dedos por los anchos hombros de el. Cerro los ojos y disfruto de la pletora de deliciosas sensaciones que le recorrian el cuerpo y el espiritu. El delgado cuerpo de el se sentia duro contra el suyo. La inundaba un cosquilleo, una sensacion desconocida. ?Era deseo? ?Tenia que ser! ?Estaba experimentando el deseo por primera vez!
– ?Ah, esposo mio! -murmuro, contra el oido de el y le mordisqueo el lobulo de la oreja, pues no podia controlarse.
La obvia excitacion de ella y la voluptuosidad recien hallada encantaron a Owein. Habia temido la reaccion de ella ante su avasalladora pasion. Le tomo la cabeza entre las manos y volvio a besarla en los labios. El cabello rojizo era delicado bajo sus dedos. Las pestanas oscuras se tendian sobre las mejillas como mariposas de verano. Esas pestanas, vio entonces, tenian puntillas doradas. Habia tanto para descubrir en ella ahora que era su esposa.
Rosamund sintio la dureza contra el muslo. Una dureza larga y muy firme. La masculinidad de el habia madurado y estaba pronta para penetrarla. El corazon comenzo a latirle con mas fuerza que nunca. Ahora la mano de el le cubria el monte de Venus y lo apretaba.
– Ah -gimio ella, por la sensacion que le producia. Un dedo comenzo a moverse dentro de su hendidura, buscando la cuspide de su femineidad, que ya estaba tensa de entusiasmo. El jugo un momento con ella y enseguida deslizo el largo dedo dentro de la humeda vaina amorosa de ella. Luego, introdujo un segundo dedo, y movio ambos hacia adentro y afuera. -?Si! -siseo ella.
Estaba lista.
Sin decir una palabra, Owein monto a su esposa, pujando con su lanza de amor entre los labios mayores, despacio, muy despacio, entrando en el cuerpo deseoso de ella. Se detuvo un momento, para que ella pudiera acostumbrarse a esta primera invasion.
– ?Estas dispuesta a ser mi mujer, mi amor? -murmuro contra los labios henchidos de amor de ella.
Ella asintio y sus ojos ambar se abrieron muy grandes cuando el pujo hondo dentro de ella. Grito cuando se desgarro su doncellez, unas rapidas lagrimas le corrieron por las mejillas, lagrimas que el beso, pero, para alivio de el, ella se aferro a su esposo mientras el pujaba y pujaba hasta que no pudo soportar mas la dulzura que le proporcionaba poseer el cuerpo de Rosamund. Para deleite de Owein, la oyo gritar, pero este segundo grito fue de placer, no de dolor. El nectar del placer de el irrumpio dentro de la morada amorosa y las unas de Rosamund se clavaron en sus hombros y aranaron su ancha espalda.
Habia habido dolor, pero desaparecio de una manera casi magica. El impulso feroz, el movimiento repetitivo del vientre de el habia tenido un extrano efecto sobre ella. Parecio perder todo control sobre si misma y vivir solo para las deliciosas sensaciones que atravesaban su cuerpo tenso. Con cada impulso de la vara inflamada de el Rosamund se sentia un poco mas mareada, hasta que, al final, la pasion exploto dentro de ella y, por una fraccion de segundo, llego a perder el conocimiento.
– ?Owein! ?Owein! -se habia oido gritar, llamandolo, como desde una gran distancia.
El la envolvio en sus brazos y le beso la cabeza. El calor los envolvia a ambos.
– Si, mi amor -susurro el-. Ahora eres una mujer, y tal vez esta noche hayamos hecho un nino.
Ella suspiro y se acurruco contra el.
– Me gustaria mucho -le dijo en voz baja. Lo miro y agrego-: Fue maravilloso, senor caballero. Hasta el dolor fue bueno. Es un alivio ya no ser doncella y, por fin, una verdadera esposa, Owein. Gracias.
El sintio las lagrimas que querian brotar de sus ojos y trato de frenarlas. Los hombres no lloran.
– No, mi amor. Soy yo quien esta agradecido por el magnifico regalo de tu virginidad. Siempre te sere fiel, Rosamund. Te lo juro en la noche de nuestra boda.
Por la manana, Henry Bolton llego a Friarsgate temprano, cuando Maybel sacaba la sabana ensangrentada del lecho nupcial. Osada, la agito ante los ojos de el.
– Esta vez esta bien casada -dijo Maybel, con una sonrisa.
– El podria morirse -dijo Henry Bolton, sombrio.
– ?Ella podria ya estar prenada! Ya no tendras Friarsgate, Henry Bolton. Hugh Cabot, que Dios lo tenga en la gloria, fue mas astuto que tu, -Y Maybel rio en voz alta.
– Podria morirse, y los ninos mueren jovenes en este pais, como tu y yo bien sabemos -insistio Henry-. Entonces ella no tendra mas opcion que casarse con mi hijo.
– El Hepburn de Claven's Carn vino a cortejarla, y se fue solo porque es un hombre honorable -replico Maybel-. Que Dios no permita que le suceda nada a sir Owein, pero, si eso ocurriera, el Hepburn cruzaria las colinas y estaria en esta casa mas rapido que el viento.
– ?Ese escoces desgraciado tuvo la temeridad de venir a cortejar a mi sobrina? -pregunto Henry Bolton, enojado.
– Si, asi es, y ademas, es un buen hombre. Vino a la boda de mi senora y toco sus gaitas para la pareja nupcial.
– Vino a ver la tierra.
– Trajo salmon y whisky, tio -dijo Rosamund, entrando en la sala, al oir la conversacion-. El salmon estaba delicioso y este invierno disfrutaremos del whisky. Lamentamos mucho que tu y Mavis se hayan perdido la boda. ?No vino contigo, tio? -Le sonrio, alisando la falda color bermejo para quitar arrugas imaginarias.
– Mi esposa no esta bien, por eso me perdi tu boda.
– Buenos dias, hermano Henry -dijo Richard Bolton al entrar en la sala-. Te extranamos en la misa, sobrina, pero dadas las circunstancias, estas perdonada -rio-. Desayunare antes de partir.
Rosamund se sonrojo, como correspondia, pero enseguida rio.
– Lamentaremos verte regresar a tu monasterio, tio.
Richard Bolton sonrio y se dirigio a su hermano menor.
– Henry, no te veo nada bien. Demasiada comida pesada y demasiado vino, me parece. Creo que te recomendaria un poco de abstinencia de tus costumbres excesivas.
– ?Ocupate de tus asuntos! No permitire que un bastardo me sermonee, aunque sea sacerdote. Sobrina, ?no vas a ofrecerme comida despues de que he cabalgado desde Otterly Court desde antes del amanecer? Hace frio para ser agosto. No tengo vino. Tus criados son holgazanes y necesitan una mano firme. Espero que tu esposo pueda manejarlos, ya que tu no eres capaz.
Owein Meredith entro en la sala en ese momento.
– Buenos dias, tio. Imagino que puedo llamarte asi ahora que soy el esposo de Rosamund. -Inclino la cabeza ante Richard con una pequena sonrisa de complicidad.
El sacerdote le devolvio el saludo; le brillaban los ojos.
– ?Diez meses en la Corte y no conseguiste nada mejor que este caballero ordinario, sin tierras? -dijo Henry, con brutalidad, sin responder a la burla de Owein-. Bien te podrias haber quedado aqui y casarte con mi muchacho.
– No habria estado tan feliz y satisfecha como esta manana despues de una boda semejante -respondio Rosamund, osada.
Owein y Richard rieron ante el comentario, pero Henry Bolton fruncio el entrecejo.
– Y, tio, quisiera informarte que la reina de los escoceses, Margarita Tudor, junto con su abuela, la honorable madre del rey, me eligieron el esposo. El rey mismo anuncio nuestro compromiso en su sala ante la Corte entera y lo vivaron por ello. Mi esposo se ha criado en la Casa de los Tudor. El rey sabe que puede confiar en el para manejar esta porcion de frontera y que no lo traicionen. Mi esposo es respetado por el hombre mas poderoso de Inglaterra, el rey Enrique. Mi esposo es querido y bien considerado por hombres de consecuencia. Estoy orgullosa de ser su esposa, tio. ?Me habria metido en un convento y habria legado Friarsgate a mi orden antes de casarme con otro de tus hijos!
– Pero no tuviste que hacerlo, mi amor -dijo Owein, tranquilizando a su esposa-. Vamos, tios, desayunemos. -Llevo a Rosamund la mesa grande y la ubico, poniendo a Henry Bolton a su derecha y a Richard Bolton a la derecha de Rosamund.
Los criados sirvieron la comida. Avena, huevos hervidos, jamon, pan, manteca y queso. Habia vino y sidra. Henry Bolton no pronuncio ni una palabra desde que tuvo la comida enfrente. Comio con las dos manos y bebio tres copas de vino. Y cuando los criados se llevaron los pocos restos, hablo Richard Bolton.
– Cuando estes listo, hermano Henry, cabalgare contigo.
– ?Cabalgaras conmigo?
