– No me lo digas -repuso la emperatriz. -Sus rizos son naturales, estoy segura. Que suerte tiene, pero ?quien es?
– Una joven viuda, patricia de ascendencia romana, que procede de Britania -respondio el. -Es encantadora, Verina, y ama a Aspar. Si les vieras juntos, dirias que son una pareja felizmente casada.
– ?Como llego a Bizancio? ?Una viuda, dices? ?Su esposo era bizantino? ?Tiene hijos? Vamos, Basilico, no me estas diciendo todo lo que sabes.
La emperatriz miro severamente a su hermano.
– Su esposo era sajon, segun me han dicho. Perdieron a su hijo. No tengo ni idea de como llego a Bizancio. De veras, Verina, ya fue bastante vergonzoso interrogar a Aspar para satisfacer tu curiosidad infantil. He hecho todo lo que he podido y no hare nada mas -anadio irritado.
– ?Cuantos anos tiene la pequena amante de Aspar y como se llama? -presiono la emperatriz. -Eso seguro que lo sabes.
– Tiene diecinueve anos y se llama Cailin.
– ?Diecinueve? -Verina dio un respingo. -?Pobre Flacila!
– Flacila se merece lo que le pasa -espeto Basilico, ansioso por escapar del interrogatorio de su hermana antes de decir algo inconveniente. Por alguna razon, Verina le estaba poniendo nervioso.
Verina capto la intranquilidad de su hermano.
– Esta manana he tenido visita -dijo con demasiada dulzura. -Probablemente no deberia confiarte esto. Los hombres sois muy tontos en estas cosas, pero como es evidente que tu me ocultas algo, debo decirtelo para que hables libremente. Sabes que ultimamente Leon raras veces visita mi cama. Escucha a sus clerigos, que declaran que las mujeres somos impuras, un mal necesario para la reproduccion que, de no ser por eso, deberian ser evitadas. No se como cree que le dare un hijo si no copulamos. Esta muy bien que los sacerdotes le digan que rece para tener un heredero, pero para tener un hijo hay que hacer algo mas que rezar. -La emperatriz enrojecio de ira, pero luego prosiguio con suavidad. -No me atrevo a coger un amante para satisfacer mis necesidades. La Iglesia considera malas las necesidades naturales de la mujer. No tengo autentica intimidad, y como sabes se me vigila constantemente. He estado pensando en ello, y al final se me ha ocurrido. Si tengo que seducir a mi esposo para que regrese a mi cama, he de emprender una accion drastica. Comprendo que se supone que no deberia saber de estas cosas, pero resulta que si, y segun me han dicho hay burdeles muy elegantes en Constantinopla. Decidi contratar a una cortesana para que me ensenara las artes eroticas que podrian tentar a Leon a cumplir con su deber como marido.
– ?Que has hecho que? -pregunto Basilico, atonito por la revelacion de su hermana.
La buena esposa bizantina no debia conocer esas cosas. No sabia si consternarse o reir.
– Contrate a una cortesana para que me ensenara a ser mas sensual -repitio Verina. -Flacila me ayudo. A veces visita un lugar llamado Villa Maxima. Alli ofrecen diversiones maravillosas y fantasticos jovenes que se alquilan como amantes. ?Lo sabias, Basilico? -Y mientras el la miraba boquiabierto, ella misma se respondio: - Claro que conoces Villa Maxima, querido hermano. En ocasiones eres uno de sus distinguidos parroquianos.
»Una de esas ocasiones fue varios meses atras, cuando visitaste ese lugar en compania de nuestro general. Representaban una obrita, peculiar y de lo mas lasciva, dos veces a la semana, de cuya perversidad toda la ciudad hablaba. ?Flacila dice que era fantastica! Ojala yo hubiera podido verla, pero ?como podia asistir a un lugar asi, aunque fuera disfrazada? Seguro que alguien me habria reconocido. El asintio.
– Habria sido imprudente, es cierto, Verina.
Ella le sonrio y retomo el hilo de su historia.
– La cortesana que me han enviado es una criatura adorable llamada Casia. Ella es quien me ha dicho que Aspar compro a los propietarios del burdel al miembro femenino de ese depravado espectaculo. ?Una joven viuda, patricia, de antepasados romanos, procedente de Britania? ?De veras, Basilico?
– Ella es exactamente como te la ha descrito, Verina. No me ha parecido necesario revelarte los desdichados meses que vivio como esclava, estado al que llego no por su culpa. Aspar la libero inmediatamente despues de comprarla. Reconocio su sangre patricia y se compadecio de ella. Y ahora esta enamorado de Cailin.
– No puedo creer que me hayas mentido, hermano -dijo la emperatriz poniendo mala cara.
– No te he mentido -replico el principe con irritacion.
– No me has contado todo lo que sabes. No puedo perdonartelo.
– No te lo conte porque no queria avergonzar a Cailin. Aspar no me lo habria dicho, pero la reconoci. Es un episodio que los dos querrian olvidar. Lo unico que desean es vivir en paz en Villa Mare. -Se puso serio. -Leon nunca estara tan a salvo como para que no necesite a Aspar, hermanita. Si le ofendes, sabe Dios que podria sucederos a ti y a tu familia. El Imperio ahora disfruta de una relativa estabilidad, pero nunca se sabe cuando podria estallar la rebelion y el descontento entre las masas.
»Le dire a Aspar que conoces su secreto y como te enteraste. Mantendras el secreto y asi el general estara en deuda contigo, Verina. Eso te beneficiara mas que cualquier satisfaccion momentanea que pudieras obtener revelandole todo esto a Flacila Estrabo.
La emperatriz considero las palabras de su hermano y luego asintio.
– Si, tienes razon. La buena voluntad de Aspar es mas importante para nosotros que su zorra esposa. Ahora tiene un nuevo amante, ?lo sabias?, y esta vez lo ha elegido entre los de nuestra clase.
– ?Ella te lo ha dicho? ?Quien es, Verina?
– Justino Gabras. Vastago de la gran familia patricia de Trebisonda. Tiene veinticinco anos y dicen que es muy guapo.
– ?Que esta haciendo en Constantinopla, y que ha hecho Flacila para seducirle? -se pregunto Basilico en voz alta, pero al ver el brillo en los ojos de su hermana supo que se lo contaria todo.
– Se dice -comenzo Verina- que Justino Gabras tiene un genio muy vivo. Ha matado a varias personas que considero que le habian ofendido. Su ultima victima, sin embargo, era primo del obispo de Trebisonda. Segun me han contado fue necesario retirar de la escena al asesino lo antes posible. Dicen que la familia Gabras se vio obligada a pagar a la del obispo una buena compensacion por la vida de su pariente. Justino Gabras fue expulsado de Trebisonda por un periodo de cinco anos.
»En Constantinopla su crueldad ya se ha hecho conocida. Ha comprado una enorme mansion que da al Cuerno Dorado y una finca en el campo. Dicen que sus fiestas y diversiones rivalizan con las de los mejores burdeles de la ciudad. ?Te sorprende que Flacila le haya conocido?
– Me sorprende que la Iglesia no interfiera -dijo el principe.
– Gracias a su generosidad hacia el favorito del patriarca, la Iglesia hace la vista gorda -declaro la emperatriz.
– Si Justino Gabras es todo lo que dices que es, creo que Flacila esta vez se ha enamorado -observo Basilico.
– Si es asi, podria resolver muchos problemas. La familia Estrabo ya no tendria que preocuparse por la conducta de Flacila, ni Aspar tendria que cargar con ella.
– Y entonces podria casarse con su querida Cailin -dijo Basilico con indiferencia, observando la reaccion de su hermana.
– ?Casarse con la chica que conocio en un burdel? No, querido hermano, no se le permitiria. No tiene que volver a casarse, no seria apropiado que el primer patricio del Imperio, el mayor general de Bizancio, se casara con una muchacha que trabajaba en un burdel, por muy de sangre azul que fuera. El Imperio seria el hazmerreir y no podemos permitirlo -manifesto Verina.
Por supuesto, penso Basilico con tristeza, jamas permitirian a Aspar que se casara con Cailin. ?No se lo habia dicho el mismo a su amigo? Aun asi, cuando habia oido lo del ultimo amante de Flacila y su mala fama, habia pensado que quiza el Imperio recompensaria a su hijo favorito con el permiso para casarse con la mujer a la que amaba, que le cuidaba con devocion y le amaba en su vejez. Basilico se consideraba mundano, pero a veces deseaba llevar una vida mas sencilla.
El otono dio paso al invierno. Los vientos soplaban del norte y en Villa Mare las contraventanas del portico estaban cerradas, mientras los braseros llenos de carbon caldeaban las habitaciones. Cailin y Aspar llevaban una vida tranquila. Parecia que solo se necesitaban el uno al otro. No hubo mas visitas a la villa despues de la de Basilico aquel dia de otono. Ellos lo preferian asi.
Aspar pasaba varios dias cada semana en la ciudad, atendiendo sus obligaciones. Veia a menudo a su hijo
