juntos en la cama. No sabia absolutamente nada de lo que ocurriria entre ella y Wulf. Ninguna madre en su cultura hablaria de temas tan serios con su hija hasta que esta no estuviera a punto de casarse. Como eso no habia sucedido a Cailin, no habia mantenido ninguna conversacion acerca de las intimidades compartidas por un hombre y una mujer. Sus hermanos gemelos la habian protegido igual que sus padres.

Lo mejor seria, decidio por fin, decantarse por la cautela, para no ser tildada de lasciva. Lentamente se quito las suaves zapatillas de fieltro que llevaba en casa y tambien las metio dentro del baul; despues lo cerro. Luego subio a la cama, que era un espacio horadado en las paredes de piedra de la casa.

El colchon era recien hecho, lleno de una mezcla de heno, lavanda, brezo y petalos de rosa. La cubierta interior del colchon era de tela, pero la exterior era de un tejido mas fino y suave de tono natural. Habia una bonita colcha de zorra roja, que producia calor en las noches frias y humedas. En un pequeno hueco sobre la cabeza ardia una pequena lampara de aceite que iluminaba el dormitorio. Cailin penso en reducir la llama, pero decidio dejarla como estaba. Arrojaba una reconfortante luz dorada, y ella necesitaba reunir todo su valor para afrontar lo que le esperaba.

Wulf Puno de Hierro fue acompanado al dormitorio de Cailin por un criado. Sentado en el pequeno baul, se quito las botas y las dejo a un lado. Luego se puso de pie y se quito la tunica y los bracos. La criada, que se habia escondido en las sombras para verle desnudo, casi se desmayo al verlo. ?Nunca habia visto a un hombre asi! Cuando se volvio, la criada fue obsequiada con la vista de unos brazos musculosos y un pecho bronceado. Sus piernas eran como troncos, firmes y bien formadas, cubiertas de vello dorado. Los grandes ojos de la muchachita descendieron por el asombroso torso hasta llegar al preciado tesoro, y su boca formo una pequena mueca de admiracion. En silencio se marcho, envidiando a la afortunada joven ama que disfrutaria con la pasion del joven sajon.

Wulf Puno de Hierro se quito la cinta que le sujetaba el cabello en la nuca y su cabellera rubia cayo hacia adelante rozandole los hombros. El reflejo de la luz en la cama resultaba acogedor. Wulf aparto la colcha de pieles y subio a la cama. Por un instante creyo que estaba solo, pues Cailin estaba pegada al otro extremo del pequeno recinto, dandole la espalda, y al principio no la vio. Aunque antes habia pensado que la conducta de Cailin era agradablemente modesta, esperaba un recibimiento mas calido. ?Se estaba burlando de el? ?O simplemente era timida? Le aparto el delicioso mechon de rizos para dejarle el cuello al descubierto. Luego se inclino y beso con calidez la esbelta espalda.

– Tienes la piel como la seda -le dijo con admiracion, y le acaricio con suavidad la nuca.

Cailin, que se habia estremecido ligeramente al contacto de sus labios, sintio un intenso escalofrio.

Wulf Puno de Hierro no era un hombre insensible. Se dio cuenta de que la muchacha se mantenia rigida. Luego vio que tambien llevaba puesta la camisa. Un pensamiento incomodo cruzo por su mente, pero lo aparto de inmediato. Necesitaba saber mas.

– No te has quitado la camisa -dijo con voz suave. -Dejame ayudarte.

– No se si deberia -murmuro ella, intento alejarse aun mas de el, aunque era imposible debido a las reducidas dimensiones del espacio.

– Me han dicho que las chicas celtas festejais a la diosa Madre -dijo el, alargando el brazo para quitarle la camisa.

Se dio la vuelta, arrojo la prenda sobre el baul y se volvio hacia Cailin de nuevo. La linea de su espalda era hermosa y su piel exquisitamente clara. Le rozo el hombro con suavidad y ella dio un respingo.

– ?No deseas compartir tu cama conmigo, Cailin Druso? Me han dicho que esta es una costumbre corriente en tu pueblo. ?Que ocurre?

– Que una chica soltera comparta su cama con un hombre no es lo que me ensenaron, Wulf Puno de hierro, pero estoy dispuesta a obedecer los deseos del abuelo. Hace solo unos meses fui tan necia como decir a Berikos que cuando mi abuela cruzara el umbral de esta vida para entrar en la otra, yo abandonaria dobunios, que podria cuidar de mi misma. Pero la verdad es que no puedo arreglarmelas sola por mucho que lo desee. Por lo tanto, debo obedecer las ordenes de Berikos. En realidad no le gusto mucho. -Su joven voz temblaba levemente.

– ?No eres una dobunia?

?Que broma era esa?, se pregunto Wulf.

– Mi madre, hija de su tercera esposa, era la unica hija de Berikos -dijo Cailin. -Se llamaba Kyna. Mi abuela la queria con locura, segun me han contado pero el la repudio cuando se caso con mi padre, cuya familia desciende de un tribuno romano. Me ha gustado lo que le habeis dicho a mi abuelo esta noche de que todos somos britanos. Lamentablemente Berikos no lo ve asi.

Cailin siguio contando a Wulf como habia llegado a la aldea de Berikos y la muerte de su abuela una semanas atras.

– No soy desdichada entre las gentes de mi madre. Son buenas y amables conmigo. Pero mi abuelo no me perdonara ni una sola gota de la sangre romana que corre por mis venas -termino.

– A lady Brigit tampoco le gustas -observo Wulf con sagacidad.

– No, no le caigo bien. Ha sido ella quien ha sugerido esto, pero es costumbre entre los dobunios ofrecer a las visitas importantes una companera de cama para pasar la noche. Brigit cree que asi mata dos pajaros de un tiro. Puede vengarse de mi y espera influir en vos para ayudar a mi abuelo, lo cual servira para que ella gane favor con el.

– ?Que opinas de sus planes para Britania? -pregunto Wulf.

Le habia gustado esa chica guapa y evidentemente lista desde el primer momento en que la habia visto. No queria lastimarla.

– Creo que teneis razon, senor, y que Berikos se engana -contesto Cailin con sinceridad. -?Le ayudareis?

– Date la vuelta, Cailin Druso, y mirame. Es dificil hablarle a tu espalda -replico el, y en su voz profunda se insinuo la risa.

– No puedo -admitio Cailin. -Estais desnudo, ?no? Nunca he visto a un hombre desnudo… completamente desnudo -rectifico, recordando a los luchadores que habian actuado en la Liberalia de sus hermanos.

– Me envolvere bien con las pieles -prometio el. -Solo dejare visibles los brazos, los hombros y la cabeza. Y tu tienes que envolverte tambien. No quiero avergonzarte, Cailin Druso, pero me gustaria ver tu adorable rostro cuando hablamos. Esto esta muy oscuro. Me siento como si estuviera hablando con alguna criatura sin cuerpo - bromeo.

Ella se quedo pensando un momento y luego dijo:

– De acuerdo, pero no me mireis demasiado de cerca. No puedo evitar ser timida, senor. Todo esto es bastante nuevo para mi, aunque no tan terrible como creia. -Cailin se dio la vuelta con cuidado, aferrando las pieles sobre su pecho. El sonrio para darle animos. Y ella se ruborizo. -?Ayudareis a Berikos? -repitio al mirarle; el corazon le latia con fuerza.

Por un instante el vislumbro sus ojos; eran color el violetas humedas. Ella los cerro rapidamente.

– Al parecer Berikos no esta dispuesto a pagar el precio que pido -respondio Wulf.

– Tierras -dijo Cailin, y de pronto tuvo una idea maravillosa. -Yo lo pagare, senor -dijo, -y a cambio solo os pedire dos cosas. Vereis que mi trato es mejor.

– ?Me daras tierras por entrenar y dirigir a los dobunios? -pregunto el, confundido. Cailin rio.

– No. Teneis razon respecto a las probabilidades de que los dobunios resituen a las tribus celticas en destacada posicion: no existe ninguna. Pero me vengaria del hombre que planeo el asesinato de mi familia y me habria asesinado a mi. Las tierras de la familia Druso Corinio son mias por derecho, pues soy la unica superviviente de esa familia. Yo sola no puedo hacer nada para reclamar mis derechos. Mi primo Quinto Druso encontraria la manera de matarme para quedarse con lo que ha robado. Pero vos podriais matar a Quinto Druso para mi. Y si os casais conmigo, mis tierras seran vuestras, ?no? Es una oportunidad mucho mejor que la que puede daros mi abuelo -concluyo Cailin, sorprendida por su propia osadia al sugerir semejante accion. Quiza, al fin y al cabo, estaba aprendiendo a sobrevivir sin los dobunios.

– ?Tus tierras son fertiles? ?Hay agua suficiente -pregunto el, asombrado de considerar siquiera la proposicion de la muchacha. Pero ?por que no iba a hacerlo? El queria tierras de su propiedad y necesitaria una esposa. La idea de Cailin era una solucion perfecta a ambos problemas.

– Nuestras tierras son fertiles -aseguro ella y hay mucha agua. Hay buenos campos para cultivar grano y otros para alimentar ganado. Tambien hay huertos. La villa de mi familia ha desaparecido, pero podemos construir otra morada, senor. Los esclavos que pertenecian a mi padre tambien seran mios. Berikos tendra que ofrecerme tambien un regalo de boda. Ceara y Maeve se ocuparan de que sea bueno.

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