entendia todo. Valentina le habia hecho mas dano del que queria admitir. Habia destrozado su confianza en el amor, en los demas. Para un hombre acostumbrado a usar la fuerza fisica cuando se le acorralaba, la situacion debio ser devastadora. Duncan le habia entregado el corazon, tal vez por primera vez en su vida, solo para que esa mujer se lo rompiera.

– ?No ha habido nadie importante en tu vida despues de Valentina?

– Ha habido alguna que lo ha intentado -contesto el.

– Pues tarde o temprano tendras que volver a confiar en alguien. ?No quieres formar una familia?

– Aun no lo he decidido.

Annie sacudio la cabeza.

– Ironias de la vida. A mi me encantaria encontrar a alguien, casarme y tener hijos. La cuestion es que no he encontrado a nadie a quien le parezca atractiva en ese sentido. Tu, por otro lado, tienes mujeres pegandose por ti, pero no estas interesado -le dijo, mirando sus ojos grises-. Pero no deberias rendirte, Duncan.

– No creo que necesite tus consejos.

– Te debo algo por el congelador.

– La pizza es suficiente.

– Muy bien. ?Quieres buscar una pelicula violenta en television mientras yo la meto en el horno?

– De acuerdo -tuvo que sonreir el.

Annie lo vio salir de la cocina y contuvo un suspiro.

Conocer su pasado explicaba muchas cosas. Pero de lo que Duncan no parecia darse cuenta era de que bajo ese duro exterior habia una buena persona. El no querria ni oirlo, claro. Pero lo era.

?Como habria sido antes de Valentina? Un hombre fuerte, dispuesto a confiar en los demas y a entregar su corazon, imagino. ?Podia haber algo mejor?

Sus pensamientos fueron interrumpidos por el timbre del horno y Annie coloco la pizza en una bandeja.

?La ex de Duncan lamentaria haberlo dejado?, se pregunto. ?Se habria dado cuenta de lo que habia perdido? No la conocia, de modo que no podia saberlo. Solo sabia que si ella tuviera la oportunidad de estar con Duncan se agarraria a ella con las dos manos y no la dejaria escapar.

La fiesta de Navidad de los empleados de Industrias Patrick fue un completo desastre. Annie odiaba ser critica, pero era imposible no darse cuenta de los incomodos silencios, las miradas entre unos y otros y las risas falsas de los nerviosos empleados.

Era evidente el miedo que le tenian a Duncan. Nadie comia o bebia y casi todos miraban el reloj, desesperados por marcharse.

– Una fiesta interesante -murmuro, en la puerta del salon del hotel. Aunque le parecia bien que Duncan quisiera saludar a todo el mundo, su presencia no estaba ayudando nada. Era un muy poderoso y relajarse con el era dificil.

– Estas cosas son siempre aburridas.

– Tal vez si hubiera musica…

– Tal vez -Duncan miro por encima de su cabeza-. Ahi esta Tom, de contabilidad. Tengo que hablar con el, vuelvo enseguida.

Annie se escondio tras una enorme planta y saco el movil para llamar a su casa. Jenny contesto de inmediato.

– ?Podrias traerme la maquina de karaoke? Pidele a Kami que te ayude.

– ?Para que la quieres?

– Estoy en una fiesta que necesita ayuda urgente.

Annie le dio el nombre del hotel.

– Ah, que elegante -dijo Jenny.

– Si, pero la fiesta es un desastre. Daos prisa.

– Muy bien, tu toma una copa de vino.

– No se si eso me ayudara -suspiro Annie, guardando el movil en el bolso.

Al otro lado del salon, Duncan estaba charlando con un grupo de hombres. Probablemente ejecutivos, penso.

Tres noches atras, se habia marchado antes de que la pizza se calentase, arguyendo que tenia que trabajar. Y seguramente era cierto. El trabajo era un escape para el y lo entendia. Aunque ella no trabajaba tantas horas, era una experta en no examinar sus problemas. Sus primas y Kami la mantenian ocupada, por no hablar de los proyectos del colegio. Si estaba todo el dia corriendo, no tenia que pensar que hacia seis meses que no salia con nadie, por ejemplo. Sin contar a Duncan, claro.

Despues de las navidades, se prometio a si misma. Entonces empezaria a salir otra vez y buscaria a alguien que la viese como algo mas que una hermana o una amiga.

Tim habia dicho que iba a presentarle a un par de amigos… aunque eso habia sido antes de que ingresara en la clinica. Se pregunto entonces si seguiria enfadado con ella. Como no podia hablar por telefono con el o ir a visitarlo durante las primeras semanas, no tenia forma de saberlo.

Durante los primeros veinte minutos, Annie tomo su copa de vino e intento hablar con la gente, pero todos estaban demasiado tensos como para contestar con algo mas que monosilabos. Hasta que, por fin, aparecieron Jenny y Kami con la maquina de karaoke.

– He traido canciones de los ochenta -dijo Jenny mientras la ayudaba a enchufarla-. Me imaginaba que la gente de la fiesta seria muy mayor.

– Que bonito. No lo diras en serio, ?verdad?

– Tu te lo tomas todo en serio. Claro que estoy de broma, tonta. He puesto musica navidena -Jenny miro alrededor-. ?Pero como vas a hacer que canten?

– He decidido sacrificarme a mi misma.

Kami hizo una mueca.

– Tim no te merece.

– Dimelo a mi.

Cuando la musica empezo a sonar, todos se volvieron para mirarlas. Habian elegido Jingle Bell Rock. Tal vez esa cancion lograria hacer que entrasen en el espiritu navideno.

– Buena suerte -dijo Kami.

Annie tomo el microfono y empezo a cantar. Tenia una voz modesta, por decir algo. Suave, sin muchos registros, pero alguien tenia que salvar aquella fiesta. De modo que intento no pensar en el temblor de su voz o en el calor que sentia en la cara.

Jenny y Kami se unieron valientemente a ella y luego una pareja que estaba al fondo del salon se apunto tambien. Unos cuantos mas se atrevieron entonces con el estribillo y en la tercera ronda la mayoria de la gente estaba cantando.

Un par de chicas decidieron tomar el microfono y cuando terminaron de cantar habia una cola esperando. Annie suspiro, agradecida, y se termino la copa de vino de un solo trago.

Aun estaba temblando. La buena noticia era que los empleados de Duncan habian empezado a charlar y a pasarlo bien.

– Has cantado -dijo el.

– Lo se.

– ?Por que?

– ?Tan mal lo he hecho?

– No, pero era evidente que estabas incomoda.

– La fiesta era un desastre y habia que hacer algo.

Duncan miro alrededor y luego volvio a mirarla a ella.

– No era tu responsabilidad.

– La gente deberia pasarlo bien en una fiesta de Navidad. ?No es para eso para lo que se hacen?

El la miro como si no la entendiera.

– Ve a hablar con ellos -sugirio Annie-. Preguntales cosas sobre sus vidas, finge que tienes interes.

– ?Y luego que?

– Sonrie. Eso los dejara desconcertados.

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