Siberia.

– Oh, Dios. Se me habia olvidado -Nicole se paso una mano por el cabello-. Tu familia. Tendras que decirme lo que deseas hacer, como vas a comunicarselo. Me atendre a tu decision.

– Bueno, mis padres estan en Europa, pasando dos meses de vacaciones… que se tenian merecidas desde hace tiempo -se apresuro a anadir Mitch-. Pero no tenemos por que posponer la boda. Si quieres que nos casemos ya, nos casaremos. Mis padres sabran comprenderlo… sobre todo, si viajamos mas adelante a Seattle para que te conozcan.

– Pero tambien tienes hermanos…

– Nik, mi familia querra conocerte, y te conocera. Olvidate de eso y fija una fecha. La que quieras.

– No me importa si necesitas mas tiempo para pensartelo…

– No necesito mas tiempo. Te he dicho que si. Y hablo en serio.

– ?Estas seguro? -Nicole volvio a mesarse el cabello-. Que pregunta tan tonta, ?verdad? Naturalmente que no puedes estar seguro. Yo tampoco lo estoy. Pero no se me ocurre una solucion mas adecuada. Es decir, si los dos nos sentimos comprometidos a brindarle al nino una vida en familia, lo demas es secundario…

– Todo saldra perfectamente -convino Mitch.

– De acuerdo, pues -Nicole se dirigio otra vez hacia la puerta. Pero, antes de salir, se giro rapidamente con el ceno fuertemente fruncido. De pronto, su voz parecia vacilante-. Hay algo mas.

– No me importa. Confia en mi. Sea lo que sea, lo solucionaremos…

– Me temo que no es algo que pueda solucionarse. Dios santo, que mal lo estoy haciendo. He empezado la casa por el tejado. Jamas debi hablarte de matrimonio sin habertelo dicho antes.

– Nik, te repito que no importa. Dilo, sin mas.

Mitch pretendia tranquilizarla, pero Nicole siguio alli de pie, tragando saliva, mirandolo con ojos temerosos y apesadumbrados.

– Hay cosas de mi pasado que nunca te he contado. Y lo cierto, Mitch, es que hubiera preferido no decirtelas. Hubiera preferido que nunca te enteraras. Pero un matrimonio lo cambia todo. Seria injusto… que no fuese honesta contigo. Hay ciertas cosas que debes saber… Como, por ejemplo, que estoy enemistada con mis padres. Son cosas que solo entenderas si me dejas explicarte los motivos por los que…

Mitch nunca la habia visto en un estado de ansiedad semejante. Farfullaba atropelladamente las palabras. Lo miraba como si fuera un juez dispuesto a emitir una dura sentencia contra ella.

Naturalmente, el ya habia sospechado que habia algo problematico en su pasado. Tenia que existir una razon de peso para que una mujer brillante y atractiva se negase a si misma una vida privada, para que siempre fuera tan dura consigo misma cuando cometia el mas ligero error.

Mitch deseaba conocer los detalles. La historia. No podia ayudarla sin saber hasta que punto aquel pasado pesaba en su corazon. Pero no queria que se lo dijera de ese modo. No si el hecho de sincerarse la hacia sufrir hasta tal punto.

– Nicole -dijo con mucha calma-. Si crees que me importan un comino tus pecados de juventud, es que has perdido el juicio. Yo tambien tengo los mios. No conozco a un solo adulto que no los tenga.

Ella meneo la cabeza.

– Quiza eso sea cierto… pero, aun asi, tienes derecho a saberlo. A cambiar de opinion acerca de casarte conmigo…

– Eso no va a suceder -empezo a decir Mitch, pero en ese momento un telefono sono al otro lado del pasillo. El telefono de Nicole. Solo sono un par de veces antes de que Wilma contestara y se pusiera a llamar a Nicole a voces. Luego, para colmo, empezo a sonar el telefono de Mitch.

Ella suspiro y alzo las manos.

– Lo hemos intentado en una playa privada. En tu yate. Y sabiamos que intentar hablar en el despacho era una locura, pero la vida parece conspirar para que nunca acabemos esta conversacion.

– Eso es facilisimo de resolver. A las cinco en punto. En mi coche. Hablaremos con tranquilidad -prometio Mitch.

En ese momento, Wilma aparecio por la puerta para pasarle a Nicole un mensaje de suma urgencia. Nicole dirigio a Mitch una mirada de frustracion, y luego salio de la oficina.

Una vez a solas, Mitch tuvo problemas para hacer bajar su animo de las euforicas alturas de la estratosfera. Dios bendito, Nicole habia accedido a casarse con el. Si, quiza no habia sido como el lo habia imaginado. No habia habido anillo. Ni champan. Ni flores. Ni besos que hubieran desembocado en una frenetica sesion de amor para sellar una promesa de futuro.

Pero habia que dar tiempo al tiempo.

Nik habia aceptado.

Por un instante, Mitch rememoro el terror y la vulnerabilidad que se habian reflejado en el semblante de Nicole cuando empezo a hablar de su pasado. Era una de las personas mas integras que habia tenido ocasion de conocer. No podia imaginar que habria hecho en su juventud que pudiera preocuparle. Su pasado importaba porque la preocupaba a ella, no a el. Pero Nicole se habia mostrado dispuesta a sincerarse, lo cual era una prueba de que confiaba en el. Fuera cual fuese el hombre del saco que se ocultaba en su armario emocional, Mitch estaba seguro de que podrian hacerle frente.

Pero eso podia esperar. Indefinidamente. Todo podia esperar hasta que Nicole luciera en su mano el anillo de casada.

Mitch no estaba dispuesto a permitir que ningun obstaculo se interpusiera entre ellos.

Capitulo Ocho

Mucho antes de la hora de cerrar, Nicole se sorprendio a si misma hojeando papeles, sin rumbo ni concierto, y escuchando las voces de los despachos exteriores. Rafe se marcho a las cinco en punto, pero John se demoro unos minutos mas atendiendo una llamada telefonica. Cuando por fin termino, Nicole oyo como charlaba con Wilma durante otros cinco. Ninguno de los dos parecia tener prisa por marcharse a casa. Finalmente, cuando la puerta principal se cerro y el edificio quedo sumido en el silencio, Nicole se asomo por la puerta de su despacho al mismo tiempo que Mitch salia del suyo.

– ?Por fin esta la costa despejada? ?Es seguro que nos vean juntos? -inquirio el con voz queda.

Nik noto que los nervios que habia acumulado durante todo el dia por fin se relajaban. No pudo sino soltar una risita.

– Tu tambien te sientes como un quinceanero en medio de una aventura, ?eh? Que tonteria, Mitch. He salido contigo del despacho miles de veces. Nadie tiene por que pensar nada si nos ven irnos en tu coche.

– Si, pero eso era ayer. Hoy sabemos que estamos planeando hacer una escapada para casarnos -Mitch la ayudo a cerrar las oficinas, y a renglon seguido la acompano al exterior y, la instalo en el asiento del pasajero de su coche-. Francamente, me resulta muy divertido. No deberiamos comportarnos como adultos todo el tiempo… Aunque, eso si, me temo que la aventura sera efimera. ?Que te parece el sabado?

– ?El sabado? -Nicole sintio el estomago atenazado por el panico-. ?Te refieres al proximo sabado? ?Para casarnos?

– Aja.

– ?Dentro de… cinco dias?

– Da un poco de impresion, ?verdad? -dijo Mitch con desenfado, poniendose las gafas de sol mientras arrancaba el coche y enfilaba la carretera-. Pero le pedi el calendario a Wilma para echar un vistazo a nuestras respectivas agendas. La tuya esta atestada. La mia casi igual. Es el unico dia que ambos tenemos libre.

– Pero el sabado… -en realidad, Rafe la habia espoleado aquella manana al decirle que toda la plantilla sabia de su embarazo. Asi, se habia dirigido como un rayo al despacho de Mitch para plantearle una opcion, no exactamente la del matrimonio.

Las preocupaciones se agolparon de pronto en su mente. Pero no se arrepintio de la decision tomada. La calma de Mitch, y el hecho de que aceptara con entusiasmo la propuesta, indicaban que deseaba aquel matrimonio. Ademas, el amor que ella sentia por el justificaba doblemente el enlace. Aun no le habia hablado de su pasado. Y tenian un millon de cosas que resolver. Pero aquellos riesgos y temores palidecian comparados con

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