que el rey esta considerando otra alianza para su hijo.

– ?Con quien?

– Con su sobrina, la princesa Leonor.

Catalina de Aragon sacudio la cabeza, desolada.

– Es una nina, que Dios la ayude. Pero es tipico de mi cunado complicarse en semejante negociacion. Sabia que odiaba a mi padre, pero no pense que lo odiara tanto como para perjudicarme a mi. ?Y Juana! ?Mi pobre hermana loca! Es tan celosa de Felipe que lo ha apartado de ella con sus sospechas. Una esposa debe pasar por alto los pequenos pecados de su esposo, a pesar de su propio orgullo. Mi hermana no entiende que ser la esposa del archiduque la hace importante, y que ninguna amante puede quitarle eso. ?Sabe si se ha firmado algo?

– No que yo sepa, pero no pueden firmar nada a menos que se repudie su compromiso con el principe Enrique -le recordo Owein, para darle esperanzas.

Catalina sacudio la cabeza, con pena.

– Estoy en una situacion tan dificil. El rey Enrique me considera comprometida, pero a su hijo lo considera libre. No se que hare si se me repudia.

– ?No sucedera tal cosa! -dijo, energico, Owein Meredith-.Es su hermana quien heredo Aragon, no el archiduque Felipe, Su Alteza. Su padre encontrara la manera de dar satisfaccion. Seguramente podra razonar con la reina Juana sobre este asunto. Todo se compondra, ?estoy seguro! Rogamos por usted en Friarsgate y continuaremos haciendolo.

– Es extrano que una muchacha sin importancia de Cumbria y su esposo caballero sean mis defensores. Tengo pocos amigos aqui, sir Owein. Me causa gran satisfaccion que ustedes esten de mi parte, aunque lejos.

– Algun dia usted sera reina de Inglaterra. Una reina Tudor. Desde los seis anos he servido a los Tudor y tambien la servire a usted. Rosamund hara lo propio. -Se arrodillo y volvio a besarle la mano-. El rey Enrique puede ser severo y se, por mis amigos, que no esta bien. Pero no es ningun tonto. El arreglo que hizo con sus padres al final prevalecera. De eso estoy seguro. -Se puso de pie-. Con su permiso, ahora me retirare. El viaje ha sido largo y quisiera ver a algunos amigos antes de volver a casa a Friarsgate. -Se inclino ante ella.

– Venga a verme una vez mas antes de irse -dijo ella, y el asintio.

Owein dejo los apartamentos de la princesa y busco a algunos de sus antiguos companeros. Estos se alegraron de verlo y bromearon con el, porque hasta el momento solo habia procreado ninas. Pero, con unas copas de vino por delante, se pusieron a hablar, y Owein se entero de que las cosas eran peores de lo que el habia imaginado para la pobre princesa. Catalina de Aragon estaba virtualmente en la miseria. El rey habia suspendido por completo su salario. Vivia con la Corte porque ya no podia mantenerse en la Casa Durham, que pertenecia al obispo de Londres.

Antes de verse obligada a dejar la casa tuvo que economizar hasta tal punto que sus criados debian comprar pescado, carne y verduras del dia anterior en el mercado. Varias de las muchachas que habian llegado con ella desde Espana con la esperanza de encontrar buenos matrimonios ingleses, habian sido devueltas a casa porque la princesa no podia mantenerlas, y mucho menos darles una dote. Maria de Salinas se habia negado a dejar a su amiga. Catalina estaba endeudada con varios mercaderes londinenses, que no tenian el menor empacho en exigirle el pago. Se decia que a Catalina le desagradaba el doctor De Puebla, el embajador espanol. Preferia al otro enviado de Espana, Hernan, duque de Estrada, que era compasivo con la princesa y le escribia al rey en su nombre, aunque esto no servia absolutamente de nada.

La princesa, le contaron a Owein sus amigos, estaba constantemente enferma, con una dolencia u otra. Sufria de fiebres tercianas, flujos irregulares y dolores de cabeza que la dejaban tan debil que con frecuencia no podia levantarse de la cama ni abandonar su habitacion durante dias. No estaba bien de los nervios y sufria de depresion. Sintiendose sola y virtualmente sin amigos, a menudo se encontraba al borde del colapso. Los amigos de Owein se preguntaban si en realidad era la esposa adecuada para el principe Enrique.

– ?Sera capaz una muchacha tan sensible de hacer principes para Inglaterra? -dijo uno, con crudeza-. Ademas, a los diecinueve anos, ya esta crecidita. Tal vez el rey tenga razon cuando habla de buscar a una muchacha mas joven.

– La princesa Catalina sera una buena reina de Inglaterra algun dia -dijo Owein, leal-. Todavia es joven, y sospecho que al principe le vendra mejor una esposa algo mayor que el.

– Tendrias que verlo. De un muchacho alto se ha convertido en un hombre corpulento. Mira, Owein, mide mas de uno metro noventa y los brazos y las piernas son como troncos de arbol. Tiene el cuerpo de un hombre, pero la cabeza aun es la de un nino. El rey casi no le da oportunidad de reinar. Al menos a Arturo, que Dios lo tenga en su gloria, lo enviaron a Gales a aprender caballeria. El rey no quiere separarse del principe Hal. Lo tiene con la rienda corta.

– No tanto que el principe no levante alguna falda que otra de vez en cuando -bromeo un tercero-. Tiene el apetito de un satiro por la carne femenina. Si la princesa se casa con el, tendra que mirar para otro lado cuando a Su Alteza se le escapen los ojos, lo que sucedera con frecuencia, sin duda.

– Seria de esperar que el principe Hal no hiciera un espectaculo publico -opino Owein-. La princesa es una muchacha orgullosa.

Se quedo bebiendo y enterandose de las novedades de la Corte con sus amigos hasta que todos se acostaron para pasar la noche en la sala del rey. Por la manana, con un poco de dolor de cabeza, fue a ver a la princesa Catalina para despedirse.

– Por favor, digale a Rosamund que siga escribiendome, sir Owein. Me gustan sus cartas, tan plenas de los detalles domesticos, con noticias de Friarsgate y de sus hijas. Y paseme cualquier informacion que obtenga de sus amigos de aqui.

– Soy el leal sirviente de Su Alteza -dijo Owein Meredith, mientras se inclinaba y besaba la mano real una ultima vez antes de retirarse.

Durante los dias siguientes, apuro su caballo en direccion sur. El sol primaveral le alegraba el camino y pensaba en Rosamund. Casi no podia esperar para contarle todas las novedades. Ella se apenaria por la situacion dificil de Catalina de Aragon, pero seguirian ayudando a la princesa lo mas que pudieran. Owein creia firmemente que Catalina algun dia seria reina de Inglaterra, y la muchacha no era una persona que olvidara a sus amigos.

Al fin, su caballo llego a las colinas desde donde se dominaba Friarsgate. El lago, abajo, era de un azul brillante bajo el sol de fines de mayo. Las colinas verdes estaban salpicadas con ovejas y los prado se cubrian de vacas y caballos. Vio a los arrendatarios que trabajaban en el campo y cuidaban las nuevas cosechas de grano y vegetales. Hizo avanzar al caballo con lentitud colina abajo, sabiendo que su esposa y sus hijas lo esperaban ese dia, y estaba feliz de volver a casa.

Un peon del establo se acerco a tomar el caballo cuando el desmonto.

– Dale una buena cepillada, Tom, y una racion extra de avena. Ha recorrido un largo trecho las dos ultimas semanas -ordeno Owein-. Y despues sueltalo en el prado, para que retoce a gusto.

– Si, milord, ?y bienvenido a casa!

Owein se dirigio a su casa. Avisada por una criada, Rosamund corrio a recibirlo, le echo los brazos al cuello y lo beso con gran entusiasmo.

Riendo, Owein la levanto y la llevo hasta la sala, donde la deposito con suavidad en el suelo.

– Por Dios, milady, que buen recibimiento. ?Tanto se me ha extranado? -Pero estaba muy contento, porque era la primera vez que se habian separado desde que se casaron.

Ella lo miro a los ojos, y los suyos resplandecian con el amor que sentia por el.

– ?Si, milord, se te ha extranado mucho! -le dijo.

– ?Papa! ?Papa! -Owein sintio un insistente tironeo del jubon.

Miro hacia abajo y vio a Philippa. Se inclino y la levanto con una sonrisa.

– ?Como esta la princesita de papa? -le pregunto, al tiempo que besaba su mejilla rosada-. ?Te portaste bien, Philippa, y ayudaste a mama con la hermanita?

Philippa miro a su padre y dijo, en su media lengua:

– Si. -Fruncio el entrecejo-. Bannie tiene olor.

– A veces los ninos pequenitos tienen olor, si, pero tu hermanita no tiene olor siempre, ?no? Dime la verdad.

– No -dijo Philippa con reticencia.

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