vello dorado le cubria las piernas y el pecho, y una delgada franja de vello bajaba hasta el vientre, para entrar en el bosquecillo de rizos dorados que enmarcaban su masculinidad.
– Y tu eres la criatura mas hermosa que yo he visto jamas, milord -le respondio ella, con ternura. Pero, entonces, se ruborizo por la temeridad de sus acciones y se aparto de el, timida de pronto ante este hombre que era su esposo. ?Todas las esposas se comportarian asi con sus senores?
El se acerco desde atras y deslizo un brazo por la cintura de ella para atraerla hacia si. Con la otra mano le cubrio un seno y comenzo a jugar con el pezon. Sus calidos labios le rozaron la nuca, el hombro. Luego comenzo a hablarle bajo al oido y a excitarla con el calor de su respiracion tanto como con las palabras que le susurraba.
– Anoche me preguntaste si hariamos el amor como el carnero y la oveja. Te dije que lo hariamos, pero no la primera vez. Tres veces he entrado en ti, Rosamund. Ahora te mostrare como toma el carnero a la oveja. -Sus dedos se cerraron sobre el seno de ella y apretaron.
Ella casi no podia respirar por el efecto de sus palabras. Se estremezo de excitacion mientras el la llevaba lentamente hacia la mesa que habia junto al fuego.
Cuando ella estuvo con los muslos contra la mesa, el volvio a hablarle al oido.
– Ahora, mi amor, doblate hacia adelante, y agarrate de la mesa. Asi estaras en la posicion de la ovejita en los prados. El voluptuoso carnero te cubrira con su cuerpo, te montara, y su vaina humeda y caliente te penetrara… ?asi! -Se introdujo en ella con un solo movimiento.
Rosamund contuvo el aliento al sentir que el la penetraba tan plenamente. Su miembro estaba tan grande; juraria que vibraba dentro de ella.
– ?Ay, Owein! -gimio, suave-. ?Ay, si! -lo alento cuando el comenzo a moverse dentro de ella. El peso de el le oprimia los senos sobre la mesa. Los dedos de el le apretaban las caderas. Ella gimio de placer cuando el empujo al maximo. Y luego salio casi por completo de su interior con un movimiento lento, sensual y majestuoso de su masculinidad-. ?Por favor! -Ella sentia la excitacion que le crecia por dentro-. ?Ay, por favor, no pares! ?No pares, Owein! -Arqueo la espalda para permitirle a el entrar mas a fondo-. ?Ah! ?Ah! ?Ahhhhhhhhhhhhhh! -exclamo ella. Entonces llego a la cumbre y se desmorono, casi decepcionada de que no hubiera mas.
Su nectar entro como una tromba en el cuerpo ansioso de ella. El no habia pensado rendirse tan facilmente, pero era imposible resistirse a ella. Y ahora lo sabia. Uno le hace el amor a una esposa como le hace el amor a cualquier mujer. Con pasion, con habilidad y, en el caso de Rosamund, con amor. La beso en la oreja y murmuro:
– ?Beee!
Rosamund rio. No podia mas. El le habia hecho el amor de una manera muy excitante, y se sentia maravillosamente.
– Dejame incorporarme, mi amor. Creo que ahora los dos deberemos banarnos. -Sintio que el salia del interior de ella y se incorporaba-. Ven. La tina se enfria. Tu primero, y yo te lavare. -Lo tomo de la mano y lo llevo a la tina de roble redonda.
El se metio y se sento con cuidado.
– No creo que haya lugar para los dos -dijo, con pena.
– No en esta tina, aunque he oido que hay unas mas grandes. ?Le pedimos al tonelero que nos haga una, milord? -Se arrodillo junto a el y comenzo a lavarlo con su pano de franela y una barra de jabon.
– Si, senora, tenemos que pedirle al tonelero que nos haga una tina en la que podamos banarnos juntos. ?Me encanta la idea!
Ella le lavo la cara, mirando dentro de sus ojos y sintiendo que se le derretia el corazon. ?Era posible que amara a ese hombre? Por cierto que le gustaba mucho, y hacian el amor de una manera maravillosa. Claro que ella no tenia como comparar, pero el le proporcionaba un placer tan increible que seguramente eso significaba algo. ?No? Rosamund le paso el pano por el pecho. Le lavo los brazos largos y la gran espalda, el cuello y las orejas.
– Tienes que lavarte tu las piernas y los pies, porque temo que, si lo hago yo, derramaremos agua en el piso en nuestro entusiasmo. -Le dio el pano.
– Estoy de acuerdo -dijo el, y lo tomo.
Ella espero con paciencia a que el hubiera terminado y, cuando el se puso de pie, lo envolvio en una toalla caliente.
– Secate tu, que se me enfriara el agua -le dijo. Entonces se metio en la tina y comenzo a lavarse rapido, porque de verdad el agua se enfriaba. Cuando termino y se incorporo, Owein la envolvio en otra toalla caliente que tomo de un perchero que habia junto al fuego. Rosamund bostezo mientras el la secaba.
– Ahora dormiremos un rato. Hace apenas una semana que estamos en casa, y tu no estas acostumbrada a tanto viaje, mi amor. -La levanto, la metio en la cama y se introdujo el tambien.
– Si, mi senor, estoy cansada -admitio ella, se acurruco en la curva del brazo de el y se quedo dormida.
Para cuando despertaron era muy entrada la tarde, y fue por un discreto golpear a la puerta del dormitorio.
Maybel asomo la cabeza por la puerta abierta.
– Ah, bien, ya estan despiertos -dijo, al parecer, en absoluto sorprendida de encontrar al senor de la casa con su esposa-. ?Van a bajar a la sala a comer o traigo la comida aqui arriba?
– Yo bajare, pero mi senora debe permanecer en la cama y descansar. Traele una bandeja con algo nutritivo.
– Mandare a una de las muchachas, y tambien a los criados a vaciar 'a tina y guardarla. -Se fue y cerro la puerta tras ella.
– Ya descanse -rezongo Rosamund.
– No, mi amor, no descansaste nada. -El abrio el baul que habia los pies de la cama y saco una delicada camisa de lino, que le alcanzo su esposa-. Ponte esto, Rosamund. No debes estar desvestida bajo las mantas cuando lleguen los criados a retirar la tina. -Se vestia mientras hablaba.
Ella obedecio, sumisa, dandose cuenta de que el habia comenzado a cuidarla como lo haria un esposo. Y eso la confortaba.
– Dame mi cepillo -dijo ella y, cuando el se lo hubo alcanzado comenzo a pasarselo por sus largos mechones. Luego los peino en una sola trenza y la ato con una cinta azul que encontro en el bolsillo de la camisa-. ?Estoy lo suficientemente respetable ahora para recibir a los criados? -bromeo.
– Salvo por esa expresion de satisfaccion en los ojos y por la boca algo machucada, si. Creo que me quedare hasta que se hayan ido los criados.
– ?Entonces estas celoso, senor mio? -coqueteo ella.
– Estoy celoso de cada minuto de tu vida que no hemos compartido, Rosamund.
– ?Ah! -El la conmovia; era tan romantico, algo que ella no habria esperado cuando lo conocio-. No eres el hombre que yo imaginaba.
– ?Estas decepcionada?
– ?No! ?Eres maravilloso, Owein Meredith!
– Nunca pense que algun dia una mujer me pondria tan tonto -admitio Owein-, pero me temo que tu me has convertido en un tonto redomado, mi amor. Te amo sin limites y quiero que algun dia tu me ames tambien.
– Asi sera -le prometio ella-. Creo que ya me estoy enamorando de ti, esposo. ?Como no amar a un hombre que ha sido tan delicado y bondadoso conmigo? Un hombre que respeta mi humilde posicion como senora de Friarsgate. Eres unico, y muy parecido a como habria sido Hugh Cabot de haber sido mas joven.
– Vaya con el elogio -respondio Owein con una sonrisa -Se cuanto querias a sir Hugh. Se cuanto lo respetabas. ?Te ofenderias si te digo que creo que su espiritu esta en esta casa, y que me parece que me ha aprobado?
– No, yo siento lo mismo, y tambien creo que te aprueba.
Rosamund se encontraba en un mundo nuevo. Era una mujer casada, como tantas otras. Los dias se hicieron semanas y las semanas, meses. Se recogio la cosecha. Se trillo el grano, que ahora estaba guardado en los graneros de piedra. Se recogieron las manzanas y las peras. Los arrendatarios de la finca se sorprendieron cuando sir Owein se trepo a la copa de cada uno de los arboles del huerto a cosechar la fruta de las ramas mas altas. En el pasado, esa fruta se dejaba pudrir o caer al suelo para que se la comieran los animales.
