minimo. Simplemente queria seducir a una pupila real para poder alardear ante sus amigos. Y lo que le sucediera despues a su victima no seria preocupacion suya. El seria rey de Inglaterra. Los preceptos y codigos morales que seguian los comunes no se aplicaban a el. Rosamund comprendia esto por los pocos meses pasados en la Corte. LOS principes eran la ley para si mismos, y siempre seria asi.

Y el joven Enrique Tudor era, por cierto, una ley para si mismo. Si Owein no los hubiera interrumpido, era seguro que el habria ganado la pasion de la bella Rosamund. Estaba decidido a volver a intentar quebrar sus inocentes defensas. Ella no era tan estupida como el habia creido. A el le sorprendio ver que ella se daba cuenta de que queria seducirla, pero eso hacia el juego mas interesante.

– La tendre -les dijo a sus amigos.

– Dejala, Hal -le aconsejo Charles Brandon, que era unos anos mayor que el principe-. Ahora que se lastimo el tobillo, tu abuela la vigilara de cerca. Puedes estar seguro de que sabe como se lastimo Rosamund. Y sir Owein los vio, o tu piensas que los vio. Es un caballero honorable, y si cree que la muchacha corre peligro, se asegurara de que este protegida. No tienes necesidad de tenerla. Hay tantas deseosas de entretener tu vara joven, fuerte y siempre dispuesta. Damas con esposos viejos que ansian un encuentro lujurioso con un amante vigoroso. Piensalo, Hal -dijo, y sonrio con picardia.

– El hecho de que ella sea menos accesible hace el juego mucho mas fascinante… Y peligroso -dijo el joven lord Richard Neville-. ?Es virgen! Yo creo que nunca tuve a una virgen, aunque, por cierto, espero que mi futura esposa lo sea. Seducir a la muchacha en su propia cama, ante las narices de tu abuela, seria un buen golpe, Hal. ?Si alguien puede hacerlo, ese eres tu!

– ?Hecho, Neville! -dijo lord Percy-. ?Te apuesto una moneda de oro a que no puede!

– Estoy totalmente en desacuerdo -murmuro Charles Brandon-, Pero les guardo las apuestas.

El principe Enrique rio.

– Eres un tonto, apostando contra mi, Percy. No has hecho mas que abrirme el apetito de carne virgen. La cereza de la muchacha sera mia antes de que termine la semana -se jacto.

Uno de los criados del principe estaba con las damas de la condesa.

Se entero de que harian un pequeno crucero por el rio unas tardes despues. Rosamund se quedaria, pues todavia no se le habia curado el tobillo. Estaria sola, a excepcion de unas pocas criadas que pensarian que el travieso del principe estaba sencillamente aprovechando la ausencia de su abuela para jugar a los besos y las caricias con una muchacha bonita. Unas monedas, y se garantizaria su silencio y su ausencia.

Rosamund habia levantado un poco de fiebre y dormia inquieta. Desperto de golpe, sintiendo que los elasticos de soga de la cama cedian bajo el peso de otra persona. Se volvio y se encontro con el rostro sonriente del principe Enrique Tudor.

– ?Hal! -exclamo, sobresaltada-. ?Que haces aqui? ?Tienes que irte enseguida! Esto es muy impropio.

Como respuesta, el la tomo en sus brazos, y murmuro:

– Querida Rosamund, mi dulce dama de Friarsgate, ?te adoro! Tienes que dejarme que te bese, mi amor. Solo un beso y una caricia. Entonces me ire, ?te lo juro! No he hecho mas que pensar en la tarde que pasamos en el jardin privado.

– ?No! Esta vez no me acariciaras, Hal. ?Aun asi, aunque solo te encontraran en mi cama, seria mi ruina! ?Por que eres tan cruel que piensas en tu propio placer? ?No te importo para nada!

– Si, pienso en tu placer, dulce mia. -Sus rapidas manos comenzaron a acariciarle los pechos-. Frutos tan pequenos y tan maduros, que deben ser apreciados como solo yo puedo. Veo tu piel, tan clara, a traves del lino de tu camisa perfumada, Rosamund. -Su cabeza de cabello rubio rojizo se hundio entre sus senos.

Rosamund contuvo el aliento, impresionada por los labios de el sobre su pecho. Le dio vueltas la cabeza con una mezcla de miedo y placer.

– ?No! -grito cuando la mano de el comenzo a meterse por debajo de la camisa-. ?No! -grito con mas fuerza porque el no se detenia. Claro que seria una deshonra para ella, pero no podia permitir que el le robara su tesoro mas preciado, la virtud. Quienquiera que finalmente se casara con ella sabria de su honestidad la noche de su boda. Volvio a gritar, y el le tapo la boca con la mano.

– No grites, mi amor -murmuro el principe-. Solo quiero que seamos felices. Ya veras, Rosamund.

Ella volvio a abrir la boca, pero esta vez los dientes se cerraron en el costado de la mano de el, y mordio con todas sus fuerzas. Enrique Tudor rugio de dolor y rabia. En ese momento la puerta de la alcoba se abrio, y alli estaba sir Owein Meredith, colorado de ira. El principe se bajo de la cama de un salto, paso como una exhalacion junto al otro hombre y salio del aposento sin decir palabra.

Para su propio asombro, Rosamund estallo en sollozos.

– Gracias a Dios que viniste. Creo de verdad que me iba a hacer dano.

– Queria quitarte tu virtud, Rosamund -fue la brusca respuesta.

– ?Como lo sabes? -dijo ella, llorando, nerviosa, apretando la manta contra su pecho.

– Maybel averiguo de boca de las otras mujeres que el hombre del principe habia estado haciendo preguntas. Despues, vio al principe entrar en estos departamentos. Cuando lo siguio discretamente, advirtio que no habia criados a la vista. Se dio cuenta enseguida de cuales eran los designios de nuestro joven principe. Y salio corriendo a buscarme.

– Ah, ?que voy a hacer? -sollozo Rosamund-. Si ese poderoso muchacho esta decidido a tenerme, ?que voy a hacer?

– Yo hablare con la condesa y le explicare lo que ha sucedido. Creo que ya es hora, Rosamund, de que te elijan esposo. Si te dan un esposo, el principe Enrique te dejara en paz, porque habras perdido tu atractivo. No puede haber ningun escandalo, mi senora de Friarsgate, que involucre al principe, porque su futura familia politica de Espana es muy estricta en sus codigos morales. El embajador de Espana vigila y protege con mucho celo la felicidad de la princesa de Aragon.

– ?Me ire a mi casa si me dan un esposo? -dijo ella, con voz temblorosa.

– Depende del hombre que te elijan. Pero despues de lo que estuvo a punto de ocurrir aqui, milady, es obvio que debes tener un esposo que te proteja.

SEGUNDA PARTE

La dama de Friarsgate

CAPITULO 07

Inglaterra 1503-1510

A la manana siguiente, despues de misa, sir Owein Meredith fue a hablar con la condesa de Richmond, cuando ella salia de la capilla, y le dijo, en voz baja:

– Quisiera hablar en privado con usted, senora, sobre un asunto de suma urgencia.

– Lo vere despues de que haya desayunado -respondio la Venerable Margarita, sin detenerse, y siguio rumbo a sus departamentos.

Sus ojos se encontraron por un segundo, el se aparto y fue a buscar a Maybel.

– ?Te explico tu senora lo que sucedio ayer a la tarde? -le pregunto, al encontrarla-. Tu rapidez impidio una farsa.

– Habria que azotarlo -respondio Maybel, indignada-. No me importa que un dia llegue a ser rey de Inglaterra; habria que azotarlo. ?Que clase de hombre, joven o no, se dispone a arruinar a una muchacha inocente, senor? Yo se que sir Hugh, que Dios lo tenga en su gloria, tuvo buenas intenciones cuando confio a mi dulce nina al rey, ?pero como deseo que ya estuvieramos en Friarsgate, a salvo en casa!

– Yo la protegere lo mejor que pueda. Se me ha concedido una audiencia privada con la condesa despues de

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