La gran emperatriz volvio la cabeza hacia nosotras y arrugo el ceno. Pense en la muchacha que habia sido azotada hasta la muerte y un sudor frio me recorrio la espalda. El emperador levanto la mano derecha y me senalo con el dedo.
– Esta -dijo.
– ?Yehonala? -pregunto el eunuco jefe Shim.
Senti el ardor de la mirada de la gran emperatriz. Baje la vista y aguante un largo e insoportable silencio.
– He hecho lo que se me pedia, madre -hablo el emperador.
La gran emperatriz no pronuncio comentario alguno.
– ?Shim, me oyes? -El emperador Hsien Feng se dirigio al eunuco.
– Si, majestad, le oigo perfectamente.
El eunuco jefe Shim sonrio humildemente, pero su intencion era dar a la gran emperatriz la oportunidad de decir la ultima palabra.
Por fin llego el «si». Note el jubilo del emperador y la contrariedad de la emperatriz.
– Les… les deseo a sus majestades diez mil anos de vida -dije luchando por controlar mis temblorosas rodillas-. ?Que vuestra suerte sea tan colmada como el mar del Este de China y vuestra salud tan lozana como las montanas del Sur!
– ?Fantastico! Mi longevidad se acaba de acortar -solto la emperatriz.
Se me doblaron las rodillas. Con la frente descansando en el suelo, empece a sollozar.
– Me temo que acabo de ver la sombra de un fantasma. -La gran emperatriz se levanto de la silla.
– ?Que fantasma, mi senora? -pregunto el eunuco jefe Shim.
– El fantasma de una mujer con ojos de zorro…
De repente se oyo el golpetazo del trozo de bambu arrojado sobre la bandeja de oro.
– Es el momento de cantar, Shim -ordeno el emperador.
– ?Yehonala se queda! -canto Shim.
Despues de aquello no recuerdo demasiado; solo que mi vida cambio. Me sorprendio cuando el eunuco jefe Shim se arrodillo ante mi y me llamo «mi ama» y a si mismo «esclavo». Me ayudo a incorporarme. Ni siquiera me di cuenta de lo que paso con las demas muchachas ni cuando las acompanaron hasta afuera.
Mi mente se hallaba en un extrano estado. Recorde una opera de aficionados que habia visto en Wuhu. Fue despues de la fiesta de Ano Nuevo y todo el mundo estaba bebido, incluida yo, porque mi padre me hizo probar el vino de arroz para que supiera a que sabia. Los musicos afinaban sus instrumentos. Al principio el sonido era peculiarmente triste. Luego se convirtio en el sonido de un caballo al que golpean. Despues, rotas y tensas, las notas sonaban como el viento susurrando a traves de las praderas de Mongolia. Empezo la opera. Entraron los actores vestidos de mujer con estampados florales azules y blancos. Los musicos tocaban tubos de bambu mientras los actores cantaban y se daban palmadas en los muslos.
?Crac, crac, crac! Recordaba el sonido. Era desagradable y no comprendia por que le gustaba a la gente. Mi madre me dijo que era una representacion tradicional manchu mezclada con elementos de la opera china. En su origen era una forma de entretenimiento para plebeyos que, de vez en cuando, los ricos pedian que se representara «para degustar las exquisiteces locales».
Recuerdo haberme sentado en primera fila, ensordecida por los estrepitosos tambores. El ruido de los palos golpeando el bambu me martilleaba el craneo. ?Crac, crac, crac! Me machacaba las ideas.
El eunuco jefe Shim regreso despues de cambiarse de traje. La tela representaba unas nubes rojas, pintadas a mano, flotando sobre una colina de pinos. Se habia pintado dos circulos de color rojo como un tomate en cada mejilla. Los debia de haber pintado a toda prisa, pues se le habia corrido el color y tenia la mitad de la nariz roja. Su cara parecia la de una cabra, y daba la impresion de que los ojos le salian de las orejas. Al sonreir mostro su dentadura de oro.
La vieja dama estaba animada.
– Shim, ?que vas a decir?
– Felicidades por haber conseguido siete nueras, mi senora. ?Recuerda la primera frase que la suegra dice a su nueva nuera en la opera
– ?Como podria olvidarla? -La vieja dama sonrio mientras recitaba-: «Toma tu cubo de agua, nuera, y ve al pozo».
El eunuco jefe Shim llamo alegremente a las otras seis muchachas, entre ellas a Nuharoo. Las chicas entraron como diosas descendiendo de los cielos. Formaron una fila junto a mi.
Shim se levanto un extremo de la tunica, dio dos pasos y se situo en el centro de la sala, frente al emperador Hsien Feng y la gran emperatriz. Miro hacia el este y luego otra vez al centro. Resueltamente hizo una reverencia y exclamo:
– ?Que vuestros nietos se cuenten por cientos y vivais eternamente!
Repetimos la frase de Shim mientras nos arrodillabamos. Afuera se oia el sonido de tambores y musica. Entro un grupo de eunucos, cada uno sosteniendo una caja envuelta en seda.
– Alzaos. -Sonrio la gran emperatriz.
El eunuco jefe Shim anuncio:
– Su majestad convoca a todos los ministros de la corte imperial.
El sonido de cientos de rodillas chocando contra el suelo llego del exterior.
– ?Al servicio de sus majestades! -corearon los ministros.
El eunuco jefe Shim anuncio:
– En presencia del espiritu de los antepasados imperiales y en presencia del cielo y el universo, su majestad el emperador Hsien Feng se dispone a pronunciar los nombres de sus esposas.
–
Abrieron las cajas una tras otra, mostrando partes de
El emperador Hsien Feng tomo un
Yo seguia conteniendo el aliento, pero ya no tenia miedo. Cualquiera que fuera el
Los dedos del emperador Hsien Feng jugaron con el
De repente a la mas joven de la fila se le escapo un lamento sofocado. No tendria mas de trece anos. El emperador Hsien Feng se acerco a ella. La muchacha rompio a llorar. Como un adulto que le da un caramelo a un nino, el emperador Hsien Feng le puso el
– Gracias.
El eunuco jefe Shim pronuncio:
– Soo Woozawa, hija de Yeemee-chi Woozawa, es elegida como consorte imperial del primer rango. Su titulo es el de dama de la Pureza Absoluta.
A partir de ese momento las cosas empezaron a fluir. El emperador tardo poco en conceder el resto de los
