– ?Adonde?
– A tu casa, hermano Henry. Ya has presentado tus respetos a la novel pareja y no creo que sea tu intencion interferir en su bendicion de recien casados. En especial estando tu buena esposa enferma. Querras estar con ella.
– Como te vas, tio -dijo Owein-, quiero despedirme. Hoy debo salir a inspeccionar nuestro ganado. Hay que seleccionar los peores animales y llevarlos al mercado. No podemos permitirnos alimentar bestias inutiles este invierno, ?no? -Se puso de pie y estrecho la mano gorda de Henry Bolton energicamente. Se dirigio a Richard-: Gracias por toda tu ayuda. Que tengas buen viaje, y regresa pronto. -Le estrecho la mano, delgada y elegante. Por fin, se inclino y beso a Rosamund; los labios se demoraron lo suficiente para que a ella se le acelerara el pulso. - ?Vas a hacer jabones o conserva hoy, mi amor? -pregunto, solicito.
– No lo he decidido aun -respondio ella, con una sonrisa-. Una mujer nunca termina su trabajo. Tal vez haga pociones medicinales, milord.
– Bien -dijo Henry Bolton-, me agrada comprobar que al menos por fin te portas como una esposa docil y sumisa, sobrina.
– Gracias, tio -respondio ella, modosa, poniendose de pie-. Permiteme acompanarte para despedirme como corresponde. -Le hizo una reverencia a Owein-. Te vere esta noche, milord -le dijo, y el salio de la sala. Rosamund ordeno a una joven criada-: Corre a las cocinas y asegurate de que mis tios tengan sustento para sus viajes del dia.
– Si, milady -respondio la muchacha, que hizo una reverencia antes de salir.
Rosamund envio entonces a un criado a los establos para asegura se de que las monturas de su tio hubieran comido y bebido y estuvieran listas para viajar. Cuando el muchacho volvio, regresaba la criad de las cocinas con dos cuadrados de tela de algodon, atados con sumo cuidado. Rosamund los tomo con una sonrisa.
– ?Que hay en ellos?
– Pan fresco, queso, un pedazo de carne y una manzana, senora -se apresuro a responder la muchacha.
– Llenen sus cantimploras a gusto, tios -invito la dama de Friarsgate-. El sol calentara mucho, y les vendra bien un trago.
Cuando por fin los hermanos estuvieron listos, la sobrina los acompano hasta el exterior de la casa, donde dos muchachos de los establos sostenian las monturas. Richard Bolton subio con gracia a su silla; el oscuro habito de tela se levanto apenas lo suficiente para mostrar las pantorrillas blancas y musculosas y los delgados pies calzados en sandalias de cuero. Henry, por otro lado, necesito un tocon para montar, y aun asi hubo que empujarlo y subirlo a la silla. Tambien a el se le levanto el traje, y se vieron sus muslos gordos y oprimidos en la calza oscura. No, no se lo veia bien, pero no era solo por el peso.
– Que Dios los acompane a ambos.
– Que Dios te de un hijo, sobrina -dijo Richard Bolton-. Rezaremos por ti en St. Cuthbert.
– Gracias, tio.
Henry Bolton rezongo.
– ?Podemos irnos? -gruno. Y, como recordandolo, agrego-: Adios, sobrina.
Luego de observar la partida de los dos hombres, Rosamund se volvio y entro en la casa. En la sala, la esperaba Maybel.
– No le vi buen aspecto al tio Henry.
Maybel rio.
– Acabo de oir un rumor de la cocinera, que tiene una hermana en Otterly Court. A la senora Mavis le ha crecido un inmenso vientre, pero no es obra de tu tio. Se dice que ella estuvo con un mozo de establo, joven y moreno. Tu tio los sorprendio y mando a pasear al muchacho. Entonces Mavis les anuncio a todos, en la cena de Pascua, que esta otra vez encinta. Tu tio no se anima a negar que es el padre, porque prefiere morir antes de que se sepa que es un cornudo, aunque casi todo el mundo esta enterado. Ahora bien, se dice que el esta cuestionando la paternidad de todos los hijos que ha tenido con ella, excepto la del mayor, que es tan identico a el que no deja dudas de quien es el padre.
– Pobre tio Henry. Casi me da pena, porque esta tan orgulloso de ser un Bolton, nacido del lado decente de la cama, a diferencia de mis tios Edmund y Richard. Pero es tan avaro y desagradable que nadie puede evitar comprender a Mavis. No es facil vivir con el tio Henry, Maybel, como bien lo sabemos las dos. Pero ?adulterio! Es muy feroz la venganza que ella se ha tomado, diria yo, y los pobres ninos sufriran mas que nadie por la indiscrecion de ella y por el altanero orgullo de el.
– Tienes un corazon bondadoso, mi nina -dijo Maybel.
– ?Te ocuparias de la casa hoy, Maybel? Todavia estoy cansada de nuestros viajes y quisiera retirarme a mi habitacion para descansar un rato.
– Ve, mi nina.
– Me gustaria que me trajeran un bano -murmuro Rosamund.
– Enviare a los muchachos con el agua caliente. Te prepararan la tina, milady.
– Que importante suena eso.
– Bien, ahora eres la esposa de un caballero y asi hay que dirigirse a ti. Ahora ve, milady.
Rosamund entro en su dormitorio y le sonrio al hombre que yacia en la cama, esperandola.
– Milord -dijo, con una reverencia-. He pedido un bano, pero debes esconderte cuando lleguen los criados, porque no quiero que se sepa que no estas en los campos seleccionando la hacienda, sino en nuestra cama, dandome placer. -Los ojos ambar relampaguearon-. He despedido a mis tios con comida para el viaje.
– Ven aqui, esposa, besame -dijo el, entrecerrando los ojos verdes.
Rosamund, bromeando, mantuvo la distancia.
– Me conto Maybel que la cocinera, que tiene una hermana e Otterly, dice que Mavis tiene un vientre inmenso y que no es de mi tio. Por eso el esta tan dispeptico. No se anima a negar su paternidad sin echarse encima el escarnio, y tu ya sabes como es el tio Henry.
– Ven aqui -repitio el, esta vez con mas enfasis.
– Creo que oigo a los criados -respondio Rosamund, traviesa- Debes ocultarte en mi pequeno guardarropa, esposo.
De mala gana, Owein se levanto de la cama y camino hasta el pequeno nicho cubierto. Se volvio, estiro el brazo y la atrajo hacia el.
– Senora, corres el riesgo de que te den unas palmadas, pues me temo que eres una picara embustera. -Le dio un beso muy lento.
Sin aliento, ella lo aparto, no sin antes bajar la mano y acariciarle la estaca de deseo, que estaba con obvia necesidad de sus dulces atenciones.
– Decidiremos esto entre los dos despues de que este lista la tina. Quitate la ropa, milord, pues yo misma voy a banarte.
– Ah -murmuro el-, asi que eres tan rebelde como yo me temia, senora. Pero te obedecere, mi amor, y espero con ansias tus tiernos cuidados. -Con una risa se metio en el guardarropa.
– Adelante -dijo Rosamund, al oir golpear a la puerta de la alcoba.
Entraron varios criados con cubos de roble con agua hirviente. Uno de ellos dejo su carga, saco la tina que habia junto al hogar y la puso ante el fuego. Entonces, los criados comenzaron a vaciar en ella el agua caliente. Rosamund anadio unas gotas de su precioso aceite de bano, obsequio de la reina de los escoceses, y de inmediato la habitacion quedo inundada por la fragancia de brezo blanco. Los criados recogieron los cubos vacios y se fueron.
– Um -El sonido provenia del guardarropa.
– Todavia no, mi senor, solo un momento -le dijo Rosamund a su esposo, mientras sus dedos se apresuraban a desatarse la ropa y quitarsela. Por fin, quedo tan desnuda como cuando Dios la trajo al mundo, y entonces lo llamo, con dulzura-. Ven, Owein. Estoy lista para ti.
El aparecio, igualmente desnudo. Al verla desvestida, sonrio.
– No te apartare del rebano, mi amor -bromeo-. Por Dios, Rosamund, eres la criatura mas hermosa que tuve jamas ante mis ojos. No creo haber visto nunca a una mujer totalmente desprovista de ropa. -Su mirada era de abierta admiracion.
Los ojos de ella recorrieron el cuerpo alto y esbelto de el. A la luz del sol que llenaba la alcoba, el se veia magnifico. Tenia la espalda muy ancha, pero la cintura era estrecha y las piernas, largas, pero bien formadas. Un
