Owein bajo a su hija.

– ?Ya estamos con rivalidades? -le pregunto a su esposa mientras Philippa se iba, caminando a los tumbos y con un brillo en los ojos, consta de que su padre la hubiera levantado y escuchado.

– Necesitamos otra. Eso pondra fin a la historia. -Le sonrio, seductora-. ?Y usted me extrano, milord?

– ?La criatura acaba de salirle del vientre y usted ya quiere otra milady? -bromeo el-. Creo que tendriamos que esperar un poco.

– Necesitamos un varon.

– Cuando Dios lo disponga. Ahora, mujer, ?donde esta mi cena? He comido casi todas porquerias desde que sali de aqui. Estoy cansado y muerto de hambre.

– Enseguida, milord -respondio ella, y llamo a los criados para que trajeran la comida-. Y apenas hayas comido me contaras todo lo que has visto y oido.

El asintio y se sento a la mesa principal.

Le llevaron un pollo, dorado y relleno con pan, manzanas, cebollas y apio. Una linda trucha, cortada, servida sobre un lecho de un berro fresco. Habia un recipiente con guisado de cordero: los pedazos de carne flotaban en una salsa cremosa con cebada, rodajas de zanahorias y puerros dulces. Llevaron pan casero caliente, manteca dulce y una tajada de queso amarillo. Los dos comieron con apetito, sopando la salsa del guisado con el pan. Vaciaron varias copas de cerveza. Y cuando se hubieron saciado, aparecio un criado con un recipiente con frutillas y otro con crema batida.

– Ahora -dijo el, metiendo una frutilla en la crema y dejandola caer en la boca-, te contare todo, mi amor.

Rosamund escucho, sin interrumpirlo, hasta que concluyo el relato.

– La pobre Kate tiene menos control sobre su vida que nosotros -se apeno Rosamund-. Es una princesa, a mi no se me hubiera ocurrido que esto fuera posible. No puedo creer que el rey sea tan cruel. ?Que clase de ejemplo le da al principe?

– No es cruel deliberadamente -explico Owein-. El y el Rey Fernando despliegan sus juegos de poder. Es como el ajedrez. Por desgracia, la princesa es su unico peon y sufre en consecuencia.

– Tenemos que seguir ayudandola, Owein. Nosotros tenemos tanto, tu y yo, aqui en Friarsgate. Ella no tiene mas que sus esperanzas porque no disponemos de mucho en efectivo, porque aqui en el campo uno vive del trueque, pero debemos conseguir dinero para enviarle en cuanto podamos. Por favor, no me niegues esto. -Lo miro con ansiedad.

– Tu eres la senora de Friarsgate, mi amor, yo no soy mas que tu esposo. Pero pensamos igual en este asunto, Rosamund. En el otono vendra alguien de visita de parte de la princesa Catalina. Y volvera con lo que podamos enviarle.

– ?Si! Podemos vender algunos corderos o dos vaquillonas. Hay un potrillo en el prado que todavia no ha sido castrado y que nos dara una buena ganancia, porque es hijo de Danzarin de las Sombras, el mejor padrillo de caballos de guerra que hubo todo el norte de Inglaterra. Yo le puse Papamonta, porque es identico a su padre. Si hacemos correr la voz de que lo tenemos en venta, podemos sacarle buen dinero para enviarle a la princesa Catalina -dijo Rosamund, con entusiasmo-. Ese caballo nos puede dar mucho.

– Que pase el verano en nuestras pasturas, engordando -sugirio Owein-. Lo venderemos despues de Lammas.

Ella asintio.

– Es un buen plan -y agrego-: tienes que darte un bano, porque apestas al camino. Ire a preparartelo ahora. Maybel vendra a buscarte.

– Tal vez usted desee acompanarme, milady -dijo el, en voz baja-. Esa linda tina que nos hizo el tonelero nos ha visto muy poco en los ultimos meses. Ahora que Banon nacio, podemos volver a usarla. -La oyo reir entre dientes, mientras se iba de la sala. Los ojos de el se dirigieron a sus hijas. Philippa jugaba en el suelo bajo la mirada vigilante de su nodriza. Ya habia cumplido dos anos y era muy activa. Tenia los cabellos rojizos de Rosamund, pero los ojos azules que tenia al nacer estaban cambiando al verde avellana de el. Junto al fuego, el pie de la nodriza hamacaba ritmicamente la cuna de Banon. El conocia poco de esta segunda hija suya, mas que su caracter animado.

Rosamund parecia ser una buena reproductora. Sus embarazos eran faciles, con pocos malestares. Daba a luz rapidamente y sin grandes dificultades. Las ninas se veian sanas. Pero ella queria darle un hijo varon y la verdad era que el tambien lo deseaba. Pero jamas lo admitiria, porque conocia bien a su esposa. Rosamund lo amaba tanto como el a ella. Si el decia que queria un varon, ella intentaria engendrarlo hasta que lo tuviera o ya no pudiera concebir. Owein Meredith no era ningun tonto Sabia que demasiados hijos podian matar a una mujer. Su madre habia muerto asi. Preferia toda la vida tener a su dulce Rosamund antes que un hijo varon.

Maybel interrumpio sus pensamientos.

– Tu bano esta listo, milord. Todavia no tuve la oportunidad de darte la bienvenida a casa, pero lo hago ahora.

– Maybel -dijo el, sin mas-, ?como se hace para impedir que una mujer conciba un nino?

– ?Milord! Eso esta prohibido.

– Si, pero se que hay maneras, y sospecho que tu las conoces. Escuchame, Rosamund quiere darme un hijo varon, pero yo pienso que tener un hijo tan seguido de Banon podria hacerle dano a mi esposa. ?Puedes ayudarme, Maybel?

– Yo se que no refrenaras tus pasiones -dijo Maybel, en voz baja, con un brillo en los ojos.

– Es que esa muchacha no me deja en paz -dijo el, bromeando-, y yo reconozco que tengo debilidad por ella.

Maybel rio, pero enseguida se puso seria.

– No te enojes, milord, te lo ruego, pero yo ya eche mano del asunto. Lo hice despues del nacimiento de Philippa. Rosamund no lo sabe, pero debe descansar entre un embarazo y otro, y ella no lo haria si la cuestion quedara en sus manos. Todos los dias le doy una bebida, un tonico, que ella toma porque confia en mi. En realidad, es un preparado que hago con semillas de zanahoria silvestre y un poquito de miel para quitarle el dejo amargo. Eso deberia hacer que tu semilla cayera en terreno yermo, milord. Un hijo cada dos anos es mas que suficiente. Algun dia debemos tener un hijo varon para Friarsgate.

– De acuerdo, pero no demasiado pronto. -Le sonrio a Maybel. Me ire a tomar mi bano con la tranquilidad de que podremos amarnos, pues no debo negarle nada a mi muchacha, traviesa como es.

– Es el mismo espiritu que la mantuvo a salvo de su tio Henry y sus maquinaciones -respondio Maybel, devolviendole la sonrisa a Owein.

El corrio escaleras arriba, a su dormitorio. Al entrar encontro a su esposa esperandolo. Cerro la puerta y le paso el cerrojo.

– Entonces ?me vas a acompanar, milady? No me respondiste cuando te lo pedi en la sala. -Se sento y tendio hacia ella el pie calzado con la bota.

Rosamund le saco las botas y le quito las medias tejidas. Entonces, fruncio la nariz.

– ?Jesus, Maria y Jose! Nunca oli algo tan horrible y, en respuesta a tu pregunta, milord, si, te acompanare. ?Como, si no, podria restregarte para sacarte la mugre del cuerpo y quitarte los piojos que seguro te contagiaste en la Corte? Te imagino en la sala del rey con tus amigotes, bebiendo y hablando toda la noche. Si mal no recuerdo, tus companeros no son demasiado exigentes en lo que hace al cuidado personal.

– Un caballero no tiene muchas oportunidades de banarse -admitio el mientras ella lo desvestia.

– ?Viste al principe Enrique?

– En la sala, despues de la cena, si, pero no hable con el, mi amor. Esta hecho todo un hombre: alto, de huesos grandes, y muy parecido a su abuelo, el rey Eduardo IV, dicen. Es muy bien parecido, con la piel tan clara como una doncella, sus cabellos dorados y los ojos azules brillantes. Se parece mucho a su fallecido hermano, Arturo, aunque este no tenia la estatura, la imponencia ni la buena salud de Enrique. Es muy bullicioso e inteligente. La gente lo adora. Es tanto el amor que sienten Por el como el desagrado hacia el padre.

– Metete en la tina -le ordeno ella, y el obedecio. Ella se quito la camisa y se introdujo con el en el agua caliente.

– Tienes que besarme antes de cepillarme -dijo el, con una pequena sonrisa-. ?Dios! El agua esta preciosa, mi amor. Nadie prepara los banos como tu. -Olio-. ?Brezo blanco?

– No te quedara el aroma, pero, considerando el viaje que hiciste, pense que seria bueno agregar un poco de

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