ninguna de esas experiencias la habia preparado para aquello.

Lentamente, casi con desgana, Duncan se aparto.

– Annie…

No sabia si iba a recordarle que su acuerdo no incluia el sexo o a decirle que estaba jugando con fuego. En cualquier caso, sacudiendo la cabeza, tomo la bolsa y se dirigio a la puerta del restaurante.

No queria escuchar que no estaba interesado en ella. Esa noche no. En cuanto al peligro de jugar con fuego… sencillamente, era algo a lo que tendria que arriesgarse.

Capitulo Cinco

– Lo siento mucho, pero esta noche no puedo -suspiro Annie, frustrada y preocupada. En realidad, disfrutaba de la compania de Duncan, pero empezaba a preocuparle el acuerdo-. Espero que lo entiendas, es una emergencia.

– Una contingencia que, al parecer, hemos olvidado en nuestro acuerdo.

Annie no sabia si estaba enfadado o no y no queria preguntar.

– Es que la semana pasada han faltado muchos padres que deberian ayudar con los decorados de la obra de teatro…

– ?La obra de Navidad?

– Es el festival de invierno, Duncan. Nosotros no promovemos una celebracion en particular. En el colegio hay ninos de todas las religiones.

– ?Y llamarlo «festival de invierno» engana a alguien?

– Es lo mas sensato -rio Annie-. Pero hay que construir muchos decorados, pintar… tengo que quedarme para ayudar. Ademas, estoy ensenando a los ninos a cantar un villancico en el lenguaje de signos.

– Ah, muy impresionante. Muy bien, senorita McCoy. Llamame cuando hayas terminado. Si tienes tiempo, te llevare al coctel.

– Siento mucho tener que perdermelo -insistio ella.

– Pero aun no sabemos si te lo vas a perder, ?no?

– No somos muy habilidosos cuando se trata de construir decorados, Duncan. Me temo que tendremos que estar aqui toda la noche.

– Llamame de todas formas.

Despues de colgar, Annie se dirigio al salon de actos, donde los demas profesores y un par de voluntarios estaban dividiendose el trabajo. Como lo mas parecido a construir decorados que habia hecho en su vida eran las clases de costura a las que habia asistido el verano anterior, le asignaron la tarea de pintar.

Media hora despues, todo el mundo estaba pintando, lijando y levantando decorados de madera. Pero quince minutos mas tarde, cuatro tipos enormes con botas de trabajo entraron en el salon de actos. Todos con impresionantes cajas de herramientas.

La directora apago la sierra mecanica y se quito los guantes.

– ?Querian algo?

– Hemos venido apara ayudar con el montaje -contesto uno de ellos-. Nos envia Duncan Patrick.

Los profesores se miraron unos a otros, desconcertados y Annie se aclaro la garganta.

– Duncan es un amigo mio. Le dije que andabamos cortos de personal y… -intentaba parecer absolutamente tranquila, pero seguramente no estaba funcionando porque no podia dejar de sonreir.

La directora suspiro, agradecida.

– Estamos desesperados. ?Han hecho alguna vez decorados para una obra escolar?

Los hombres se miraron.

– Dos de nosotros tenemos una empresa de construccion y los otros dos son pintores, senora. Si nos dicen lo que hay que hacer, nosotros nos encargaremos de todo.

Annie saco el movil del bolsillo para llamar a Duncan.

– Gracias -le dijo-. Que sorpresa.

– Te necesito esta noche. Ire a buscarte a las cinco, pero hoy no terminaremos muy tarde.

Annie queria decir algo mas, queria que Duncan admitiese que deseaba ayudarla. Pero algo le decia que no iba a reconocerlo. La cuestion era por que. ?Que habia en el pasado de Duncan que lo hacia creer que ser amable y considerado con los demas era algo malo?

Tal vez era hora de descubrirlo.

– No lo entiendo -dijo Annie mientras metia la llave en la cerradura-. Es un banquero, tiene muchisimo dinero. ?Por que le importa tanto el tuyo?

– Los bancos ganan dinero con el de los demas -contesto Duncan-. Prestandolo, invirtiendolo. Cuanto mayor es la cuenta, mas dinero ganan.

– Si, bueno, eso ya lo se.

Habian pasado las ultimas dos horas soportando un aburrido coctel. En teoria, era una reunion de trabajo para hacer contactos, pero pronto quedo claro que Duncan habia sido invitado para presentarle a un conocido banquero. Normalmente a el no le importaban esas cosas porque, en general, se aprovechaba de ellas, pero aquella noche no estaba de humor.

En lugar de estar atento a la conversacion, habia estado mirando el reloj y la pantalla del movil.

Annie tiro sobre el sofa el echarpe negro que llevaba y se inclino para quitarse los zapatos, haciendo una mueca de dolor.

– No lo dicen de broma -murmuro-. Para estar guapa hay que sufrir.

En circunstancias normales Duncan habria respondido al comentario, pero estaba demasiado ocupado mirando el escote del vestido, que dejaba al descubierto el nacimiento de sus pechos. Las curvas parecian lo bastante grandes como para que le cupieran en las manos…

Se preguntaba si serian suaves y como sabrian. Imaginaba su lengua haciendo circulos en sus pezones, chupandolos suavemente mientras ella gemia…

La imagen fue lo bastante vivida como para provocar una reaccion en su entrepierna y tuvo que moverse, incomodo.

Annie se irguio, dio un paso adelante y volvio a hacer una mueca de dolor.

– Creo que la lesion es permanente. ?Como es posible que las mujeres lleven estos zapatos todos los dias? Yo no podria soportarlo -suspirando, senalo una esquina del salon-. ?A que es precioso?

Duncan miro el arbol de Navidad al lado de la ventana. Practicamente ocupaba la mitad de la habitacion, con cientos de adornos cubriendo cada centimetro. Annie encendio las luces, que centelleaban a toda velocidad. No era algo que le hubiera gustado nunca y, sin embargo, habia algo especial en ese arbol.

– Muy bonito.

– ?Has puesto uno en tu casa?

No, claro que no, pero no queria herir sus sentimientos. En lugar de contestar, Duncan senalo la mesita de cafe, donde habia un libro forrado con plastico.

– ?Que es eso? -le pregunto.

Annie tomo el libro, que parecia un manual de instrucciones.

– No lo se… es de un congelador. Pero nosotras no tenemos ningun… -no termino la frase, atonita-. No me lo puedo creer.

Annie corrio al cuarto de la plancha, donde guardaba la lavadora y la secadora, y Duncan la siguio. Cuando llego a su lado, estaba abriendo la puerta de un resplandeciente congelador con los estantes llenos de alimentos.

Habia paquetes de carne, pollo y pescado, un monton de pizzas congeladas, bolsas de verduras, contenedores de zumo y helado…

Lo miro todo durante un minuto, con la boca abierta. Luego cerro la puerta y se volvio hacia el con lagrimas en los ojos.

Duncan habia conocido a muchas mujeres bellas en su vida. Se habia acostado con varias, habia salido con

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