– Creo que es por las ramas, tienen que recolocarse o algo asi. He dejado un balde de agua en el garaje, lo pondremos alli en cuanto volvamos.

Duncan habia llegado a las cuatro en punto y llevaba un traje de chaqueta, de modo que habia ido directamente desde la oficina.

– ?Estabas haciendo algo importante?

– Nada que no pueda esperar -sonrio el-. Mi ayudante se quedo sorprendida cuando dije que me iba.

– Imagina lo que pensaria si supiera donde ibas.

Duncan rio y Annie estudio su perfil mientras lo hacia. Le gustaba que tuviera unos rasgos fuertes; la mandibula cuadrada, la forma de su boca. ?Volveria a besarla?, se pregunto. Si la besara a solas sabria que a el le habia gustado tanto como le gusto a ella.

Pero era una locura. No podia pensar en Duncan como un hombre con el que mantener una relacion, era absurdo.

Lo malo era que ella queria un marido y una familia, pero lo unico que tenia era un corazon roto y el miedo a que ningun hombre quisiera ser algo mas que su amigo.

Duncan detuvo la camioneta en el almacen, donde Jenny, Julie y Kami ya estaban esperando.

– Preparate -le advirtio Annie-. Estas a punto de encontrarte con la horma de tu zapato.

– No te preocupes, se que puedo con ellas.

– Eso es lo que creen todos los hombres… antes de conocerlas. Pero ya estas advertido.

Annie vio a Duncan bajar de la camioneta y presentarse con una sonrisa.

– Ese articulo sobre ti en la revista Time en marzo era interesante -le estaba diciendo Julie, tan directa como siempre, cuando llego a su lado-. La prensa te odia, ?verdad?

– Son gajes de oficio -contesto el.

– Pero hay muchos empresarios en el mundo y no todos son tan odiados -senalo Jenny-. Aunque es verdad que la cobertura de la compra del camping de caravanas no fue justa. Le ofreciste a los residentes un trato digno.

– La cuestion es -intervino Julie- que si alguien piensa que no eres tan malo, seguramente son ellos. Pero la prensa sigue diciendo que eres un ogro.

– Soy un incomprendido -sonrio Duncan.

– Ya, claro.

– ?Esto que es, la Inquisicion? -bromeo Annie, intentando aliviar la tirantez del encuentro.

– Creo que tus primas tienen futuro como fiscales.

– Yo no estudio Derecho, solo intento cuidar de Annie. Todas lo hacemos, te lo advierto -dijo Jenny.

Duncan tuvo que hacer un esfuerzo para ponerse serio. ?De verdad aquellas dos universitarias estaban amenazandolo? No tenian ni dinero ni recursos. Y si se trataba de una guerra de voluntades, las dejaria mordiendo el polvo.

Pero no dijo nada de eso, claro.

– No necesito que me defendais -suspiro Annie, incomoda-. Duncan, lo siento. No sabia que las mellizas se iban a abalanzar sobre ti.

– No se han abalanzado, no te preocupes -Duncan se volvio hacia las chicas-. Annie y yo hemos llegado a un acuerdo, no teneis nada que temer.

– Tienes que prometerlo -dijo una de ellas.

– Os doy mi palabra.

Aunque Annie y el tuvieran un acuerdo no habia ningun riesgo porque el nunca se quedaba el tiempo suficiente con una mujer como para hacerle dano. La vida era mas facil de esa manera.

Cuando entraron en el almacen, las chicas se desperdigaron para buscar arboles, pero ella se quedo a su lado.

– Lo siento si te han ofendido.

– No, no. Las respeto por creer que pueden conmigo.

Annie inclino a un lado la cabeza, dejando que los rizos cayeran sobre sus hombros.

– No, no es verdad. Crees que son unas ingenuas.

– Eso tambien.

– Es una cosa de familia. Somos un equipo, como tu tio y tu.

Lawrence y el eran muchas cosas, pero no eran un equipo. Sin embargo, Duncan asintio porque era mas facil que explicarselo.

El aire del almacen olia a resina de pino y habia varios clientes, algunos hablando en voz alta para hacerse oir por encima de los villancicos que sonaban por los altavoces.

Mientras Annie miraba los arboles, el vio a las chicas comprobando el precio de uno en particular. Pero Kami nego con la cabeza y las mellizas suspiraron, disgustadas.

– Los techos de tu casa miden solo tres metros. Aprende de errores pasados -le dijo a Annie, al ver que miraba un arbol de cuatro o cinco metros.

– Pero es precioso -dijo ella, comprobando la etiqueta del precio-. Y carisimo.

– ?Cuanto querias gastarte?

– Menos de cuarenta dolares. Cuanto menos, mejor, la verdad. Hay almacenes mas baratos, pero aqui traen los arboles ellos mismos. Ademas, para nosotros es una tradicion venir aqui.

– Te gustan mucho las tradiciones, ?verdad?

– Si, me gustan. Es algo que hacemos todos los anos.

Duncan se sentia como Scrooge, el mezquino personaje de Cuento de Navidad. Lo unico que el hacia ano tras ano era contar su dinero.

Annie se detuvo delante de otro arbol, mas pequeno.

– ?No es demasiado alto?

– No, yo creo que tiene la altura perfecta -murmuro ella. Pero valia sesenta y cinco dolares.

A Duncan le hubiera gustado preguntar si veinticinco dolares eran tan importantes, pero debian serlo o Annie, portavoz de las bondades de la Navidad, soltaria el dinero.

De modo que se excuso un momento para hablar con el propietario del almacen y, despues de una conversacion en voz baja y un intercambio de billetes, volvio con Annie.

– Vamos a preguntarle al dueno si tiene algun arbol mas barato.

– Los arboles de Navidad no estan rebajados en esta epoca del ano.

– ?Como lo sabes? A lo mejor les han devuelto alguno.

– Nadie devuelve un arbol en diciembre -dijo ella, mirandolo como si estuviera loco.

– ?Y si te equivocases? -sonrio Duncan.

Annie suspiro.

– Muy bien, vamos a preguntarle. Pero ya te lo digo: no hay devoluciones ni gangas en el negocio de arboles de Navidad.

Annie se acerco al propietario del almacen y el hombre, que llevaba una camiseta con la cara de Santa Claus, senalo tres arboles, uno de los cuales era el que las chicas habian elegido.

– ?En serio? ?Los han devuelto? -estaba diciendo cuando Duncan se acerco.

– Si, es algo que ocurre todos los anos. ?Cuanto mide el techo de su casa?

– Pues… tres metros -Annie se volvio hacia sus primas, que acababan de llegar a su lado-. ?Habeis oido? Estos arboles solo valen treinta dolares. Estan rebajados.

Por fin, eligieron uno de ellos y, con la ayuda del propietario del almacen, lo colocaron en la camioneta.

– Gracias, Duncan -le dijo despues, sentada a su lado-. No se cuanto le habras pagado, pero se que lo has hecho.

– No, yo…

– En otra situacion no hubiese aceptado el regalo, pero es Navidad y a las chicas les encantaba ese arbol, asi que gracias.

Duncan iba a decir que el no tenia nada que ver, pero decidio encogerse de hombros.

– Tengo que volver a la oficina y estabas tardando mucho en elegir.

– ?Sabes una cosa? No eres tan mala persona -rio Annie entonces-. ?Por que todo el mundo cree que lo eres?

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