corazon es tuyo, como te lo he demostrado todas las noches desde que llegaste a casa. -Y la beso.
CAPITULO 10
Owein abrio lentamente la puerta del dormitorio, entro en la habitacion y se sobresalto cuando la puerta se cerro a sus espaldas con un ruido fuerte. Las cortinas estaban corridas sobre las ventanas de plomo. En un extremo de la habitacion habia un gran hogar, donde ardia un hermoso fuego que calentaba el ambiente. La habitacion estaba bien equipada con fuertes muebles de roble; y la gran cama con baldaquino le llamo de inmediato la atencion. Las cortinas de la cama estaban cerradas casi por completo.
– ?Owein? -La voz sono pequena y joven.
– Si, soy yo, Rosamund -le respondio, acercandose a la cama por donde las cortinas se abrian apenas y revelaban a su novia sentada muy derecha contra las almohadas y apretando la manta contra el pecho. Tenia los cabellos sueltos sobre los hombros desnudos.
– Ven a la cama -lo invito ella, ya con un poco mas de voz.
– ?Estas tan impaciente? -bromeo el, comenzando a desvestirse.
– ?Tu no? -replico ella, traviesa.
El rio.
– Para ser virgen, eres una muchacha muy atrevida. -Se quito la ropa lo mas rapido que pudo sin parecer ansioso, aunque la verdad era que si estaba impaciente por reunirse con ella en la cama. Se desvistio de espaldas a Rosamund.
– Ah, que lindo trasero tienes -dijo ella, picara, cuando el se quito la ropa interior-, pero que piernas tan peludas. ?El resto de tu cuerpo es asi de lanudo? Eres como una de mis buenas ovejas.
El se dio vuelta.
– Sere un carnero para tu dulce ovejita. -Ya estaba completamente desnudo.
– ?Ay, Dios! -no pudo contenerse Rosamund al ver a su primer hombre desnudo. Sus ojos ambar lo examinaron de arriba abajo: la espalda ancha, el pecho amplio con su abundante vello dorado, las piernas largas, el…-. ?Ay, Dios! -repitio cuando sus ojos se encontraron con la primera masculinidad que contemplaba en su vida-. Ese es tu… -dejo la frase sin terminar y la mirada seguia alli, fascinada curiosa.
– Si, este es el objeto de tu caida, hermosa. Ahora, hazme un lugar, muchacha, que me estoy congelando, pese al fuego. ?No oyes la lluvia contra las ventanas? Estamos en agosto, pero ya viene el otono.
Ella abrio la manta, se aparto y lo invito a unirse a ella.
– ?Como lo usas? -pregunto, ingenua.
El la abrazo; estaban sentados los dos en la cama.
– A medida que crezca mi deseo por ti, se agrandara -le explico. Comenzo a acariciarle los pequenos senos redondos.
– ?Y despues? -Las manos de el sobre su piel la excitaban.
El se inclino hacia ella y la beso suavemente.
– No nos adelantemos, mi amor. Te prometo que te lo explicare todo a medida que avancemos. -Con el pulgar comenzo a acariciarle un pezon y la abrazo mas fuerte y la apoyo contra las almohadas-. Los senos de una mujer son muy tentadores -le dijo, mientras bajaba la cabeza para besarselos.
Rosamund sintio los labios calientes sobre su piel. El corazon le empezo a latir con mas fuerza. Murmuro bajito, mientras el le lamia primero un pezon y luego el otro. La lengua aterciopelada de el la hizo estremecer. La boca de el se cerro sobre un pezon y comenzo a chupar.
– ?Ah! -La exclamacion de sorpresa se le escapo de los labios.
El levanto la cabeza, tenia los ojos casi humedos con una expresion que ella no conocia.
– ?Eso quiso decir que esta bien? ?O te desagrada? -le pregunto, despacio.
– ?No! ?No! ?Esta bien, muy bien!
El volvio a bajar la cabeza, esta vez dedicandose al otro seno. La boca apreto con mas fuerza el pedacito de carne sensible. Y entonces acaricio suavemente el pezon con los dientes.
– ?Ay, si! -dijo Rosamund, sintiendo ramalazos de un nuevo placer que la inundaba. Los dientes raspaban, pero no la danaban. Se dio cuenta de que lo que el hacia le encantaba. Comenzo a chuparle el otro seno y Rosamund suspiro. Las sensuales acciones de Owein la hacian estremecer. Penso que era placentero y delicioso.
El se dio cuenta que habia una fragancia en ella. Olia a brezo, y era el aroma perfecto para ella. Comenzo a besar esa piel dulce y calida, bajando los labios desde los senos por el torso hasta el vientre. Se sorprendio al notar bajo su boca que ella palpitaba nerviosamente. Se detuvo en el ombligo, sin saber hasta donde podria continuar, pero dandose cuenta, una vez mas, de que ella era joven e inexperta.
Le apoyo la cabeza sobre el vientre y le acaricio el muslo. ?Como le hacia un hombre el amor a una esposa? Volvio a preguntarselo. Si ella hubiera sido mayor, mas experimentada, una prostituta, el se habria sentido mas seguro de si mismo. Pero no era asi. Y ahi radicaba el dilema.
Rosamund noto algo extrano. ?Por que se habia detenido? ?Pasaba algo malo? ?Ella habia hecho algo que no debia?
– ?Que pasa, Owein? -pregunto, bajito-. ?Te he desagradado por mi ignorancia?
Su hermosa voz… La inocente pregunta que hizo lo trajo de vuelta a la realidad.
– No estoy seguro de como actuar contigo -le dijo, francamente-. Nunca le hice el amor a una virgen ni a una esposa, Rosamund.
– ?Y a quien le has hecho el amor? -pregunto ella, con genuina curiosidad y aun tal vez un poco celosa.
– En la Corte las mujeres buscan la diversion… cortesanas o prostitutas -admitio-. Tu eres tan diferente, mi amor. Eres limpia y dulce. Eres mi esposa.
– ?No tienen todas las mujeres los mismos deseos y ansias voluptuosas, Owein?
– No lo se. Me he pasado la vida en el servicio real, Rosamund. Mis encuentros sexuales han sido mas que nada apresurados, y para el unico proposito del placer. Pero tu eres mi esposa. Nuestros encuentros seran para crear hijos, no para deporte o diversion.
– ?Por que no? -pregunto ella-. ?Por que no podemos divertirnos y buscar el gozo mutuo mientras engendramos a nuestros hijos, esposo mio? ?Nuestros hijos no deben provenir del amor? ?Por que la pasion tiene que ser sobria?
– No tiene por que serlo -acepto el, entendiendo la sabiduria de las palabras de ella. Entonces, levanto la cabeza y miro dentro de sus calidos ojos ambar-. Te amo, Rosamund. ?Tu me amas, puedes amarme?
– Todavia no te amo -le dijo ella, honesta-, pero creo que puedo amarte, Owein. ?Tu de veras me amas?
– Si, te amo. Quiza te haya amado desde la primera vez que te vi. Admire lo bien que te comportaste ante la avaricia de tu tio Henry, con Hugh Cabot recien enterrado.
– Tu oportuna llegada me salvo -dijo Rosamund, pensativa.
– Lo se.
– Owein, no quiero seguir hablando. Quiero ser tu mujer esta noche, y quiero conocer los placeres del lecho nupcial. ?Es eso malo?
– No, no lo es. Creo que me alivias, porque estoy locamente enamorado de ti, esposa mia, y comienzo a llenarme de deseo. -Se inclino sobre ella y la beso hasta dejarla sin aliento y sonrojada.
– Quiero tu hombria dentro de mi -susurro ella, ardiente, llenandolo de deseo-. ?Me montaras como monta el carnero a su oveja, Owein?
– Podria, pero no lo hare. La manera mas usual entre un hombre y una mujer es cara a cara. Pero ahora no hagas mas preguntas, Rosamund. Dejame mostrarte cuanto te amo y te deseo. -Comenzo a besarla otra vez, hundiendo su boca en la de ella, haciendo que las lenguas jugaran a las escondidas. El vello rubio del pecho de el rozaba los senos jovenes de ella. Owein percibio las prominencias suaves de ella cediendo ante el peso de el.
Rosamund sintio que la cabeza empezaba a darle vueltas de una manera muy agradable. Notaba un cosquilleo en los pezones ante el roce del vello del pecho de el. Comenzo a acariciarle la nuca, a deslizar los
