Le toco el turno a Rosamund de reir.
– ?Estas celoso, esposo mio? -bromeo, y le dio un pequeno golpe en la mandibula apretada-. No nos engano, Owein. Pago por el caballo el precio que queriamos y un poco mas. Enviaremos ese dinero al sur con el hombre de Kate cuando nos visite en el otono. Estoy satisfecha, y espero que tu tambien.
El se inclino y le dio un beso intenso.
– Si, creo que estoy celoso, mi amor. Cada vez que lo vemos me acuerdo de que Logan Hepburn te queria por esposa antes de que nos casaramos. Y tengo entendido que aun no se caso.
– Pero tu si, y conmigo. Dejemos de pensar en ese tosco fronterizo y disfrutemos de estar juntos -dijo, suavemente, con una sonrisa seductora y una caricia.
El asintio.
– Si, mi amor. Debo recordar que te tengo yo, y no el.
CAPITULO 12
Rosamund recibio apenas una carta de Catalina de Aragon despues del verano de 1506 y la visita de Owein a la Corte. En ella, Kate comenzaba a decir, llena de gozo, que el rey le estaba permitiendo pasar mas tiempo con el principe Enrique. Al parecer, la diferencia de edad comenzaba a desaparecer a medida que el se hacia adulto. El principe era atento y amable, escribia la princesa, y seguia refiriendose a ella en publico como 'mi muy amada consorte, la princesa, mi esposa'. Empezo a crecer un lazo de afecto entre Catalina de Aragon y el joven principe Enrique Tudor. No obstante, al ver lo que estaba sucediendo, el rey decidio separar a la pareja, porque todavia no habia decidido si ese matrimonio se concretaria.
Creo que ahora considera que el matrimonio entre su hijo y yo no tendra lugar. Volvieron a enviarme al Palacio Fullham, aunque el rey ha dicho que, si prefiero cualquier otra de sus casas, puedo tenerla. No puedo mantener Fullham y se lo he dicho por carta al rey. ?Por que no entiende mi situacion? Ahora se me ha informado que el proximo otono regresare a la Corte. Ay, Rosamund, ?que sera de mi? Estoy empezando a tener miedo, pero debo confiar en Dios y su santa Madre para que me protejan de todo mal. Ultimamente he sentido flaquear mi fe y debo arrepentirme, para no ser castigada.
– Es intolerable que jueguen al gato y el raton con ella -dijo Rosamund, indignada.
Hasta que, en noviembre, llego un mensajero de la princesa de Aragon con noticias inesperadas. El cunado de Kate, el archiduque, habia muerto subitamente a la edad de veintiocho anos. Su hermana, Juana, la reina de Castilla, estaba desolada. Juana, que nunca habia sido muy estable, se habia desmoronado y se negaba terminantemente a aceptar que su esposo habia muerto. Al principio impidio que enterraran el cuerpo, y abria el feretro y besaba apasionadamente los restos en descomposicion antes de caer en grandes ataques de histeria y llanto. Al fin, sus criados la convencieron de que su esposo merecia un entierro decente y cristiano.
De inmediato, el rey Fernando avanzo para tomar posesion de Castilla, pues era obvio para todo el mundo que la reina Juana, que nunca habia sido fuerte, jamas volveria a estar del todo cuerda. No podia gobernar. Su hijo de ocho anos, Carlos, fue nombrado Carlos I de Castilla, y su abuelo de Aragon actuo como regente para el nino. Ahora, Fernando volvia a tener toda Espana en sus manos. Sin embargo, esto no ayudaba a la posicion de Catalina, pues, algun dia, su sobrino seria rey de Castilla.
Rosamund y Owein le dieron al hombre de la princesa el dinero de la venta de Papamonta y adjuntaron una carinosa carta de apoyo con instrucciones de que el mensajero regresara en la primavera con noticias y con el compromiso de que ellos tratarian de seguir ayudandola.
– Venderemos corderos -dijo Rosamund, decidida-. ?Ah, Owein, por que no sere una heredera rica, con bolsas llenas de oro en el sotano! Pero soy apenas la senora de Friarsgate. Mi tesoro esta en mis tierras, mis rebanos y mi ganado. ?Te parece que la pobre Kate alguna vez sera reina de Inglaterra? -Suspiro-. Es una pobre muchacha, pese a su rango alto.
A fines de la primavera de 1507, las dos hijas de Rosamund festejaron cumpleanos. Para alivio de sus padres, eran ninas fuertes y sanas. Donde iba Philippa seguro estaba Banon, persiguiendo a su hermana sobre sus piernitas regordetas. Para fines del verano, Rosamund supo que estaba encinta otra vez y se desespero.
– ?Otra nina, estoy segura! -gimio-. ?Por que no puedo darte un hijo varon, Owein?
– No puedes saberlo hasta que nazca. Y si viene otra nina me alegrare, siempre y cuando las dos esten bien. Ademas, me producira un inmenso placer casar a mis ninas mientras tu tio Henry mira con furia como yo ignoro a sus hijos.
Ella rio a su pesar.
– Si, lo volvera completamente loco ver a mi progenie de mujeres heredar Friarsgate. Oi decir que Mavis ha dado a luz a otro bastardo, aunque seguramente mi tio dice que es suyo.
– ?Que nombre le pondremos, si llega a ser una nina?
– Bien, a la primera la llamamos como mi madre y a la segunda, como la tuya. Creo que a esta la llamare como la fallecida esposa del rey, la reina Isabel, que fue tan buena conmigo cuando llegue a la Corte. Es una nina, Owein. La siento como a las otras y estoy fuerte como una cerda. -Suspiro y agrego, con una sonrisa-: Bien que nos divertimos mientras hacemos estas hijas nuestras. Pero seguro que hacemos algo mal. Despues de que haya dado a luz a Bessie, tenemos que pensarlo bien, ?porque quiero un varon, maldita sea!
Rosamund dio a luz a su tercera hija, Elizabeth, el 23 de mayo de 1508. Tambien le pusieron Julia, porque nacio el dia de santa Julia y Anne, por la madre de la santa Virgen, que, se decia, era la patrona de las mujeres embarazadas. Como sus hermanas, Bessie era una nina sana y fuerte, pero, a diferencia de ellas, tenia el cabello rubio, como el padre, y todos podian ver que Owein estaba muy complacido.
El mensajero de la princesa llego desde Greenwich, lleno de novedades. Rosamund insistio en que la llevaran a la sala para poder reciario y enterarse de todas las noticias. No eran buenas. Los pocos criados que le quedaban a la princesa de Aragon eran el hazmerreir de la Corte del rey. Esos espanoles llenos de orgullo andaban ahora casi en harapos. Eso no era todo, el rey estaba en negociaciones con el emperador Maximiliano, del Santo Imperio Romano, para comprometer al nieto del emperador, el archiduque Carlos, hijo de la reina loca de Castilla, con su hija menor, la princesa Maria. Como el archiduque era heredero de los Paises Bajos, esto seria una inmensa ventaja para Inglaterra en el comercio de la lana y las telas que tenia con gran parte del mundo. Tambien actuaria como un contrapeso para una sorprenden te alianza politica celebrada hacia poco entre el rey Fernando y Francia
El rey ingles habia decidido que ya no necesitaba a Fernando para sus planes. Se le transmitio claramente a la princesa de Aragon la falta de amor por ella, en sus delicadas palabras, de parte de Enrique Tudor. Ella le escribio a su padre rogandole que la ayudara. Volvio a explicarle que los pocos criados que le quedaban eran su responsabilidad. No pedia lujos, sino simplemente poder mantenerlos. Como todas las mujeres de su familia, Catalina habia aprendido desde la cuna a someterse a los hombres. De ahi que no criticara, sino que implorara. Pero su inmenso orgullo de alguna manera la mantenia, en especial porque era acosada sin cesar por sus acreedores. Estos estaban al tanto de lo que se rumoreaba sobre los modales del rey con la princesa espanola. Temian que se la llevaran a Espana antes de que pudiera pagar lo que les debia. No comprendian que hasta las princesas pueden estar en la ruina.
Rosamund lloraba por la situacion de su amiga, pero, como senalo Owein con sabiduria, no podia hacer mas de lo que ya hacia por Catalina. Eran los asuntos de los poderosos, no de una pequena terrateniente de Cumbria. El dinero que le enviaban a la princesa era mucho para ellos, aunque tal vez a ella le sirviera solo para mantenerse unos dias y con algun faltante. Pero Rosamund apartaba lo que podia para enviarle a Catalina de Aragon a traves de su mensajero.
El mensajero de la princesa no regreso a Friarsgate en mas de un ano, pero cuando fue, lo que conto habria merecido un bardo. Al rey Enrique Tudor se le habia ocurrido casarse con la reina loca, Juana de Castilla. No le importaba el estado mental de ella. Lo que contaba era que Juana era madre de ninos sanos. El rey decidio, de pronto, que debia tener mas herederos. Catalina aprobaba el plan, porque su sabiduria le indicaba que su propio futuro dependia de el. Habia conseguido convencer a s padre de hacer retornar a su embajador, el doctor De Puebla, que estaba enfermo. El rey Fernando, ahora atormentado por su conciencia, envio a su hija dos mil ducados y la nombro embajadora hasta que enviara a otro hombre. El dinero no era mucho, pero le permitio a Catalina cancelar algunas de las deudas mas importantes, pagarles a los criados y ocuparse de su bienestar. Su
