si fuera la primera vez que probaba una boca femenina. Entonces el colchon hizo algo magico. Subio al encuentro de la espalda de Liz y de pronto Clay estaba encima de ella.

Sus manos le acariciaron la cara.

– Me temo que vayas a lamentar esto.

– No hay la menor posibilidad de que yo llegue a lamentar esto.

El meneo la cabeza y volvio a besarla mientras las palmas de sus manos se deslizaban por la piel de Liz, por su cuello, pechos y vientre. Las braguitas estuvieron en el suelo inmediatamente. El corazon de Liz nunca habia latido tan deprisa. Sabia con anterioridad que el era un hombre generoso, pero nunca lo habia comprendido tan bien. La luz amarillenta mitigaba la absorta concentracion de los ojos de el, la ternura de sus manos, que deseaban conocer, complacer, disfrutar.

Clay encontro lo que esperaba: vulnerabilidad, fragilidad. ?Y su piel! ?Y su olor! ?Y sus piernas rodeandole! ?Y los ruiditos que hacia! La lengua de Liz podia dejar sin sentido a un hombre. Sus manos podian hacer que un hombre olvidara su pasado, el presente, todo. Su reaccion podia hacer que un hombre se creyera capaz de cualquier cosa, de ser cualquier cosa, de tener cualquier cosa. Deseaba ahogarse en ella. Su lengua acaricio los pezones femeninos. Su palma acaricio el muslo femenino lentamente hasta que el vello del suave nido le rozo la mano. Cuando abrio la mano, ella se arqueo hacia el, flexible y complaciente.

– Clay, no voy a romperme.

Su voz no era mas que un hilito.

Deslizo las manos por las caderas de Clay, presionandole contra ella, susurrandole su deseo. No era de porcelana china. No era algo inapreciable. Solamente era una mujer. Aunque hubiera tardado tanto en comprender que aquello era lo unico que queria ser.

El la cubrio y ella le atrajo a su interior. El ritmo se inicio con una ferocidad primaria que careceria de sentido para quien no lo hubiera experimentado. Quizas aquella musica solo les perteneciera a ellos. Quizas la musica fuera tan intima que solo ellos dos pudieran compartida. Solo ellos dos; asi de facil, asi de sencillo.

Capitulo Nueve

– ?De donde sacaste esa extravagante lenceria?

– ?Te gusto el saten negro?

– No.

Liz solto una risita con la cabeza en el hombro de Clay.

– ?Oh, si! Te gusto.

– Eres una mujer peligrosa.

– Gracias

– No es un cumplido necesariamente -sus dedos no dejaban de acariciar el pelo femenino-. En la fiesta, todos los hombres te devoraban con la vista.

– En la fiesta, las mujeres no dejaban de tocarte.

– ?Por eso apareciste en mi puerta a las dos de la madrugada desnuda?

– Por supuesto que no. Vine a darte las gracias personalmente. Eres la unica persona de todo el pueblo que no empezo una conversacion con un «?Que te has hecho en el pelo?» desde que me lo corte.

– ?Siempre das las gracias de un modo tan particular?

– Siempre.

– Tu pelo me gusta mucho. Sobre todo ahora.

– ?Ves lo amable que eres? -ella se incorporo y le beso-. Dentro de cuatro anos habra crecido.

– Boba.

El seguia sintiendo su beso en la boca. La mirada de Clay vago sin poderlo evitar por los labios rojos y los ojos sonolientos. La primera vez habia tenido excusas por haber perdido el control. Liz era capaz de tentar a un santo. La segunda vez no habia tenido excusas. Se habia olvidado de tener cuidado y solo habia pensado en poseerla con un deseo feroz y una pasion sin inhibiciones que habia hecho trizas su sensatez.,?Que iba a hacer con ella?

– Menti -murmuro ella.

– ?Sobre que?

– No vine aqui porque te gustara mi pelo -le informo.

– ?No?

El coloco la colcha alrededor de la barbilla de ella. Ya habia intentado levantarse dos veces y el sabia que queria irse antes de que Spencer se despertara. Nunca antes se le habia presentado aquel problema. Nunca habia llevado una mujer a dormir alli. Si, ella tenia que irse. Pero todavia no. Bastante le fastidiaba que fuera necesario que se marchara. Liz no era el tipo de mujer a la que se le podia hacer el amor y echar luego. Pero la cuestion era que nunca deberia haberle hecho el amor.

– Vine aqui -le dijo Liz-, porque queria dormir con un hombre malo. Un hombre con pasado, la clase de hombre que una dama debe evitar. ?No era eso lo que estabas intentando decirme en el coche, Clay?

El la observo inquieto mientras ella se liberaba de las mantas y se le subia encima como si el fuera su colchon personal. Clay no estaba preparado para hablar en serio ni para pensar, no a las cinco de la manana y despues de la noche pasada. El peso de sus calidos pechos y su vientre no favorecia su capacidad de concentracion.

– Yo tambien tengo un pasado -comento ella en tono superficial-. He intentado seducirte tres veces, Clay ?Que opinas ahora de mi moralidad?

– Nada. Excepto que a veces confundes las cosas.

– Mas que eso. Yo tambien he cometido errores. Cortes de pelo. Matrimonios equivocados. Elecciones profesionales erroneas. He hecho dano a la gente, Clay, de un modo imperdonable. ?De verdad crees que tu eres el unico?

– Encanto, estas chiflada.

Su voz era tierna. La beso en la frente y la mejilla.

– Tu no eres capaz de hacer algo imperdonable, Liz.

– Te equivocas.

– Tengo razon.

– Te concedo que eres un cabeza dura. ?Puedo decirte algo?

– No.

Ella sonrio.

– En contra de lo que pareces creer, yo no soy una monada confusa. Estaba muy confusa despues de la separacion, pero eso fue hace mas de un ano. Me siento culpable y pesarosa por esa relacion, Clay, pero en ningun momento busque a un hombre para que hiciera mas soportables esos sentimientos. Y tampoco soy una divorciada hambrienta de sexo. Si tomamos como ejemplo mi vida sexual con mi ex marido podia haber estado sin hacerlo durante diez o veinte anos mas.

El estaba intentando interrumpirla para hablar, pero ella se lo ponia dificil frotandole un dedo en los labios.

– Esta muy claro. Vine aqui porque te amo. Por ninguna otra razon.

A las tres de aquella tarde, Liz estaba en el exterior del edificio de la Camara de Comercio. El cielo azul blanquecino hacia juego con un dia tremendamente frio. Los dedos de los pies se le habian helado en el corto trayecto desde el coche. Por dentro seguia caliente. El recuerdo de su union amorosa con Clay seguia ardiente en ella. Durante todo el dia habia tenido la impresion de que por sus venas corria una nueva fuerza en vez de sangre. Habia corrido el riesgo de entregarse a Clay, habia actuado siguiendo sus emociones, su instinto femenino. En otra epoca habia llegado a creer que nunca podria hacerlo. Amar a Clay no borraba los errores que habia cometido. Pero amarle le habia ensenado que entregarse no significaba sacrificarse. La sinceridad tenia mucho que ver con creer en si misma, en que era una mujer que valia la pena.

Tendria que ensenarle muchas cosas a Clay, pero no en ese momento concreto. Reunio todo su coraje, empujo las puertas de cristal y entro. La oficina de la Camara de Comercio no habia cambiado desde su ultima visita, desde la fallida entrevista que recordaba demasiado bien. La moderna oficina estaba decorada en corales y

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