nuevo puesto de embajadora de Espana volvio a elevar su condicion en la Corte de Enrique. Durante un tiempo breve volvio a tener el favor de la Corte.
Como era de buen corazon, leal y carente de malicia, la princesa habia aprendido, por fin, la dura leccion de que la moralidad que practicaban los hombres, buenos o malos, era muy diferente de la de las mujeres. Se volvio mas segura en su trato con el rey, seduciendolo en un momento, aprendiendo a mirarlo a la cara y a mentirle de la misma manera. El rey, incluso, comenzo a darle un pequeno salario a la princesa, otra vez, pero la buena voluntad no duro mucho.
Enrique Tudor se dio cuenta rapidamente de que el rey Fernando no tenia la menor intencion de entregar Castilla, ni a Juana, que a esa altura estaba completamente loca y encerrada. Comenzo entonces a buscar otra esposa. La estrella de Catalina cayo muy bajo otra vez. El rey volvio a intentar casar al principe Enrique con Leonor de Austria, pero las negociaciones fracasaron pronto.
Entonces, volvio los ojos a Francia en busca de una novia para su hijo, pero, al comenzar el ano 1509, el rey enfermo. Un grupo de sus nobles le rogo que honrase el arreglo con Catalina. Al fin, se decidio que se pagaria el resto de la dote. El estaba enfermo, y ellos temian por la sucesion si el principe no se casaba en breve y no producia herederos para Inglaterra de inmediato. Convencido por su madre, la Venerable Margarita, de que enfermaba mas con cada dia que pasaba, el rey acepto considerar la posibilidad. Pero ahora se hablaba seriamente de que Catalina regresaria a Espana a esperar otro matrimonio. Tenia veintitres anos: un poco vieja para tener herederos.
Catalina estaba otra vez en aprietos economicos. La tension en su pequena casa era feroz. Al fin habia despedido a dona Elvira, pero ahora no habia nadie que administrara su casa. Su chambelan era insolente e impertinente con ella, que no podia despedirlo porque no tenia para Pagarle. Su confesor, fray Diego, un franciscano de una inmensa belleza, tenia una influencia excesiva sobre ella y una reputacion de lujurioso entre las damas de la Corte. Catalina no aceptaba ningun comentario contra el, porque lo adoraba, y estaba decididamente embelesada con el. El nuevo embajador espanol, don Guitier Gomez de Fuensalida, noto la aterradora dependencia de la princesa del joven sacerdote. Le escribio al rey transmitiendole su preocupacion. Le pedia que reemplazara a fray Diego y le enviara a la princesa un confesor viejo… Y honesto.
Al enterarse de la correspondencia del embajador con su padre, la princesa le dio la espalda. Ante la insistencia de ella, el rey ordeno que el embajador volviera a Espana, y entonces Catalina se negaba a hacer nada sin el consentimiento de su confesor. El 22 de abril, finalmente, Enrique VII murio, en Richmond. Despues del funeral, la Corte se mudo a Greenwich, y las intenciones del nuevo rey pronto quedaron bien en claro. Queria honrar su compromiso con Catalina de Aragon, aunque vacilo algunos dias, preocupado por su conciencia. ?Cometeria un pecado, se preguntaba, casandose con la viuda de su hermano? Algunos hombres de la Iglesia no aprobaban la dispensa, pero, como senalo el rey Fernando, dos hermanas de Catalina se habian casado con el mismo rey de Portugal y las dos le habian dado hijos sanos.
El Consejo del rey insto al nuevo soberano a casarse con la princesa. Pese a sus dudas, el admitio que amaba a Catalina y que la deseaba mas que a cualquier otra mujer. La habia admirado desde los diez anos, y ahora tenia dieciocho. La respetaba y consideraba admirable el coraje de ella en los ultimos cinco anos. La Venerable Margarita estuvo de acuerdo, y su influencia sobre el joven rey era considerable. Sin mas vacilacion, Enrique le propuso matrimonio a Catalina. Se casaron en privado el 11 de junio en los departamentos de ella.
Rosamund leia la misiva y las lagrimas le caian por las mejillas.
– Transmitele a la reina -le dijo al mensajero real- que lo poco que hice no merece pago. Fue un honor para mi servirla. Volvere a hacerlo si se me presenta la oportunidad. ?Le repetiras exactamente mis palabras? No las escribire, porque si las escribo las vera un secretario y nada mas.
– Se lo dire, milady -aseguro el mensajero-. Si me permite decirlo, extranare mis visitas a Friarsgate. He disfrutado viendo crecer a sus hijas. Que Dios las proteja siempre. -Hizo una reverencia.
– Gracias.
– Ha terminado, entonces -dijo Owein esa noche, en la cama- El Enrique a quien servi esta muerto y enterrado. El joven rey ha hecho lo honorable y se ha casado con la princesa Catalina. Ahora solo tenemos que esperar los herederos.
– Y hablando de heredero -le murmuro Rosamund al oido-, ya es hora de que tratemos de hacer un hijo varon, esposo mio. -Le mordisqueo la oreja, traviesa.
– Bessie tiene apenas un ano -objeto el-. Es demasiado pronto.
– Ya tengo veinte anos, Owein. Tengamos uno o dos hijos varones y no hablare mas de maternidades. Ademas, la criatura no naceria hasta el ano que viene y, para entonces, Bessie tendra dos. Ya es tiempo -Lo miro fijamente-. ?Ya no me deseas, esposo mio?
– Milady, usted se esta convirtiendo en una mujer muy perversa.
– Es obvio que debo serlo si quiero despertar tu pasion, Owein. -Y lo asombro montandose sobre el-. Si un hombre puede montar a una mujer, ?por que una mujer no puede montar a un hombre? -inquirio, ante el rostro asombrado de el.
El lo penso y, al cabo de un momento, comenzo a acariciarle los senos.
– No conozco nada que lo prohiba -respondio, pensativo. Sus pulgares le acariciaban los pezones.
Era asombrosa la delicia que sentia siempre que el jugaba con sus senos. Se movio sobre el.
– Recuerdo que te dije que tenemos que hacer algo diferente si queremos tener un hijo varon. Tal vez este sea el hechizo para nosotros. -Se inclino y rozo con los labios la boca de el. -Tu seras mi caballo y yo tu jinete.
Esta actitud de ella, novedosa y osada, era muy excitante. El nunca habia imaginado a su dulce Rosamund tan atrevida y directa. Ella siempre habia aceptado con placer los avances de el, acostada de buena gana debajo de su esposo, recibiendo el inmenso gozo que se daban mutuamente, pero sin hacer mucho mas. El sintio que se endurecia con una rapidez asombrosa. Por un momento, cerro los ojos y simplemente disfruto la sensacion, pero volvio a abrirlos y estiro la mano para acariciarle la joya del placer con la yema del dedo y, al encontrar que ella ya estaba mojada con su propia lujuria, echo a reir. Las manos se afirmaron alrededor de la cintura de ella, la levanto y la bajo, de modo que ella quedo clavada. El gimio cuando la calidez de ella lo invadio, y comenzo a luchar para poder controlar su propio deseo.
Entro con mucha facilidad en ella. Rosamund se paso la lengua por los labios secos y, apoyandose en las manos, se echo hacia atras, disfrutando sin verguenza alguna de sentirlo adentro. Luego apreto los muslos contra el y comenzo a cabalgarlo, despacio al principio, y a medida que la excitacion crecia, aumento el ritmo hasta que ya no pudo reprimir los gemidos de placer que pujaban por salir de su garganta. De pronto, Owein lanzo un grito y ella sintio los jugos de el que inundaban su cuerpo ansioso. Se dejo caer sobre el ancho pecho de hombre, agotada y proxima a las lagrimas. ?Por fin habian hecho un hijo varon! ?Lo sabia!
El la envolvio con sus brazos.
– Caramba con mi osada esposa, mi Rosamund, mi bonita esposa Te amo.
– Lo se. ?No es una suerte que yo tambien te ame, mi Owein?
El sintio las lagrimas de ella sobre su pecho y sonrio para sus adentros. No le importaba si ella le daba un hijo varon o no. Le bastaba con estar con ella. Su dulce rosa. Su verdadero amor. Ella se quedo dormida sobre el, que la hizo girar con delicadeza sobre el colchon, y trajo la manta para cubrir a ambos, sin dejar de sonreir al mirarla. Era tan herniosa. Se entendia que el principe hubiera querido seducirla anos atras. El tambien lo habia deseado, a decir la verdad, solo que su codigo de comportamiento caballeresco no le permitia deshonrar a una nina inocente. A ninguna nina. Owein cerro los ojos y se quedo dormido. Gracias a la bondad de la reina de los escoceses y a su abuela, el habia recibido a la hermosa Rosamund y siempre estaria agradecido.
Para Lammas, Rosamund se entero de que estaba encinta, y esa vez el embarazo fue muy diferente. Durante varios meses tuvo el vientre muy sensible a cualquier cosa, sobre todo al aroma de carne asada. El menor olor la hacia vomitar lo que tuviera en el estomago. Y despues, con la misma velocidad, volvia a sentirse bien. El vientre le crecia dia a dia. Nunca habia estado tan grande con las ninas, pero, como le decia ella misma a todo el mundo,
