Wulf y sus descendientes. Los habitantes de la aldea recibirian los derechos de utilizar los campos comunes, los jardines de la cocina y de pacer sus animales en los pastos comunes.

Sus hogares les pertenecian, pero no la tierra. Tenian derecho a poseer ganado, caballos, cerdos, aves de corral, gatos y perros. Trabajarian tres dias por semana para su jefe supremo realizando diversas tareas. Cuidarian sus campos y su ganado. Los que poseian alguna habilidad especial, como el tonelero, los techadores y los herreros, tambien aportarian sus esfuerzos. Todos dedicarian cierto tiempo a entrenarse para la defensa de las tierras.

Si llegaba la guerra, Wulf les dirigiria. El seria padre, juez, guerrero y amigo para todos ellos. Era diferente de todo lo que ellos habian conocido jamas, pero a Epilo y los demas les parecia la mejor manera de vivir en aquel mundo sometido a constantes amenazas. Necesitaban estar unidos y un caudillo fuerte a quien otros hombres ambiciosos respetaran y temieran.

Las mujeres, entre ellas Cailin, plantaban los campos. Se ocupaban del grano mientras crecia y de los animales mientras los hombres construian defensas para las aldeas. Las defensas de la casa las dejaron para el final, pues sabian que Ragnar habia apostado un hombre para espiarles en la colina. Calmaron al marido de Antonia dandole una falsa sensacion de seguridad, ya que la casa no estaba defendida por barrera alguna. Ragnar no sabia que cada una de las aldeas proximas se estaba preparando para defenderse en caso de que el las descubriera, como con el tiempo ocurriria. A mediados de verano por fin retiro a su espia, decidiendo que su tiempo se podia aprovechar mejor en otra parte que ganduleando en la colina. La casa de Wulf seria suya cuando el decidiera apoderarse de ella, se jactaba Ragnar ante sus esposas.

Antonia, con el cuerpo magullado por una reciente paliza que su esposo le habia propinado, meneo la cabeza con pesar. Estaba segura de que estaba embarazada. Eso al menos mitigaria un poco la irritacion de Ragnar hacia ella, lo que le daria tiempo para pensar. Su esposo sajon iba a perderlo todo si ella no intervenia en el asunto. Ragnar no era un hombre muy listo, sino mas bien como un toro. Y tambien habia que pensar en su querido hijo Quinto. Las tierras que Ragnar afirmaba haber conquistado en realidad eran de Quinto. No podia permitir que aquel sajon prepotente se las robara.

Entretanto, cuando Ragnar retiro a su espia, Wulf y sus hombres empezaron a construir una defensa alrededor de la casa. Era un terraplen que coronaron con un muro de piedra. Sobre el muro dispusieron pequenas torres de madera que ofrecian una excelente vision del valle circundante. Rio de Vino trabajaba largas horas en su herreria haciendo puertas para las murallas con solido roble viejo, de treinta centimetros de grosor y revestidas de hierro forjado.

Siempre habia bullicio en la casa, que se encontraba llena de hombres de Wulf. Habia mucho trabajo que hacer, y aun mas que vigilar. Como ama del lugar, era obligacion de Cailin dar instrucciones. Parecia no tener tiempo para si misma ni intimidad alguna.

Un dia, en un intento por buscar un respiro, subio la escalera que conducia a la buhardilla. No era un sitio espacioso, pues solo cubria una tercera parte de la casa. Habia cuatro espacios para dormir en las paredes de piedra, desprovistos de ropa de cama, pues ella y Wulf dormian abajo, con todos los demas.

Cailin suspiro, recordando los primeros dias de su matrimonio, cuando el apenas podia esperar a reunirse en la cama con ella. Desde aquella maravillosa noche en Bizancio no habian tenido ocasion de copular. Wulf parecia totalmente absorbido por la tarea de levantar las defensas de la casa. Se acostaba tarde, cansado, y jamas la despertaba. Ella habia probado varias veces a esperarle, pero era inutil. Tambien ella estaba agotada, pues sus jornadas eran largas y empezaban temprano.

Un rayo de sol penetraba por una de las dos estrechas ventanas, iluminando parcialmente la buhardilla y Cailin empezo a visualizarla como la habia imaginado. Su telar estaria junto a una ventana para aprovechar la luz. Habria una mesa rectangular de roble con dos sillas para comer en privado. Los espacios para dormir estarian vacios, excepto el que emplearian ellos. Con el tiempo su familia compartiria esa estancia, pero no al principio. ?De momento disfrutarian de su intimidad!

Una idea acudio a su mente. ?Por que no acondicionan ahora mismo la estancia? Tenia el telar, y el mobiliario se hallaba en un rincon de la casa, abajo, acumulando polvo. Cailin se acerco a dos estrechas ventanas hechas con membrana animal y las abrio. Penetro un aire calido que la estimulo de inmediato. Dejo las ventanas abiertas y volvio a bajar al piso principal. Vio a su primo Corio a la mesa comiendo pan con queso y le llamo.

– Corio, ven a ayudarme.

El se puso en pie.

– ?Que necesitas, prima?

Cailin se lo explico, y en un santiamen Corio, con ayuda de varios hombres jovenes, habia subido el telar, la mesa, las sillas y la ropa de cama a la buhardilla.

– Lleva tambien el brasero -indico ella, entregandole el calentador de hierro con el que habian viajado a traves de Galia.

El sonrio con picardia.

– No creo que lo necesites, pues Wulf parece a punto de explotar. -Rio entre dientes. -Si le das oportunidad, prima, no necesitaras el braserito de carbon.

– ?En esta casa no hay ningun secreto? -pregunto ella con las mejillas ruborizadas. ?Todo el mundo sabia que ella y Wulf no copulaban?

– Muy pocos -respondio Corio cogiendo el brasero. -Pero si insistes, prima -dijo sonriendo con aire picaro, -lo subire.

Cuando los hombres hubieron acabado las tareas que les habian asignado, Cailin volvio a subir a la buhardilla. Corio tenia mas sensatez que ella. Se habia ocupado de que subieran tambien los baules en que guardaban sus objetos personales. Cambio la posicion del telar y su taburete para disfrutar de la luz adecuada. La mesa no estaba centrada, penso Cailin, y la coloco correctamente con las sillas alrededor.

Acondiciono el espacio para dormir con heno fresco y lo mezclo con ramitas de espliego, petalos de rosa y hierbas aromaticas. Metio el lecho de plumas, con su practico cuti de algodon, en una funda de seda azul que habia confeccionado para ello. Era un lujo, pero ?quien lo sabria, aparte de ellos? Ahueco el lecho de plumas y lo coloco sobre el heno. Quito la pequena lampara de alabastro de la hornacina del espacio para dormir y la lleno de aceite perfumado, coloco una nueva mecha y volvio a dejar la lampara en su sitio. A los pies del espacio para dormir extendio una piel de zorro. Ahora el espacio estaba listo para sus ocupantes.

Cailin recorrio la estancia con la mirada. Aunque necesitaba colgaduras en las paredes y mas muebles para ser verdaderamente confortable, de momento tendrian que conformarse con lo que habia. Al menos estaba habitable. Aunque la intimidad no era algo demasiado apreciado por los sajones, Cailin estaba acostumbrada a ella pues la habian educado asi. Wulf lo encontraria agradable, penso sonriendo. Entonces le oyo llamarla desde abajo. Cailin bajo y se apresuro a saludar a su esposo.

– Hemos terminado las defensas para la casa -anuncio el con orgullo. -Acabamos de colocar las puertas.

– Los graneros dentro de las murallas tambien estan terminados -dijo ella, -y la cosecha esta casi toda dentro. Hoy no ire a los campos porque estoy ocupada en otras cosas. -Contemplo el aspecto desastrado de su esposo. -Necesitas un bano. Apestas.

– Estoy demasiado cansado para ir hasta el arroyo a banarme -replico el. -Dejalo, ovejita. Me banare manana.

– Ahora -insistio ella con un tono que el no le habia oido nunca, -y no en un arroyo helado. Sientate junto al fuego y bebe un poco de cerveza mientras yo lo preparo todo. He pasado la mejor parte del dia preparando la buhardilla para habitarla. No volvere a dormir aqui abajo, Wulf. Si Aurora ha de tener un hermano, hemos de disponer de un poco de tiempo para estar solos. ?La gente ya murmura! El mundo no se acabara porque tu y yo busquemos nuestra intimidad cada noche.

– ?Nuestra hija no tendria que dormir tambien en la buhardilla? -pregunto el con aire travieso, alzando una espesa ceja.

– De momento Aurora se quedara abajo -respondio Cailin con seriedad, -al cuidado de Nellwyn.

Se dirigio al otro extremo de la habitacion y dio instrucciones a los criados.

El observo con asombro como entraban rodando una gran tina de roble. Nunca habia visto ninguna, y supuso que ella la habia encargado al tonelero. Cailin era muy previsora, penso. Un bano caliente le iria bien. Los criados masculinos empezaron a ir y venir con cubos de agua humeante que arrojaban a la gran tina. Tardaron mas de media hora en llenarla a satisfaccion de Cailin. Mientras ellos hacian esto, ella preparo jabon y otros articulos necesarios para banarse. Luego hizo una sena a Wulf, que se levanto y se acerco a donde ella esperaba dando

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