inclino y le dio un beso en la frente a su esposa.
La condesa de Richmond no dijo nada. No le gustaba nada e aspecto de su nuera. Bess no era joven y, evidentemente, este habia sido un parto dificil para ella. No habria mas hijos de esta reina, penso Margarita Beaufort.
Trajeron al principe Enrique y a sus dos hermanas a ver a su nueva hermanita
– ?A quien se parece? -le pregunto Rosamund a Meg.
– A todos los hijos de mama. Palida con cabello de un rubio rojizo ojos claros -respondio la joven reina de los escoceses-. Y es muy nadita. No creo que viva mucho. Que pena que mama haya tenido que pasar por todo eso por una nina debil.
– Yo tendre solo hijos varones -alardeo el principe Enrique.
– Tu tendras lo que Dios disponga, Hal -dijo Meg.
A la princesa Maria la devolvieron a Eltham, a su cuarto infantil, con su nueva hermana. El principe permanecio con su padre, pero Meg y Rosamund se quedaron en la Torre con la reina y sus damas. La Venerable Margarita habia ido a su casa de Londres, en Cold Harbour. La reina no se recuperaba del parto. Habia mucho silencio en la Torre. Y entonces, en la manana del 11 de febrero, el dia en que cumplia treinta y siete anos, Isabel de York murio subitamente, apenas con el tiempo necesario para que un sacerdote fuera a escuchar su confesion.
El rey quedo destrozado. Lloro abiertamente por segunda vez en el ultimo ano. La primera habia sido cuando le comunicaron que habia muerto su heredero, el principe Arturo. La Corte estaba conmocionada. No habia sido un embarazo dificil, y el nacimiento fue relativamente rapido. La reina habia sido siempre sana y de una fortaleza confiable. Pero, ahora, habia muerto de una fiebre puerperal como cualquier mujer del pueblo. Era dificil de creer. Isabel de York habia sido muy querida. La Corte la extranaria.
La madre del rey se hizo cargo enseguida, y llevo a Meg y a Rosamund a su casa. Si bien habia que planear el funeral, se decidio en ese instante que la boda formal de la princesa con el rey de los escoceses se realizaria en agosto, como estaba previsto. En cuanto a Rosamund, aunque el rey seguia siendo su tutor, la Venerable Margarita se hizo cargo de ella, 'por la dulce Bess'. Luego de decidir esto, se aboco a los preparativos para el funeral, pues el rey estaba demasiado postrado en su dolor, casi no salia de sus aposentos.
Habia que tallar una efigie funeraria: mostraria a la reina ataviada con sus mejores ropas y pieles, con una sonrisa. La Corte y el pais llorarian ante una replica exacta de Isabel de York en su mejor aspecto Conservaria para siempre un buen recuerdo para todos. La efigie se colocaria sobre el feretro de la reina, que seria enterrada en la abadia de Westminster, en una tumba que algun dia contendria los restos mortales de su esposo. Convocaron al famoso escultor Torrigiano para tomar una mascara mortuoria de la reina y hacer un monumento de bronce que se colocaria sobre la tumba. El escultor, que vivia en Londres, habia sido patrocinado por el rey durante varios anos.
El dia del funeral amanecio gris y frio. La ciudad estaba practicamente envuelta en una niebla espesa y humeda. La procesion partio de la Torre de Londres, donde Isabel de York habia exhalado su ultimo suspiro, y recorrio las calles de la ciudad mortecina para que el pueblo pudiera ver por ultima vez a su buena reina. Mas de cincuenta tambores, con los instrumentos amortiguados para dar la solemnidad apropiada a la tragica ocasion, guiaban a los deudos. Los seguia un inmenso numero de alabarderos del rey, detras de quienes iba la carroza funebre, envuelta en seda y terciopelo negro, la efigie en su colorido ropaje sobre la cima en una vision asombrosa. La carroza era tirada por ocho caballos negros como el carbon, adornados con arreos de seda negra y plumas negras.
Treinta y siete jovenes virgenes seguian la carroza funeraria, una por cada ano de vida de la reina, enteramente vestidas con trajes de terciopelo blanco, y portaban altos velones de cera de abeja, que oscilaban fantasmales bajo la brisa helada. Rosamund era una de ellas, honor que le habia conferido la madre del rey. Pero las virgenes no llevaban capa, y Rosamund temblaba de frio, como todas sus companeras. Las babuchas de cabritilla blanca que calzaban no las protegian del frio ni de la humedad. Rosamund penso que seria un milagro si no terminaban todas haciendole compania a la reina, muertas de fiebre.
Entraron en la gran abadia, donde el arzobispo celebro una misa de requiem, a lo que siguio una elegia, que, segun se entero Rosamund mas tarde habia sido escrita y pronunciada por un joven abogado de la ciudad, Tomas Moro. Su voz profunda, pero suave al mismo tiempo, resono con sus palabras de tributo, y colmo la gran iglesia:
Cuando Tomas Moro callo, se oyeron en toda la abadia de Westminster los suaves murmullos del llanto. Cuando su mirada se dirigio al rey, Rosamund lo vio secarse los ojos. Tenia los hombros caidos. Enrique VII habia envejecido de pronto, pero, a su lado, su madre estaba muy erguida y sus hijos se consolaban en su dolor, con valentia. Entonces bajaron el ataud de la reina del catafalco que estaba al final de la nave y lo depositaron en la tumba. Isabel de York recibio una ultima bendicion de los sacerdotes y, finalmente, el funeral concluyo.
Meg fue a tomar a Rosamund de la mano. Tenia los ojos rojos de tanto llorar, pues ella y su madre habian sido muy unidas, en especial durante el ultimo ano.
– Dice la abuela que ahora vengas a casa conmigo. Dice que cumpliste bien tu parte, que mi madre habria quedado muy complacida.
Subieron a una carroza cubierta, que la Venerable Margarita habia provisto para sus nietas y las otras damas de la casa. El gris dia de invierno estaba oscureciendo ya cuando el vehiculo se abrio camino de regreso por las neblinosas calles de Londres a la residencia de la condesa de Richmond.
A la manana siguiente, la princesa Maria, que aun no habia cumplido los siete anos, fue devuelta a Eltham.
– A veces pienso que me he pasado la vida usando luto -se quejo Meg ante Rosamund.
– Estaras libre de este en unos meses. Tienes suerte, Meg, de poder recordar a la madre que lloras. Yo no tengo memoria de la mia.
– ?No tienes ningun retrato?
– La gente del campo, por lo general, no se hace pintar retratos -respondio Rosamund con una sonrisa-. Maybel la conocio. Dice que me parezco a ella, pero mas a mi padre. Sin embargo, no es lo mismo que si los hubiera conocido, ?no crees? Tu madre fue tan buena conmigo. No la olvidare jamas, y algun dia le pondre a una hija su nombre, Meg, te lo prometo.
El invierno llego a su fin y, en Pascua, el rey pidio que su familia volviera a reunirse en Richmond. Aunque casi no lo vieron y habia rumores de que habia quedado devastado por su perdida. Sus consejeros le sugerian que volviera a casarse, y se hicieron algunos arreglos en ese sentido, pero, al final, todo quedo en la nada. El rey se habia casado con Isabel de York para unir sus casas, para terminar una guerra larga y sangrienta, y porque el derecho de ella al trono era mas fuerte que el de el. Pero en cuanto la conocio la amo, y le habia sido fiel toda la
