Nuharoo se tomaba su tiempo. Comprobaba cada boton de su tunica, asegurandose de no haber perdido ninguno, y enderezaba las flores mustias de su tocado. Tomaba cucharaditas de sopa hasta que no pudo negar su hambre; entonces cogio el cuenco y bebio como una campesina.
Despues de la comida, el monje principal nos enseno educadamente nuestra habitacion y se marcho. Nos emociono descubrir quemadores ceramicos cerca de las camas. Podiamos tender nuestras tunicas humedas sobre ellos para secarlas. Cuando Tung Chih descubrio que los aguamaniles estaban llenos de agua, Nuharoo grito de alegria y luego susurro:
– Supongo que tendre que lavarme yo misma sin ayuda de las doncellas.
Se desnudo con impaciencia. Era la primera vez que la veia desnuda. Su cuerpo, del color del marfil, era una exquisita obra del cielo. Tenia una esbelta figura con pechos como manzanas y largas piernas finas como el jade. Su espalda recta se curvaba en unas sensuales nalgas. Me hizo pensar que la moda sin formas de las mujeres manchues era todo un crimen.
Como un ciervo parado en un risco bajo la luz de la luna, Nuharoo se acerco al aguamanil y lentamente se lavo de pies a cabeza. Pense que aquello solo lo habian visto los ojos de Hsien Feng.
Me desperte en mitad de la noche; Nuharoo y Tung Chih dormian profundamente. Mis sospechas se volvieron a confirmar. Recorde la sonrisa del monje; parecia fingida, los demas monjes no tenian las pacificas expresiones que solia ver en los budistas. Los monjes no dejaban de mirar furtivamente al monje principal, como si esperasen una senal. Durante la cena, pregunte al monje principal sobre los bandidos del lugar. Me contesto que nunca habia oido hablar de ellos. ?Decia la verdad? Nuestros exploradores nos habian contado que en aquella zona habia bandidos. El monje debia de llevar alli muchos anos… ?como podia ignorarlo?
El monje cambio de tema cuando le pedi que me ensenara el templo. Nos llevo a la sala principal para que encendieramos incienso a los dioses y luego nos condujo directamente a la habitacion donde dormiriamos. Cuando le pregunte por la historia de las tallas de la pared, volvio a cambiar de tema. Su lengua tambien carecia de la brillantez de un predicador mientras le relataba a Tung Chih la historia del Buda de mil manos. No parecia familiarizado con los estilos basicos de la caligrafia, lo que era dificil de creer, porque los monjes se pasaban la vida copiando sutras. Le pregunte cuantos monjes se alojaban en el templo y respondio que ocho. ?Nos ayudarian si nos atacaban los bandidos? Cuanto mas pensaba en ese dudoso hombre, mas crecia mi inquietud.
– Li Lien-ying -susurre.
Mi eunuco no contestaba y aquello era raro; Li Lien-ying tenia un sueno ligero; podia oir la caida de una hoja de un arbol que estuviera al otro lado de la ventana. ?Que le ocurria? Recordaba que el monje principal le habia invitado a un te despues de cenar.
– ?Li Lien-ying!
Me sente y lo vi en un rincon.
Dormia como un tronco. ?Le habria puesto el monje algo en el te?
Me puse la tunica y cruce la habitacion. Zarandee al eunuco y me respondio con un fuerte ronquido. Tal vez estuviera demasiado cansado.
Decidi salir a inspeccionar el patio. Sentia miedo, pero aun me asustaba mas quedarme con las dudas. La luna brillaba, el patio parecia como cubierto de una capa de sal y el viento transportaba un aroma de laurel. Justo cuando pense en la paz que reinaba, vi una sombra escabullirse detras del arco de una puerta. ?Me habrian traicionado mis ojos debido a la luz de la luna? ?O mis nervios?
Volvi a la habitacion y cerre la puerta. Me subi a la cama y mire por la ventana. Delante de mi habia un arbol con un grueso tronco. En la oscuridad, el tronco cambiaba de forma. En un momento parecia un vientre y al rato, un brazo. Mis ojos me estaban enganando. Habia gente en el patio; se ocultaban detras de los arboles. Desperte a Nuharoo y le explique lo que habia visto.
– Ves un soldado detras de cada brizna de hierba -se quejo Nuharoo mientras se vestia.
Mientras yo vestia a Tung Chih, Nuharoo fue a despertar a Li Lien-ying.
– El esclavo debe de estar borracho -exclamo-. No se despierta.
– Algo va mal, Nuharoo.
Le abofetee y al final se desperto, pero cuando intento caminar, las piernas le flaquearon. Estabamos horrorizadas.
– Preparaos para correr -anuncie.
– ?Adonde podemos ir? -pregunto Nuharoo presa del panico.
No conociamos la zona. Aunque consiguieramos salir del templo, podiamos perdernos por la montana. Si no nos atrapaban, podiamos morirnos de hambre. Pero ?que nos ocurriria si nos quedabamos alli? Por el momento no me cabia duda de que el monje principal era un hombre de Su Shun. Yo debia de haber insistido en que los porteadores se quedaran con nosotras.
Cuando abri la puerta, le dije a Tung Chih que se abrazara fuertemente a mi. La montana empezaba a revelar su forma bajo la luz que precede al alba. El viento sonaba en los pinos como una marea apresurada. Los cuatro caminamos por un pasillo y pasamos por una puerta en forma de arco. Seguimos un camino apenas visible.
– Esto nos conducira al pie de la montana -afirme, aunque no estaba segura.
No tardamos mucho en oir las pisadas de nuestros perseguidores.
– Mira, Yehonala, nos has metido en un buen lio -grito Nuharoo-. Podiamos haber pedido ayuda a los monjes si nos hubieramos quedado en el templo.
Yo arrastre a Nuharoo conmigo mientras Li Lien-yin hacia esfuerzos por caminar con Tung Chih a la espalda. Corrimos lo mas rapido que pudimos y de repente nos salio al paso un grupo de hombres enmascarados.
– Dales lo que quieren -le ordene a Nuharoo suponiendo que eran bandidos.
Los hombres no hicieron ningun ruido, pero estrecharon el cerco.
– ?Tomad, tened nuestras joyas! -les ofreci-. ?Cogedlo todo y dejadnos ir!
Pero los hombres no querian nada de eso. Se abalanzaron sobre nosotros y nos ataron con cuerdas. Nos metieron pedazos de algodon en la boca y nos vendaron los ojos.
Me encontraba metida en un saco de yute atado a un poste y estaba siendo transportada a hombros de los hombres. La venda se me habia caido durante el forcejeo, aunque aun tenia la boca llena de algodon. Veia luz a traves del tosco tejido del saco. Los hombres bajaban con dificultad las colinas y supuse que no eran bandidos, pues estos tendrian las piernas mas fuertes y acostumbradas a la rudeza de aquel terreno.
Habia confiado en que el principe Kung nos protegiera, pero parecia que Su Shun lo habia burlado. Si era lo que parecia, no habia modo de escapar.
Creia que Nuharoo tendria una oportunidad de salir con vida, pero ?y Tung Chih? ?Que sorprendentemente facil le habia resultado a Su Shun dar un golpe de Estado! Sin ejercito ni armas, sin derramamiento de sangre; con solo unos pocos hombres disfrazados de bandidos. Nuestro gobierno era un dragon de papel que solamente servia para los desfiles. La Era de la Felicidad Auspiciosa era un chiste. ?Como se sentiria el emperador Hsien Feng ahora que Su Shun habia revelado sus verdaderas intenciones!
Las ramas golpeaban contra el saco. En la oscuridad aguardaba expectante algun ruido de Tung Chih, pero fue en vano. ?Lo ejecutarian? No me atrevia a pensar en nada. Por el angulo del palo, podia decir que nos encontrabamos en un terreno menos pronunciado.
Sin previo aviso me dejaron caer y choque contra algo que parecia un tronco de arbol. Me di con la cabeza contra una superficie dura y el dolor fue terrible. Oi hablar a varios hombres y luego, pasos que se acercaban. Me arrastraron sobre hojas secas y me arrojaron a lo que parecia una zanja.
La tela de mi boca estaba empapada de saliva y al final se me cayo. No me atrevia a pedir ayuda; temia que si lo hacia, adelantaria mi fin. Intente prepararme para lo peor, pero me atenazo una sensacion demoledora: no podia morir sin saber donde estaba Tung Chih. Intente desgarrar el saco con los dientes, pero con las manos atadas a la espalda era inutil.
Oi pasos sobre las hojas secas. Alguien se acerco y se detuvo a mi lado. Intente mover las piernas y ponerme en mejor posicion para defenderme desde dentro del saco, pero tambien las tenia atadas. Podia oir la respiracion de un hombre.
– ?Por el amor del cielo, perdonad a mi hijo! -grite, y luego me encogi.
Imaginaba el cuchillo cortando el saco y el frio metal clavandose en mi carne.
Nada de eso sucedio; en cambio oi mas ruido de pasos y el choque de armas metalicas. Hubo un grito
