexie se paro y lo miro a la altura del estomago.

– Gracias, John -dijo practicamente en un susurro-. Lo he pasado bien.

Nada de besos. Ni «te quiero papa». No habia esperado amor y afecto tan pronto, pero mientras miraba a la coronilla de Lexie, supo que tendria que esperar bastante mas de lo que pensaba.

– Tal vez la proxima vez vayamos al Key Arena y asi veras donde trabajo -al ver que su idea no era bien recibida anadio-: o podemos ir a la alameda. -John odiaba la alameda, pero por ella haria cualquier cosa.

Lexie fruncio los labios.

– De acuerdo -dijo, luego camino hacia el bordillo, miro a ambos lados de la carretera y, al ver que no se acercaba ningun coche, cruzo-. Oye, Amy -grito-, adivina que hice hoy. Me subi a un barco y paseamos hasta Gas Works Park, y vi un pez enorme que saltaba fuera del agua y John intento cogerlo. John tene una cama y una nevera en su barco, y ademas me dejo manejar el timon un ratito.

John observo a las dos ninitas caminar hacia la puerta principal de la casa de Amy, luego se giro hacia Georgeanne.

– ?Que le has hecho?

Ella levanto la mirada hacia el y junto las cejas.

– No le he hecho nada.

– Y una mierda. No es la misma Lexie que conoci en junio. ?Que le has dicho?

Ella clavo los ojos en el durante unos momentos antes de sugerir:

– Entremos.

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