este era su primer varon. Lo llamaria Hugh, por su segundo esposo.
– A Henry no le hara gracia semejante recordatorio -dijo Edmund Bolton, riendo, un dia en que estaban sentados en la sala con una tormenta de febrero golpeando las ventanas. El fuego crepitaba en el hogar.
– No puedo ponerle Henry a mi hijo -dijo Rosamund, tomando un petalo de rosa azucarado que habia preparado el verano anterior.
– Tambien debes pensar un nombre de nina -dijo Maybel.
– No es una nina -dijo Rosamund, con firmeza.
– Sera lo que Dios quiera, Rosamund -respondio Maybel-. Elige un nombre de nina, por las dudas.
Pero Rosamund no podia ni queria.
– Es Hugh -les dijo, implacable.
Pocos dias despues, Rosamund entro en trabajo de parto.
– ?Es demasiado pronto! ?Ay, Dios! ?Es demasiado pronto! -Cavo de rodillas, doblada con el terrible dolor que la aquejaba.
Owein tomo a su mujer y la acuno en sus brazos mientras los criados corrian a buscar la silla de parir. Rompio en aguas, y ambos se empaparon, pero el no la dejo, sino que se quedo de rodillas a su lado habiendole con dulzura mientras ella trabajaba para dar a luz al nino que llevaba en las entranas. El le humedecia los labios con un pano mojado en vino. Le besaba la frente y le secaba las gotas de transpiracion que la empapaban. Y Rosamund lloraba, porque, asi como habia sabido que esta criatura era un varon, tambien tenia certeza, instintivamente, que lo perderia sin siquiera conocerlo. Le partio el corazon, pero no estaba preparada cuando el bebe, perfectamente formado, salio de su cuerpo en una bocanada de fluido sanguinolento, con el cordon alrededor del cuello, el cuerpito y la carita azules. El nino no emitio sonido, y Maybel, con las lagrimas corriendo por sus mejillas, sacudio la cabeza.
– Esta muerto, pobre criaturita -dijo. Y agrego, tratando de suavizar la tragedia-: Pero tu viviras, mi querida, y le daras otro heredero a Friarsgate.
– Dejame verlo -pidio Rosamund-. Dejame ver a mi Hugh.
Maybel le limpio la sangre al bebe, lo envolvio en una faja blanca y se lo dio a Rosamund.
La doliente madre miro al nino en sus brazos. La criatura era la viva imagen de su padre; sus rasgos diminutos imitaban a la perfeccion los de Owein: una pelusita identica al cabello rubio del padre sobre la cabecita redonda, las pestanas color arena, casi invisibles, sobre las mejillas. Las lagrimas mudas de Rosamund cayeron sobre el pequeno cuerpito» lo tenia apretado contra sus pechos doloridos. Maybel habia cortado e cordon que tenia enrollado al cuello, pero el nino seguia azulado.
Maybel tendio los brazos para tomar al nino, pero Rosamund la miro con furia.
– Todavia no. Todavia no.
Por fin Owein dijo, en voz baja.
– Dame a mi hijo, Rosamund -entonces ella beso la frente fria del nino y se lo entrego a su padre. Owein miro la pequena humanidad que tenia en brazos-. Es perfecto y, a pesar de que nacio un mes antes, es casi tan grande como sus hermanas al nacer. Hicimos un hermoso nino, mi amor. Haremos otro, te lo prometo. -Y le entrego la criatura al joven sacerdote.
– Lo bautizare, milady, antes de que lo enterremos -dijo suavemente el padre Mata-. Se que es Hugh.
Ella asintio y pregunto, con tristeza:
– ?Como puede enterrarlo, con tanta nieve en el suelo, padre?
– La tierra es mas blanda junto a la iglesia, milady.
Rosamund volvio a asentir.
– Vaya, entonces -fue todo lo que dijo.
El sacerdote salio de la sala con el nino muerto.
– ?Por que no puedo darte un hijo? -dijo Rosamund, desolada.
– Me has dado un hijo -respondio Owein.
– ?Pero esta muerto! ?Nuestro hijo esta muerto!
El la abrazo y la dejo llorar hasta que no le quedaron lagrimas. Tenia los ojos hinchados, casi cerrados por la sal de las lagrimas. Estaba agotada del parto, y por fin cayo rendida de pena y cansancio. Despues de que Maybel limpio la evidencia del malogrado nacimiento, Owein la levanto en brazos y la llevo al dormitorio. La metio en la cama, le llevo una copa de vino caliente con especias y, sosteniendola de los hombros, la ayudo a tomarselo todo. Sabia que Maybel le habia puesto jugo de amapolas al vino. Rosamund se quedo dormida de inmediato.
– Hare que duerma varios dias seguidos -le dijo Maybel a Owein cuando el volvio a la sala-. El sueno es un gran restaurador, aunque ella va a sufrir mucho tiempo por la perdida de su hijo. Que pena, Owein, el nino era perfecto.
– ?Entonces por que vino antes y por que nacio muerto? -pregunto Owein, con amargura. Estaba enojado, aunque Rosamund no debia saberlo, pues podia culparse a si misma. -Si, era hermoso. Igual que sus hermanas.
– Nacio muerto porque se le enrollo el cordon al cuellito y lo estrangulo. Estaba muerto en su vientre y quien sabe cuanto hacia. ?Por que? El sacerdote dira que es la voluntad de Dios, aunque yo no podre entender jamas por que Dios puede querer que un dulce inocente nazca muerto. Es un misterio, pero Rosamund ha demostrado que puede dar a luz varones. Haran otro y, la proxima vez, todo saldra bien. Esto fue un accidente. Nada mas, diga lo que diga el sacerdote.
– Si, pero ella lo llorara mucho, Maybel. -Se sento en la silla junto al fuego, con una mano se puso a acariciar al galgo y con la otra acepto el copon de vino que ella le alcanzo.
– Claro que lo llorara. Es una mujer carinosa, una madre devota.
– ?Que les digo a las ninas?
– Que su hermanito decidio quedarse con los angeles. Solo Philippa comprendera. Banon y Bessie son demasiado pequenas.
– Si -dijo el, y bebio su vino, pensativo, sin darse cuenta de que ella lo habia dejado a solas con sus pensamientos en la sala vacia, con el fuego calentandole los pies. Hacia mucho tiempo que no sentia tanta tristeza. Desde aquel dia, hacia ya mucho, cuando murio su madre y lo dejo sin compania por primera vez en su vida. Se habia quedado solo hasta que se caso con su Rosamund. Llorarian juntos por la muerte de Hugh, dandose consuelo y amor en su dolor. Seria mas facil estando juntos.
Rosamund durmio varios dias; despertaba por momentos breves para comer algo y recibir el consuelo de su esposo. Luego bebia de la copa y volvia a dormirse. Despues de una semana ya no pudo seguir durmiendo. Sus tres hijas se subieron a la cama, acurrucandose con ella y hablando del hermanito que habia decidido quedarse con los angeles. Rosamund se trago sus lagrimas al oir esas palabras y abrazo con fuerza a las ninas. Despues de otra semana, se levanto de la cama y descubrio que la nieve estaba derritiendose y que las colinas se tornaban verdes otra vez. Su primera salida fue a una pequena tumba donde habian enterrado a su hijito. Estuvo ante ella durante lo que a Owein le parecio un largo rato, luego se volvio y dijo:
– Tengo hambre.
El suspiro de alivio.
– Entonces vayamos a la sala a comer -dijo el.
Ella lo tomo de la mano.
– Fue un accidente, lo se. No volvera a suceder, y tendremos otro hijo, Owein.
– Si, asi sera -dijo el, pero cuando ella no podia oirlo le pidio a Maybel que le diera la pocion que le impediria concebir durante un tiempo-. Que tengamos otro hijo o no sera cuestion de Dios, pero yo no quiero arriesgarme a perder a mi amada.
– Si, necesita recuperarse por completo -coincidio Maybel.
El ritmo de su vida continuo como antes. Se araron los campos y se los planto con grano. Se recomenzaron los huertos. Las hierbas empezaron a verdecer bajo su capa de paja. La primavera habia llegado con todos sus brios. Los jardines florecieron; Rosamund nunca los habia visto tan hermosos. Los pimpollos blancos y rosados que cubrian los arbustos lanzaban su dulce aroma.
Henry Bolton vino desde Otterly a visitarlos, a expresar su dolor por la perdida y sugerir un matrimonio entre su hijo mayor y Philippa.
– Todavia no pienso casar a ninguna de mis hijas -le dijo Owein al tio de Rosamund-, pero, si lo pensara, buscaria en otra parte. La sangre fresca siempre mejora y fortalece un linaje, Henry. Encuentra otra muchacha
