el problema inmediato que Mitch acababa de poner sobre el tapete… como podrian tener reorganizadas sus vidas por completo para el siguiente sabado.
– Mitch, no se si podremos tenerlo todo preparado para el sabado. Analisis de sangre. Un certificado. La ceremonia civil. Ni siquiera he pensado aun en el papeleo necesario. ?Y no deberiamos hablar del dinero? Los seguros, las cuentas corrientes…
– Eh, eh, antes de que esa cabecita practica tuya empiece a girar como un trompo, reduzcamos el problema. ?Te ves capaz de decidir que querras llevar puesto dentro de cinco dias?
– Claro que si. Pero no estaba pensando en mi…
– Naturalmente que no. Nunca piensas en ti. Tendremos que hacer algo drastico con respecto al desinteres cronico que padece usted, senorita Stewart. Te juro que te apuntaria a un cursillo sobre como ser egoista, pero seguro que suspenderias.
– ?Landers! ?Yo soy una persona terriblemente egoista!
– Si, claro. Y a los gatos les encanta nadar. Pero volviendo a lo de antes… Te preocupas por solucionar todo lo referente a mi o al nino. Pero la boda sigue siendo la principal prioridad. Si, hay muchas cuestiones que necesitamos solventar… y el dinero es una de ellas. Pero puede esperar. ?Entendido?
– Mas o menos -Nicole se tiro nerviosamente del zarcillo-. Tomas decisiones a la velocidad de la luz, Landers. ?Como no me di cuenta antes de cuanto te gusta mandar? -anadio con ironia.
– Creo que si te diste, y por eso soliamos chocar tanto. Desde luego, no tendras que preocuparte de aburrirte conmigo…
– Nunca me has aburrido, Landers.
– Bien. Pero aun debemos preocuparnos por una cosa. De hecho, se trata de algo muy serio, y debemos hacerlo enseguida.
– ?Que?
– Tenemos que comprar tu anillo. Un anillo.
?Solventaba de un plumazo asuntos realmente serios en la vida de una pareja, y lo unico que le preocupaba era un anillo? Nicole no conseguia mantener un estado mental serio y responsable cuando su futuro marido se mostraba de semejante humor.
En cuanto se apearon del coche, un furioso viento les azoto el cabello y la ropa. Mitch se limito a soltar una risita, y luego la agarro de la mano. Dado que las tiendas abrian hasta las nueve, y Mitch caminaba a velocidad de bolido, tendrian tiempo de sobra para encontrar algo en alguna joyeria. Sin embargo, entraron en cuatro establecimientos diferentes, sin encontrar nada que lo satisficiera.
Nicole no sabia de donde habia sacado aquella sonrisa irresistible y descarada, pero no parecia perderla por nada.
– ?No crees que tengo derecho a dar mi opinion en esto del anillo? -inquirio sardonicamente.
– No, ningun derecho. Te habria dejado que eligieras de no haber demostrado un gusto tan pesimo.
– Te repito que una sencilla sortija de oro liso esta bien. Soy una persona mas bien sencilla.
– Si, ya me conozco la decoracion de tu casa. Minimalista. Politicamente correcta. Fria.
– Eh, ?no te gusta mi casa?
– Si me gusta. Pero un anillo es algo mas personal que un sofa. Debe de ser adecuado para ti. Y no se hable mas.
– ?Y no se te ha ocurrido que ese infame anillo puede no existir? ?No tienes hambre?
Detenerse a cenar no parecia una sugerencia precisamente excitante. Al principio, Nicole no habia comprendido que aquello iba a convertirse en una expedicion epica por las tiendas de los alrededores. Demonios, Lewis y Clark habian explorado el Noroeste con mucha mas rapidez. No obstante, Mitch siempre parecia muy susceptible con la idea de mantenerle el estomago lleno. La sola mencion del hambre, y sus ojos se llenaron de un extrano brillo… casi de aterrorizada alarma.
– Solo tardaremos un poco mas -respondio el evasivamente, y a continuacion la condujo al interior de otra joyeria.
Aquella le hizo contener la respiracion. No era una joyeria corriente, sino mas bien una magica tienda de tesoros. En lugar de mostradores de cristal, vio lamparas de estilo Victoriano que iluminaban las joyas expuestas en terciopelo. Y una mullida alfombra oriental amortiguaba sus pisadas. No parecia haber nadie… hasta que un anciano con cara de sabueso y una coleta canosa asomo la cabeza por una puerta.
– Miren todo lo que quieran -dijo-. Si me necesitan, estoy en la trastienda.
Aquel lugar resultaba romantico y magico, se dijo Nicole, pero Mitch prestaba aun mas atencion que ella a los surtidos de anillos. Decidio que tendrian que manejar la situacion con mas seriedad. No podia comprender como Mitch aceptaba la idea de casarse asi, sin mas, como si todo estuviera bien para el.
– ?No crees que, al menos, deberiamos hablar de donde vamos a vivir? ?En tu casa o en la mia?
– En la tuya -respondio el tranquilamente. Examino un anillo a la luz de una lamparita y luego lo solto-. Tienes un cuarto de sobra para el nino, y el doble de espacio. Ademas, es una casa magnifica.
– Pero la tuya es fantastica. Y no quiero que te sientas en la obligacion de mudarte.
Mitch ni siquiera alzo la mirada.
– Mi casa es fantastica para un soltero. Y si, me gusta, Nik… Pero disenar casas es mi trabajo. Si, al final, la tuya no nos satisface, disenare una que nos convenga a los tres. O a los cuatro, si para entonces tenemos otro conejito en el horno.
Nicole lo miro directamente a la cara. El viento le habia revuelto el cabello y habia tenido de color sus angulosas mejillas. De pronto, Nik penso que era el hombre mas sexy que habia conocido nunca. Su complexion delgada era muy enganosa. Su forma de caminar, de moverse, siempre tenia una cualidad poderosamente viril. A Mitch le gustaba ser hombre y lo demostraba en cada uno de sus actos.
Habia mencionado tan casualmente la posibilidad de tener otro hijo, que ella sintio ganas de sentarse y respirar hondo varias veces hasta que las rodillas dejaran de temblarle.
Se dijo que Mitch sentia algo por ella. Que el honor y la responsabilidad, por si solos, no podian haberlo motivado a desear aquel matrimonio. Y el hecho de que pensara en tener otro hijo sugeria que Mitch creia que seria un matrimonio duradero.
Nicole deseaba disponer de un par de segundos para saborear aquel comentario… pero el seguia moviendose a velocidad vertiginosa. Parecia capaz de resolver cualquier cuestion personal o laboral con absoluta presteza. Salvo la cuestion del anillo.
No vio ninguno que le gustara lo suficiente, asi que, tomandola de la mano, se dirigio al joyero.
– Estamos buscando un anillo de boda, pero no hemos visto ninguno que nos convenza. ?Tiene algo mas?
El joyero miro a Nicole entornando los ojos por encima de su arrugada nariz, y la observo de pies a cabeza.
– Digame lo que desean exactamente.
– Nada demasiado grande ni demasiado llamativo -contesto Mitch-. Pero tampoco demasiado simple. Algo que vaya con su estilo.
El joyero asintio, sin dejar de estudiar a Nicole.
– Algo romantico -dijo-. Delicado. Mas para una princesa que para una reina.
– Disculpe -repuso ella en tono incredulo-. No se a quien esta describiendo, pero no a mi, desde luego…
– Eso exactamente -dijo Mitch. El joyero solto su herramienta de trabajo y les indico con un gesto que lo siguieran, aunque solamente le hablaba a Mitch.
– Hace unas semanas, adquiri ciertas joyas en una subasta. A decir verdad, me quede con todo el lote solo para conseguir esta sortija. La montura estaba muy estropeada. Aun no he acabado de repararla. Pero el diamante en si… Nunca habia visto una piedra con un aura tan poderosa.
– ?Aura? Vamos, muchachos…
– Veamoslo -dijo Mitch al joyero.
El anciano los condujo a la trastienda, una estancia entrelarga atestada de herramientas y bancos de joyeria. Empezo a rebuscar en los cajones y finalmente extrajo un estuche de terciopelo. Luego encendio una lampara e ilumino con ella el anillo.
– Como le he dicho, la montura no es la original, pero intente reproducir el concepto del artista… salvo que el trabajo con platino, y la piedra… bueno, pense que necesitaba una montura de oro para sostenerse
