Wulf necesitaba tiempo para pensarlo. El ofrecimiento era excelente y solo un tonto lo rechazaria.

– Lo hare -dijo. -Nos casaremos y recuperare tus tierras para ti, Cailin Druso. Incluso ayudare a ese viejo reprobo, tu abuelo. Nos veremos obligados a pasar aqui el invierno. Durante los proximos meses entrenare a todos los jovenes dobunios que desean aprender las artes de la guerra. La prueba final de sus habilidades sera cuando recuperemos tus tierras de tu perverso primo. Despues seran para Berikos. Si no te confundes respecto a esta gente, no le seguiran mas lejos que los limites de su propio campo. -La miro fijamente. -Eres lista, ovejita. - Le levanto el rostro y la beso levemente en los labios. -Pero no le contaremos nuestros planes a tu abuelo. Solo le dire que te quiero por esposa.

– Eso no te lo negara -dijo ella, sintiendo que el rubor se le extendia por todo el cuerpo al notar el roce de su boca en la de ella. -En realidad, el y Brigit creeran que esta bien que la zorra mestiza, como les gusta llamarme, se una a un extranjero, como os llaman a los sajones.

– Todavia no nos hemos unido -dijo el con suavidad.

– Todavia no nos hemos casado -replico ella sin vacilar, sintiendo que el corazon le daba un vuelco.

– No podemos insultar a tu abuelo, ni creera que he vencido mi pasion por ti si no hacemos lo que esperan que hagamos esta noche. -Enredo su gran mano en el pelo de Cailin. -Me gusta el color de tu pelo y la encantadora confusion de tus rizos. Las chicas sajonas tienen el pelo rubio y lacio. Lo llevan peinado en dos trenzas, y cuando se casan se lo cortan muy corto, para demostrar su sumision al esposo. Yo no podria hacerlo con tus encantadores rizos, por eso es una suerte que seas britana y no sajona -agrego con una sonrisa.

Con suavidad pero con firmeza, le echo la cabeza hacia atras, dejando al descubierto la garganta. Luego, la puso de espaldas y fue depositando lentos y calidos besos en la blanca piel.

Cailin aferraba desesperadamente la colcha sobre sus senos. No sabia que hacer. Ni siquiera sabia si tenia que hacer algo. De pronto se dio cuenta de que los ojos azules de Wulf miraban con profundidad los suyos. Cailin no pudo desviar la mirada. Volvia a sentir calor, penso de forma irracional, y deseaba apartar la colcha pero no se atrevia a hacerlo.

Wulf estaba seguro de la respuesta que recibiria a la pregunta que le formulo:

– ?Eres virgen, ovejita?

Claro que era virgen. El semblante de Cailin reflejo la confusion que sentia, pues alternaba el miedo a lo desconocido y la curiosidad.

– Si -musito. -Lo siento, no podre darte placer. No se que tengo que hacer.

– Me gusta que seas virgen -repuso el con ternura, -y te ensenare todo lo que has de saber para que los dos obtengamos placer.

– Ni siquiera se besar -declaro ella con abatimiento.

– Es un arte que se aprende con facilidad -la tranquilizo el, serio, pero en sus ojos asomaba el regocijo. -En muchos es algo instintivo. Cuando te bese, limitate a besarme tu a mi. Deja que el corazon te guie. Yo te ensenare ciertos refinamientos mas adelante. -La beso con suavidad y, tras un momento de vacilacion, Cailin le beso a el. - Eso esta muy bien -la alabo. -Volvamos a intentarlo.

Esta vez el beso de Wulf fue mas firme, y ella sintio que sus labios cedian ligeramente bajo los de el. Cailin ahogo un debil grito cuando la punta de la lengua de Wulf le rozo la boca suave y sensualmente. La cabeza empezo a darle vueltas. Cailin rodeo a Wulf con los brazos para mantenerse firme, pues tenia la sensacion de que se estaba cayendo.

El se aparto de sus labios y hundio la cabeza en su pelo.

– Tienes un gusto delicioso, ovejita, y hueles de maravilla. Nunca habia conocido a una chica que oliera tan bien. ?A que se debe? -Bajo la mirada a los ojos de Cailin y esta se sonrojo una vez mas. -?Siempre te sonrojaras cuando te mire? -le pregunto con voz suave. -?Eres tan hermosa!

– Me parece que exagerais, senor.

Entonces se dio cuenta de que le estaba rodeando con los brazos y protesto.

– Me gusta que me abraces, ovejita. Creo que a pesar de todos tus temores, sabes que soy un hombre en quien se puede confiar. No soy un hombre que suelte cumplidos como gotas de lluvia. Cuando te alabo, es porque lo mereces. Eres muy guapa. Nunca habia conocido a ninguna mujer tan hermosa. Estare orgulloso de tenerte por esposa, y estare celoso de cualquier hombre que te mire. Juntos haremos ninos guapos y fuertes.

– ?Como? -se atrevio a preguntar ella. El sonrio.

– Tienes curiosidad, ?eh? Entonces debemos proseguir nuestras lecciones.

Empezo a retirar la colcha de pieles. Cailin solto un gritito, tratando de detenerle, pero el no se detuvo. La expresion sobrecogida del bello rostro de Wulf cuando contemplo su desnudez permitio a Cailin vislumbrar el poder que una mujer tiene sobre un hombre. Al principio no la toco. Sus ojos absorbieron la suavidad y palidez de su cuerpo: sus pequenos senos redondeados, la elegante curva de su cintura, sus muslos esbeltos y bien torneados, el vello rizado de su monte de Venus.

El sonrio, casi para si, y la toco alli con un solo dedo.

– Estos rizos hacen juego con los de tu cabeza -dijo.

Ella le observaba con los ojos abiertos de par en par, en silencio.

Entonces el dijo:

– Retira mis pieles, ovejita.

Ella lo hizo y contuvo el aliento. El la habia llamado hermosa, y sin embargo el hermoso era el. Tenia el cuerpo de un dios, sin duda. Todo era proporcionado y perfecto. Lo que mas le sorprendio fue el apendice que tenia entre las piernas. Lo miro con curiosidad, y lo toco con cautela y suavidad.

– ?Que es esto? -pregunto. -?Para que sirve? Yo no lo tengo.

Wulf trago saliva. La curiosidad de Cailin parecia la de una nina.

– No, tu no lo tienes, pero tus hermanos lo tenian. ?Nunca se lo viste?

– ?Que es? -repitio Cailin.

– Se llama raiz del hombre.

– ?Y mis hermanos tambien lo tenian? No, nunca se lo vi. Mis padres creian en el recato. Decian que muchos problemas de Roma derivan de la falta de moral. No creian que debamos avergonzarnos de nuestro cuerpo, pero tampoco creian que debamos exhibirlo. ?Para que sirve la raiz del hombre?

– Es el conducto por el que mi semilla entrara en tu vientre. Cuando se excita aumenta de tamano y se pone duro. Te lo metere dentro y soltare mi semilla. Ese acto nos proporcionara placer a los dos.

– ?Donde me lo meteras? Ensenamelo -pidio. El se inclino y volvio a besarla, y al hacerlo introdujo con suavidad un dedo entre los labios vaginales de Cailin y toco la entrada del conducto. -Aqui -dijo.

– ?Ooooh! -exclamo ella.

Aquel sencillo roce no solo la sobresalto, sino que parecio estallar en el interior de su cuerpo. Pequenos temblores recorrieron todo su ser.

– Tenemos cosas que hacer antes que eso -dijo el, retirando el dedo. -Respondere a todas tus preguntas mas tarde, pero quiza ahora seria mejor no hablar tanto.

– ?Por que me llamas «ovejita»? -pregunto ella nerviosa.

– Porque eres una inocente ovejita, con tus grandes ojos color purpura y tus rebeldes rizos rojizos, y yo soy el lobo que va a comerte.

Entonces la beso en la boca. Queria ser gentil y paciente, pero la proximidad de Cailin le estaba volviendo loco de deseo. Necesitaba desfogarse y, a decir verdad, cuanto mas esperara mas dificil seria para Cailin. Los labios de esta se ablandaron bajo los suyos y el le introdujo la lengua en la boca. Ella trato de apartarse, pero el la sujetaba con firmeza.

Al principio ella intento esquivar la lengua que buscaba la suya, pero el no la dejaba. Cailin notaba el sabor a hidromiel en su aliento y eso la excito. Con cautela su lengua busco la de el y se unieron en una danza que gratifico a los sentidos de ambos. Le rodeo de nuevo con sus brazos, atrayendole hacia si, elevando sus jovenes pechos para rozar el suave torso de Wulf.

De pronto el se aparto, le cogio el rostro entre las manos y lo cubrio de besos. Sus labios descendieron de nuevo hasta la garganta y pasaron al valle que formaban sus senos. Cuando ella exhalo un suave grito, el la tranquilizo:

– No, ovejita, no tengas miedo.

Cailin tenia la impresion de que sus senos se hinchaban bajo los besos de Wulf. Cuando el le cogio uno con la mano y lo acaricio con ternura, el gemido que exhalo fue de alivio. Ella deseaba que la tocara alli. Queria que

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