El no queria entrar. No queria tomar te y discutir las cosas racionalmente. No queria cooperar con ella. Estaba furioso y queria gritar.
– Estamos bien aqui.
– John, no pienso tener esta conversacion contigo en el cesped de delante de mi casa.
El le devolvio la mirada, luego hizo un gesto para que ella lo guiara. Mientras la seguia rodeando la casa, mantuvo la mirada en su nuca deliberadamente. No queria notar como se movia. En el pasado siempre habia apreciado como el movimiento de sus caderas hacia que el vuelo de sus vestidos revolotease. Ahora no estaba de humor para apreciar nada referente a ella.
La siguio hasta el patio trasero donde destacaba el color pastel, un calidoscopio femenino tipico de Georgeanne. Las flores se agitaban con la brisa de la tormenta que se estaba formando mientras un aspersor giratorio regaba la hierba cubierta de flores blancas y azules. Un carrito de plastico, que reconocio de la primera vez que habia visto a Lexie, estaba al lado de una carretilla. Ambos estaban cargados con maleza y flores muertas. Cuando recorrio el patio con la mirada, se sintio herido por el contraste entre sus casas. La de Georgeanne tenia un patio y un columpio, un jardin de flores y un cesped que necesitaba ser segado. Ella vivia en una calle donde un nino podia montar en bicicleta y donde la acera era lisa para que Lexie patinara. Lo que John pagaba por atracar la casa flotante en el puerto era casi lo mismo que Georgeanne pagaba por la hipoteca. El tenia una gran vista y una casa enorme, cierto, pero no era un hogar de verdad. No como este. No tenia jardin, ni patio, ni una acera lisa.
«Aqui vive una familia», penso el, mientras veia como Georgeanne cerraba la espita de agua que estaba detras de las flores de lavanda. «Su familia. No. No, su familia no. Su hija».
– Antes que nada -comenzo Georgeanne, enderezandose-, nunca me acuses de hacer o decir nada que lastime a Lexie. Es cierto que no me gustas, pero nunca he dicho nada malo sobre ti delante de mi hija.
– No te creo.
Georgeanne se encogio de hombros y lucho por mantener una calma que no sentia. Notaba el estomago revuelto mientras que John permanecia impasible delante de ella con tan buen aspecto que daban ganas de comerselo con una cuchara. Habia pensado que podria estar cerca de el y manejarlo, pero ahora ya no estaba tan segura.
– No me importa lo que creas.
– ?Por que no habla conmigo como lo hacia antes?
Ella podia darle una explicacion, pero ?por que molestarse? ?Por que deberia ayudarle a apartar a su hija de ella?
– Dale tiempo.
John nego con la cabeza.
– El dia que la conoci hablaba sin parar. Ahora que sabe que soy su padre, apenas dice palabra. No tiene sentido.
Pero si lo tenia para Georgeanne. La unica vez que se habia encontrado con su madre habia sentido terror a que la rechazara y no habia sabido que decirle a Billy Jean. Georgeanne tenia veinte anos en aquel entonces y solo podia imaginar como se sentiria una nina. Lo que le pasaba a Lexie era que no sabia que decirle a John y le daba miedo ser ella misma.
John apoyo su peso en un pie y ladeo la cabeza.
– Has debido de contarle un monton de mentiras sobre mi. Sabia que estabas resentida, pero no pense que llegarias a esto.
Georgeanne se rodeo la cintura con los brazos y contuvo el dolor. Que tuviera una opinion tan baja sobre ella le hacia dano aunque no deberia ser asi.
– No eres quien para hablarme de mentiras. Nada de esto hubiera ocurrido si no hubieras mentido sobre lo de contratar a un abogado. Tu eres el mentiroso y encima eres un deportista lascivo. Pero ninguna de esas razones es suficiente para que le diga a Lexie cosas malas de ti.
John se balanceo sobre los talones y la miro con los ojos entornados.
– Ahh… ahora estamos llegando al quid de la cuestion. Estas cabreada por lo que paso en el sofa.
Georgeanne confio en que no se le encendieran las mejillas, pero podia sentirlas tan enrojecidas como las de una chica de secundaria.
– ?Estas insinuando que por lo que sucedio entre nosotros trato de poner a mi hija en tu contra?
– Caramba, no insinuo nada. Te lo estoy diciendo sin rodeos. Estas disgustada porque no te envie flores o alguna chorrada por el estilo. No se, quiza te despertaste a la manana siguiente queriendo otro polvo rapido en la ducha y como no estaba alli para dartelo te pusiste hecha una furia.
Georgeanne ya no pudo contener mas el dolor y estallo.
– O tal vez estaba asqueada por haber dejado que me tocaras.
El le dirigio una sonrisa ladina.
– No estabas asqueada. Estabas caliente. No tenias bastante.
– Te sobrevaloras -se mofo Georgeanne-. No fuiste tan memorable.
– Chorradas. ?Cuantas veces lo hicimos? -pregunto, luego sostuvo en alto un dedo y conto-. En el sofa. -Hizo una pausa para levantar otro dedo-. En el futon del altillo con las estrellas iluminando tus senos desnudos. -Tres dedos-. En el jacuzzi con toda esa agua caliente golpeando nuestros culos y derramandose en el suelo. Tuve que quitar la alfombra al dia siguiente para que no se pudriera en el suelo. -Sonrio y sostuvo en alto un cuarto dedo-. Contra la pared, en el suelo y en mi cama, lo cual cuento como una sola porque solo me corri una vez. Sin embargo, creo que tu te corriste mas veces.
– ?No lo hice!
– Lo siento. Supongo que lo confundo con la primera vez en el sofa.
– Te has pasado demasiado tiempo en los vestuarios -le dijo apretando los dientes-. Un hombre de verdad no tiene por que hablar sobre su vida sexual.
El se acerco un paso mas.
– Muneca, por la forma en que te comportaste en mi cama diria que soy el unico «hombre de verdad» que conoces.
Todo lo que ella le decia parecia rebotar contra su duro pecho mientras que las palabras de John le estaban rompiendo el corazon. No iba a ganar, asi que se esforzo por parecer aburrida.
– Si tu lo dices John…
El se movio hasta que solo los separaron unos centimetros y una sonrisa insolentemente presuntuosa le curvo los labios.
– Si me lo pides de buenas maneras, puedo dejarte pulir mi stick. -Acerco su cara mas a la de ella y pregunto con voz sedosa-: ?Quieres manejar tu el Zamboni?
Georgeanne aguanto el tipo y lo miro con fijeza. Esta vez no iba a perder los nervios y a insultarle hasta quedarse sin respiracion como en Oregon. Alzo la barbilla un poco y le dijo con un acento sureno llena de censura:
– Te estas poniendo en ridiculo.
El entrecerro los ojos.
– Y puede que si fueras un poquito mas amable cuando estas vestida, ya estarias casada a estas alturas.
Lo mismo de siempre, John invadia todo el espacio. Tomaba todo su aire, pero logro llenar sus pulmones con el aire lleno del olor de su piel y su aftershave.
– ?Y eres tu el que me aconsejas a mi? Si te casaste con una stripper cuando estabas borracho.
El echo la cabeza hacia atras de repente y retrocedio un paso. Ella podia deducir por su mirada que sus palabras finalmente habian dado en el blanco.
– Cierto -dijo el-. Realmente siempre me he comportado como un pelele ante un par de tetas grandes. -Giro la muneca y se miro el reloj-. No me lo he pasado tan bien desde que me rompi el tobillo en Detroit, pero ahora tengo que irme. Estare de regreso el sabado para recoger a Lexie. Tenla lista a las tres. -Apenas le dirigio otra mirada mientras se iba.
Georgeanne se llevo una mano a la garganta y le vio caminar hacia la puerta de atras. Ella habia ganado. Finalmente habia vencido a John. No sabia como lo habia hecho, pero definitivamente habia pateado ese enorme ego.
Sintio una opresion en el pecho y se dirigio a la escalera del porche posterior de la casa para sentarse en el
