vida. Ahora que ella se habia ido parecia que su fidelidad seguiria inconmovible.
– El es como yo -dijo la Venerable Margarita.
– Pero tu te casaste tres veces, abuela -senalo Meg.
– Escuchame, criatura. Una mujer puede tener riquezas, dignidad y prestigio, pero nada de eso importa si no tiene un marido. Asi es el mundo. No podemos escapar a ello. Sin embargo, el padre de tu padre, mi primer esposo, Jasper Tudor, fue el amor de mi vida, y no me da verguenza admitirlo. Para las mujeres de nuestra clase el primer matrimonio es el arreglado. Tal vez, incluso el segundo. Despues de eso, yo creo que una mujer tiene derecho a elegir a su marido. Si los ama a todos o a ninguno dependera del destino. Pero una mujer debe casarse, no tiene otra opcion.
– ?Amare yo a Jacobo Estuardo, abuela?
– ?Se dice que es un hombre encantador -dijo la condesa, seca-,seguramente querra complacerte porque haciendote feliz a ti hace feliz a Inglaterra. Se dice que es bien parecido, nina. Bien parecido y bueno. Si, creo que lo amaras.
– ?Y me amara el a mi?
La Venerable Margarita rio.
– Jacobo Estuardo te amara, seguramente, mi nina. -Porque casi no hay mujer a la que no ame, penso para sus adentros.
– Ahora tienes que encontrarle marido a Rosamund, abuela -dijo Meg, con gesto travieso-. Yo se que quiere regresar a su casa, a su amada Friarsgate, cuando yo me vaya al norte a fines del verano.
– En su momento le encontraremos un marido a tu companera. Hay tiempo, y debemos escoger con cuidado.
– Ya lo ves -dijo Meg mas tarde, cuando estaban en la cama-. Eres un premio para darle a alguien, igual que yo. Pero cuando llegue el momento, haz que te permitan elegir. Recuerda lo que dijo mi abuela. Que despues del primer matrimonio, incluso del segundo, una mujer tiene derecho a elegir a su siguiente marido. Recuerdaselo cuando te llegue el momento.
Se quedaron un mes en Richmond, y despues la condesa y sus nietas partieron rumbo a Greenwich. Era la primera vez que Rosamund iba a ese palacio. Como Richmond, estaba sobre el Tamesis, pero aqui ella podia ver los mastiles de las altas naves que recorrian el mundo cuando navegaban rio abajo hacia el mar. El principe Enrique se unio a ellas un tiempo, pues su abuela le habia pedido que fuera. El rey no se separaba del heredero que le quedaba. Era casi como si creyera que con su custodia personal podia proteger al muchacho de cualquier cosa. El Principe incluso dormia en una pequena habitacion a la que solo se Podia entrar pasando por el dormitorio de su padre. A los amigos del joven Enrique su situacion les hacia mucha gracia, pero al principe no. De ahi que un respiro con su maravillosa abuela y sus hermanas fuera muy bienvenido.
La princesa Maria, traida desde Eltham, admiraba a un companero mayor de su hermano, Charles Brandon.
– Un dia me voy a casar con el -dijo, temeraria, pese a sus siete anos. Toda la familia recibio su comentario con mucho humor.
– Las princesas no se casan con caballeros sin titulo, Maria -le dijo, reprendiendola, su abuela-. Se casan con reyes o duques, o con otros principes. El joven Brandon tiene encanto, se nota, pero es un aventurero. No posee tierras ni riqueza. Caramba, que ni a Rosamund se lo daria por esposo. No lo vale.
– Algun dia sera alguien, abuela -respondio Maria, impertinente-. ?Y yo me casare con el!
– ?Juegas al tenis? -le pregunto el principe Enrique a Rosamund una tarde en que estaban sentados mirando el rio.
Rosamund levanto la mirada. Vestia el jubon y la falda verdes con sus mangas de zangala blanca. La condesa dictamino que el luto habia terminado y les regalo trajes nuevos a sus dos nietas y a Rosamund.
– No, Su Alteza, no juego tenis.
– ?Entonces ven, que te enseno! -dijo Enrique, tomandola de la mano para ponerla de pie-. ?Como te vas a quedar ahi, mirando el agua? Yo me aburro.
– A mi me tranquiliza, Su Alteza.
– Te va a gustar el tenis -insistio el, arrastrandola consigo.
Pero a ella no le gusto ese juego brusco, y se tropezo con la falda nueva y, casi de inmediato, se torcio el tobillo cuando salio a correr una pelota impulsada por el.
– ?Ah, si me rompi la falda no te lo perdonare nunca! -exclamo-?Ay! ?No me puedo levantar! -Se encogio de dolor cuando intento incorporarse.
El principe salto sobre la red. Fue a su lado, se agacho y la levanto.
– Te llevare en brazos hasta los departamentos de mi abuela. No te rompiste el traje, Rosamund. Si te lo hubieras roto, yo te habria comprado uno nuevo -le aseguro, galante.
– No tienes dinero -le respondio ella, atrevida.
– ?Y tu como lo sabes? Claro, es mi hermana Meg que habla de mas.
– Me duele el tobillo -se quejo Rosamund.
– Apoya la cabeza en mi hombro y cierra los ojos. Seguramente te lo torciste. ?Sentiste u oiste un chasquido?
– No.
– Entonces no hay nada roto -respondio el. Se detuvo-. Eres ligera como una pluma, mi senora de Friarsgate. Me gusta la sensacion de tenerte en brazos.
Rosamund abrio rapidamente los ojos.
– Eres demasiado atrevido, mi senor principe -lo reprendio-. Recuerda que eres un muchachito, que tengo dos anos mas que tu. Es mas, acabo de cumplir anos.
– Ya te he dicho, Rosamund de Friarsgate, que soy joven de edad, pero tengo el cuerpo de un hombre. Ultimamente creo que tengo las necesidades de un hombre. Ahora, si no me besas no dare otro paso.
– ?Es injusto! ?Es injusto! -exclamo Rosamund, forcejeando. Bajo el jubon, Enrique tenia espaldas amplias, y el pecho contra el que ahora ella golpeaba sus pequenos punos era ancho y firme. La mejilla de el ya no era suave, tenia la sombra de una barba.
– Un besito -lisonjeo el, con una sonrisa picara y un destello divertido en los ojos azules.
Ella suspiro. Era muy halagador, penso Rosamund, ser perseguida asi por un principe joven y tan atractivo.
– Uno solo -dijo por fin-. ?Me juras que sera solo uno, Su Alteza?
– Cuando estamos sin compania puedes llamarme Hal -murmuro el.
– No me diste tu palabra, Hal -dijo Rosamund, tratando de aparentar severidad. El era muy apuesto. Mas apuesto incluso que sir Owein.
El vio la mirada sonadora en los ojos ambarinos.
– Un beso, un dulce beso, mi senora de Friarsgate -le susurro el en el oido y la beso en los labios: las bocas se unieron con ansia.
A Rosamund le latio el corazon con fuerza. Sintio el repentino calor de los dos cuerpos. Su boca se ablando bajo la de el. Suspiro, aflojandose contra el cuerpo del principe, sintiendose segura en el refugio de esos brazos fuertes.
– Ah, que lindo -le dijo suavemente cuando el beso termino. -?Otro? -la tento el con voz baja y seductora.
– Si -dijo ella con otro suspiro de placer y la boca de el volvio a tocar la de ella. Esta vez el pidio mas. Ella sintio que el se sentaba en un banco de piedra cercano. Mas comoda, Rosamund le paso un brazo por la espalda y le acaricio el cuello. El beso se hizo mas profundo. La mano de el le rozo el jubon y, al no recibir una negativa, atrevidamente comenzo a acariciarle los senos-. ?Ah! -exclamo Rosamund, sorprendida.
– Todo esta bien, querida -la tranquilizo el principe-. Los amantes se tocan. -Le pellizco un pezon y la mano fue rapidamente por debajo de la camisa de ella.
Fue como si la hubiera empapado con un cubo de agua helada. Rosamund abrio bruscamente los ojos.
– ?Nosotros no somos amantes! -exclamo-. ?Y que sabes tu de esas cosas, Hal? -Forcejeo para adoptar una posicion mas defensiva, mientras le apartaba la mano de debajo del jubon.
– ?Tu piensas que yo soy virgen como tu, mi adorable senora de Friarsgate? -le pregunto el principe-. Senora,
