adecuadamente. Aun no lo he terminado, pero puede probarselo.

– Si, pruebatelo -la animo Mitch.

Ella apenas habia mirado aun el anillo. Pero cuando Mitch le tomo la mano y se lo puso en el dedo… algo ocurrio.

Nicole habria jurado que no habia ni un apice de romanticismo en su alma. Anos atras, habia suprimido de su caracter esas zarandajas sentimentales. Se habia quemado demasiadas veces con los fuegos emocionales que habia encendido de adolescente. Pero el anillo tenia algo…

No era grande. El suave oro alojaba al diamante de modo que este parecia tener forma de corazon. Forma de amor. Y no era posible que transmitiera calor a su dedo. Nicole sabia perfectamente que no podia haber un calido genio de amor atrapado en la piedra, pero… La toco. Y, de pronto, unas susurrantes imagenes danzaron en su mente; imagenes de castillos, y princesas, y un caballero que la protegeria en la mas oscura de las noches. Se habia sentido bien durante todo el dia, pero, ?quiza sufria un principio de gripe? Una subita fiebre era la unica excusa que se le podia ocurrir para semejante delirio.

– Le encanta -dijo Mitch al joyero-. ?Cree que podra tenerlo terminado dentro de cinco dias?

– ?Mitch! -Nicole alzo rapidamente la cabeza-. ?Ni siquiera has preguntado cuanto vale! Por lo que sabemos, puede costar una fortuna…

– El gasto no tiene ninguna importancia, Nik.

Nicole sabia que el estaba situado tras ella, mas cerca que su propia sombra, porque sus nervios siempre parecian cargarse de electricidad cuando tenia a Mitch cerca. Se volvio para mirarlo.

Ni en cientos de anos hubiese esperado que, de repente, le rodease el cuello con los brazos. Ni en miles de anos hubiese esperado que la besara en aquella polvorienta trastienda, delante del joyero. Pero eso hizo. Ni siquiera le permitio tomar aire. Reclamo su boca con un calido y ardiente beso que la privo de la vista y el oido e hizo que las rodillas se le doblaran.

Magia. Nicole siempre habia creido en su existencia. Pero no confiaba en ella. No obstante, en aquel momento preciso, fue como si el resto del universo estuviese dormido, y solo Mitch y ella estuviesen despiertos. El salvaje beso de Mitch le hablo de su temor y de su vulnerabilidad. Su boca sabia a soledad y a deseo. A todo aquello que ella siempre habia temido. Y el era el unico que la habia comprendido.

Finalmente, Mitch alzo la cabeza. Sus ojos se encontraron con los de Nicole durante un largo momento, como si solo la estuviera mirando a ella, como si nada mas que ella existiera. Y quiza percibio la endeblez de sus piernas, porque le apreto la mejilla contra su hombro rodeandola con un brazo seguro y protector.

– Cueste lo que cueste, necesito ese anillo para el sabado por la manana. No me importa el precio. Ponga el que quiera -dijo Mitch al joyero, y a continuacion se saco el talonario del bolsillo.

Casi eran las nueve cuando Mitch la dejo en su casa. Nicole se quedo observando hasta que las luces del coche desaparecieron. Luego solto el bolso y la chaqueta, y se dirigio hacia la cocina. Se habia dicho que tenia hambre. Por algun extrano motivo, Mitch rechazo una y otra vez la sugerencia de pararse a cenar en algun sitio. Sin embargo, Nicole no pudo terminar el plato de comida.

Quiza no tuviera el estomago lleno, pero sentia que su corazon iba a rebosar. Mientras llevaba el plato al fregadero, no consiguio dejar de pensar en Mitch. En como habia sido con ella esa tarde. En el anillo. En el beso.

La sensacion de gozo no dejaba de bullir en su corazon. Mitch aun no habia hablado de amor, pero sus actos demostraban que sentia algo muy fuerte y poderoso por ella.

Parecia un cuento de hadas. Nicole nunca habia esperado sentir amor. El hechizo malo de la bruja pesaba en su vida como una losa insoportable. Pero tampoco habia esperado nunca que Mitch apareciese en su camino. Confiaba en el como jamas habia confiado en nadie. Mitch provocaba en ella una pasion como Nicole jamas habia sonado que pudiera sentir con el hombre perfecto. Era imposible no amarlo… Divertido, calido, bueno por dentro y por fuera. Y quiza todo aquello hubiera comenzado con un error, pero si existia la posibilidad de que el tambien la amase a ella, nada impediria que fueran felices como en el final de los cuentos.

Salvo que la mujer que intentaba protagonizar aquel cuento de hadas no se parecia ni remotamente a la inocente princesita. De hecho, dicha mujer tenia tras de si un amplio historial de errores antes de conocer a Mitch.

Nicole acabo de fregar los platos y echo un vistazo al telefono. Un nudo se le formo en la garganta. Resueltamente, se seco las manos, descolgo el auricular y marco el numero de Sam y Leila. La pareja habia acogido a otros chicos despues que a ella, pero nunca habian perdido el contacto.

Incluso antes de oir la voz de Sammy, Nicole revivio mentalmente el dia en que la encontro en la calle y, con su dura voz de policia, la obligo a que lo acompanara a su casa a ver a Leila. Y, tal como ella esperaba, su familiar voz la lleno de un agradable calor.

– Vaya, si es mi chica favorita.

– Tu chica favorita va a casarse, Sammy.

– ?Estas asustada?

Nicole sintio ganas de poner los ojos en blanco. Sammy siempre daba en el clavo.

– Si.

– Eso es bueno, carino. Nadie que no tenga miedo de un compromiso como el que supone el matrimonio esta en sus cabales. ?Y el es lo bastante bueno para ti?

– Demasiado bueno -respondio ella con sinceridad.

Como era previsible, Sammy intento rebatir aquel punto. Charlaron sobre los ninos acogidos, sobre el trabajo y la vida. Hablar con Sam o Leila siempre fortalecia su confianza en si misma. Pero, despues de colgar, comprendio que tenia que hacer otra llamada. Una llamada mucho mas dura y dificil. El nudo que le obstruia la garganta crecio hasta adquirir el tamano de un penasco.

Antes de que pudiera cambiar de opinion, Nicole descolgo de nuevo el telefono y marco el numero de sus padres. Llevaba dos anos llamandolos sin falta cada dos semanas. Que quisieran o no saber de ella era irrelevante.

Sin embargo, no habia sabido como comunicarles la noticia del embarazo. Ni siquiera sabia si les interesaba en absoluto. Por eso, desde hacia algun tiempo, habia faltado a la costumbre de telefonearles.

Su madre respondio despues del tercer tono.

– Hola, mama. Soy yo, Nicole.

Al oir la voz de su madre, volvieron a ella los sentimientos infantiles de ansiedad y de miedo.

– Hacia tiempo que no llamabas.

– Si. ?Como estas? ?Y como le va a papa con la artritis? ?Sigues yendo al coro?

– Si. Tenemos a una nueva soprano. Tu padre se lastimo la espalda hace dos semanas, levantando unos sacos… Ya sabes lo terco que es. Podiamos haberle pagado al chico que vive mas abajo para que lo ayudase, pero no, Joe tenia que hacerlo solo…

– ?Y esta bien? ?Ha ido al medico?

– ?Tu padre? No me hagas reir. Ya sabes que piensa que los medicos son todos unos charlatanes…

Nicole noto que las palmas de las manos se le humedecian a causa de los nervios. El pulso le latia con fuerza. Siempre era lo mismo. Les preguntaba sobre ellos, pero no hablaba de si misma… ni ellos le preguntaban.

Cuando su madre se disponia a colgar, Nicole dijo rapidamente:

– Mama, hoy quiero comunicaros una noticia. Voy a casarme. Se llama Mitch Landers. Llevamos algo de tiempo trabajando juntos, y no puede ser un hombre mas maravilloso.

Hubo silencio durante unos segundos.

– Pues si que es una noticia. Ni tu padre ni yo creiamos que pudieras sentar la cabeza alguna vez -otra pausa-. Lo primero que preguntara tu padre es si estas embarazada.

Nicole cerro los ojos con fuerza, sintiendo una punzada de culpa.

– Si, lo estoy -dijo con calma-. Ambos deseamos de veras este hijo. Y espero que querais conocer a vuestro nieto.

Otra larga pausa.

– No se, Nicole. Hablare con tu padre.

Despues de unas cuantas frases mas, Nicole colgo el auricular con los nervios hechos trizas. No habia habido felicitaciones, ni entusiasmo, ni alegria por la noticia del futuro nieto. Se dijo que habia estado loca por esperar lo

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