matrimonio entre el hijo que le quedaba y la princesa. Y Catalina, que no era ninguna tonta, de pronto tuvo muy claro lo precario de su posicion.
– Pobre Kate -le dijo Rosamund a Owein cuando termino de lee la carta-. ?Se ofenderia si le enviaramos un poco de dinero? No soporto pensar que maltraten a Kate de esa manera.
– Estoy de acuerdo -dijo Owein-, pero dejame pensar el importe adecuado, mi amor, para no a ofender a la princesa, que es una mujer orgullosa.
Owein no le dijo a su esposa que se habia enterado, por antiguos de la Corte, que el rey habia entrado en negociaciones secretas con los nuevos reyes de Castilla para casar al principe Enrique con su hija, la princesa Leonor, de seis anos, cuya condicion social era ahora mas importante que la de su tia de diecinueve anos. Todo el mundo hablaba de esto en susurros, aunque no era, por cierto, un tema de conocimiento publico.
Aunque el principe habia cumplido catorce anos en junio, el matrimonio con Catalina no se celebro, y ni siquiera se lo mencionaba. Catalina de Aragon comenzaba a darse cuenta de su situacion. Comprendio que el hecho de que su padre no hubiera podido entregar la segunda cuota de su dote era un tema rispido y le escribio para implorarle que ofreciera un pago en oro por la plata y las joyas que ella poseia, lo que originalmente iba a ser el pago final a Enrique Tudor. Fernando le prometio a su hija que enviaria el resto de la dote.
Para la primavera el pago aun no habia llegado y el rey ingles comenzo a quejarse publicamente con gran resentimiento. La posicion de Catalina en la Corte se volvio mas precaria. Fernando estaba tecnicamente en su derecho de negar el pago hasta que el matrimonio no se celebrara formalmente y pudiera consumarse. Pero hasta que no se celebrara formalmente no podria consumarse, y no se consumaria hasta que el rey Tudor no tuviera toda la dote de la princesa en la mano.
Rosamund alumbro a su segunda hija en marzo de 1506. Su nueva nina fue bautizada Banon Mary Katherine. Banon habia sido el nombre de la madre de su esposo. Significaba reina en lengua galesa. Mary» por la santa Virgen y Katherine, por la princesa de Aragon, a quien se le pidio que fuera la madrina. Y la princesa acepto. Para Friarsgate era todo un acontecimiento y un honor.
Una noche de primavera estaban sentados en la sala y Rosamund le dijo a su esposo:
– Tienes que ir a ver a la princesa. Le llevaras el dinero del que hablamos la vez pasada, para ayudarla con sus gastos. Esta muy pobre y no se encuentra bien. No entiendo por que no se ha celebrado su matrimonio, si el principe Enrique ya esta en edad.
– Es muy largo el camino hasta la Corte -le recordo Owein a su esposa. Habia decidido no contarle a Rosamund de la doblez de Enrique Tudor.
– Yendo solo llegaras al sur mucho mas rapido que cuando fuiste escoltandome. No podemos confiar este asunto a un extrano, Owein. No soporto pensar que una persona tan bondadosa y delicada como Kate reciba maltrato. Ve, por favor. Si no es por ella, hazlo por mi. Si estoy disgustada, se me cortara la leche, y no querras poner a la pobre Banon con un ama de leche.
– Estamos en primavera. Hay que plantar y tenemos que seleccionar las ovejas, y pronto habra que celebrar el tribunal del senorio, que ya ha terminado el invierno -argumento el con una pequena sonrisa.
– Edmund se hara cargo de plantar, de las ovejas y de todo lo que haya que hacer. Y yo me ocupare del tribunal, milord, como tu bien sabes. Ve al sur, por mi, por favor.
El acepto, aunque a desgano, porque estaba comodo con su vida en Friarsgate, con Rosamund y su familia. Owein Meredith se daba cuenta de que nunca habia sido tan feliz. De todos modos, viajo al sur, a encontrar a la princesa en Greenwich, donde le pidio una audiencia. Ella lo recibio de inmediato, pues pocas personas requerian verla, salvo sus acreedores.
– Sir Owein, me da gusto volverlo a ver y tan bien -dijo Catalina de Aragon, despacio, en su ingles cuidado, pero con acento.
El se inclino y beso la mano que se le ofrecia, notando que era delgada, casi huesuda, de color marfil.
– Le he traido un pequeno obsequio -dijo, tendiendole la pequena bolsa de cuero-. Tengo el placer de contarle que su ahijada crece bien y que, como su madre y su hermana, es pelirroja. -Le sonrio a la princesa mientras dona Elvira tomaba con discrecion la bolsa de su manos.
– Sientese, sir Owein, y cuentemelo todo -dijo Catalina de Aragon ignorando la mirada escandalizada que le dirigio dona Elvira-. ?Como esta Rosamund? ?Prospera su querida Friarsgate?
– Ella esta bien, Su Alteza. En realidad, diria que esta mejor con cada nina que tiene. Y Friarsgate, tengo el placer de decir, es prospera. Nuestra lana y nuestros tejidos, en particular el azul especial que hacemos son muy requeridos por los merceros ingleses y por los de los Paises Bajos que van a Carlisle.
– Dios los ha bendecido, sir Owein. Espero que se den cuenta y den gracias a nuestro querido Senor y su santa Madre -dijo Catalina, piadosa.
– Asi es, Su Alteza. Es mas, nuestro sacerdote, el padre Mata, celebra misa todos los dias, y dos veces por dia en las fechas de guardar. Nos aseguramos de que cada criatura que nace en Friarsgate sea bautizada de inmediato y enviamos limosna periodicamente al obispo de Carlisle.
La princesa sonrio.
– Me complace saber que su casa es un hogar cristiano, sir Owein. -Se dirigio a dona Elvira-: Traenos algun refrigerio. ?Permitiremos que sir Owein me acuse de ser una mala anfitriona, el que ha venido a verme desde tan lejos?
– ?Dejarte sola con un hombre? -dijo, furiosa, la duena, en espanol-. ?Estas loca?
– Maria esta con nosotros -respondio la princesa en la misma lengua-. Ahora ve a hacer lo que te ordeno.
Con un estremecimiento de su falda negra, dona Elvira salio como una tromba de la habitacion.
– Simula no saber una palabra de ingles -dijo la princesa-, pero lo entiende perfectamente, aunque no lo hable mejor que yo. En primer lugar, quiero darle las gracias por el envio. No disimulare con usted. Atravieso por un estado de tremenda necesidad.
– Deseariamos que fuera mas, Su Alteza -dijo Owein, reparando en lo gastados que estaban los punos del traje de la princesa-. Si no la ofendiera, ?podria enviarnos a alguien en el otono? Si puede, haremos que regrese con otro pequeno envio para usted.
– Maria, ocupate de que se haga lo que pide sir Owein y no le digas nada a la vieja arpia -dijo Catalina de Aragon.
– Lo arreglare, Su Alteza -respondio Maria de Salinas, la intima amiga de la princesa.
– Pobre Maria -le dijo la princesa a sir Owein-. Su familia habia arreglado su matrimonio con un flamenco adinerado, pero yo debia dar su dote y no pude. Espero compensarla algun dia. -Suspiro profundamente-. Cuenteme lo que sabe, sir Owein.
– Milady, vivo en Cumbria. Oigo muy poco de la Corte.
– Tiene amigos que le escriben, lo se. ?Que se dice de mi matrimonio con el principe Enrique? Hace meses que no lo veo, aunque ambos vivimos en la Corte. -Con gesto nervioso, los dedos pellizcaban la seda roja de la falda.
El vacilo, pero decidio que la verdad era mejor en esa dificil situacion.
– En el norte llego un rumor a mis oidos, aunque debo advertirle que, por lo que se, es solo un rumor. Se dice
