Edward Guy Meredith, el proximo senor de Friarsgate'. De subito la atraveso el primer dolor, y ella se detuvo bruscamente.

– ?Agh! -La oleada de dolor la recorrio y se fue con la misma rapidez.

– Sigue caminando -le dijo Maybel.

Pusieron la silla de parir junto al hogar sobre un lecho de paja. En el fuego hervia un enorme caldero de agua. Habia una mesita llena de panos limpios. En otra, una jarra de bronce y una pequena botella de aceite. Trajeron la cuna junto con los panos para fajar al recien nacido.

– Ahora, salgan todos -ordeno Maybel.

– ?Que Owein se quede! -exclamo Rosamund mientras su tio el sacerdote y los criados salian de la sala.

– Dar a luz es asunto de mujeres, mi nina -dijo Maybel.

– Me quedare -dijo Owein, en voz baja, y Maybel asintio.

Rosamund camino por la sala hasta que sintio debiles las piernas ya no pudo tenerse en pie. Owein la sostuvo antes de que cayera y la llevo a la silla de parir. La sento y ella se aferro a los robustos brazos de madera, porque los dolores venian ya muy seguido. Finalmente, parecio que no habia respiro para tanto dolor.

– Puja, mi nina -ordeno Maybel-. Tienes que pujar para que salga la criatura de tu cuerpo.

– No puedo -gimio Rosamund. Tenia la frente perlada de transpiracion y casi no podia respirar.

– ?Tienes que pujar! -dijo Maybel, severa.

El largo crepusculo de primavera se convirtio en la mas negra de las noches. La oscuridad persistia, y Rosamund se canso mas y mas luchando por traer a su hijo al mundo, al heredero de Friarsgate. Owein se quedo a su lado, alentandola, mojandole los labios resecos con un pano empapado en vino, apartandole los cabellos, ahora lacios y humedos, de la frente.

Por fin, cuando el cielo comenzaba a aclarar con el nuevo dia, Maybel grito:

– ?Ya casi esta, mi nina! La criatura casi salio. ?Con el proximo dolor tienes que pujar con todas tus fuerzas!

Y Rosamund se aferro a los brazos de la silla, apretando los dientes y grunendo mientras pujaba con todas sus fuerzas. Un grito rasgo el alba y Maybel, de rodillas ante la silla de parir, ayudo a que la criatura terminara de salir del cuerpo de su madre.

– ?Es una nina! -exclamo Maybel-. ?Tan bonita como tu cuando naciste!

– ?Pero yo queria un varon! -gimio Rosamund.

– La proxima vez -dijo Owein, y sus ojos brillaron cuando miro por primera vez a su hija.

– ?La proxima vez? Tu tienes que estar loco -le dijo Rosamund, pero Owein y Maybel rieron.

– ?Que nombre le pondremos? -le pregunto a su agotada esposa

– ?Que dia es hoy? -pregunto Rosamund, exhausta, casi incapaz de mantener los ojos abiertos.

– Es 29 de abril.

– Manana es mi cumpleanos. Cumplire quince. Pero hoy es el dia de santa Catalina. Le pondremos como mi madre, como la santa y como la reina de los escoceses -decidio Rosamund.

Maybel habia terminado de limpiar a la nina, cuyos alaridos ya no eran tan fuertes. La envolvio con panos apretados y se la entrego a su madre.

– Tiene tus mechones rojizos, mi nina.

Rosamund miro a su primogenita.

– Bienvenida al mundo, Philippa Catharine Margaret. Casi compartimos el cumpleanos -dijo y rio cuando su hija bostezo y cerro los ojos para dormir, como diciendo: 'Ahora que todo termino podemos descansar un rato'.

El delgado dedo de Owein toco la mejilla sedosa de la criatura.

– Nuestra hija -murmuro, despacito.

– Lo siento, milord. Trate de darte un hijo varon.

– Es perfecta. No podria ser mas feliz, mi amor.

– ?De verdad? -pregunto ella, escudrinando el hermoso rostro de el.

– De verdad -respondio el-. Ahora tengo dos hermosas mujeres para amar y malcriar.

CAPITULO 11

Si habia algo que Rosamund habia aprendido en su breve paso por la Corte era el valor de tener conexiones con personas importantes. No habia considerado seriamente la cuestion hasta el nacimiento de su hija. Porque, ahora, Philippa era la heredera de Friarsgate, pero, aunque fuera suplantada por un hermano varon, seguiria siendo la hermana del heredero. Rosamund sabia que en esa region tan poco habitada era dificil conseguir buenos maridos. Se tomarian en cuenta la dote de su hija, su belleza y sus conexiones. Philippa no era de cuna noble, pero tampoco era una campesina. En consecuencia, de sus padres dependia mantener sus fragiles lazos con la Corte de los Tudor, aunque mas no fuera por la nina.

Rosamund le escribio a la Venerable Margarita y a su antigua acompanante, Margarita, la reina de Escocia, anunciandoles el nacimiento de su hija. Tambien se le ocurrio escribirle a Catalina de Aragon, que probablemente seria reina de Inglaterra algun dia. Podria ser muy util conservar la relacion con una reina. Para deleite de Rosamund, llegaron cartas de las tres mujeres. La madre del rey enviaba sus felicitaciones junto con un pequeno broche de esmeraldas y perlas para Philippa. La reina de los escoceses mando doce cucharas de plata y una carta llena de rumores escrita con su propia mano. La viuda Catalina habia dictado su misiva a su secretaria, pues su ingles seguia siendo malo. En ella, la princesa espanola enviaba sus carinosos deseos de buena salud para Philippa y se disculpaba porque su regalo, un pequeno misal encuadernado en cuero, no era mas importante. Explico que sus fondos eran escasos y que el rey no la ayudaba.

Rosamund quedo pasmada, pero a Owein no le llamo la atencion. Le explico a su esposa que Enrique Tudor no se sentiria responsable por Catalina hasta que ella no se casara con su hijo menor. Estaria convencido de que el padre de ella, el rey Fernando, tenia la obligacion de mantener a su hija. Si bien se esperaba que el casamiento ocurriera en algun momento, el principe Enrique era todavia demasiado joven para contraer enlace. Podria haber un partido mas ventajoso para el heredero al trono de Inglaterra y hasta que el rey pudiera decidirse, retendria la custodia de la princesa espanola.

La princesa, gentil y obediente, estaba ahora a merced de su padre y de su suegro, y ninguno de los dos consideraba que Catalina necesitara fondos para pagar a sus criados, vestirlos, alimentarlos y albergarlos. Sus propias vestimentas, el magnifico guardarropa que habia traido consigo al llegar a Inglaterra hacia ya varios anos, comenzaban a manifestar el paso del tiempo. Tenia solo dos trajes de damasco todavia en buen estado. Y, ademas, la desafortunada princesa no gozaba de buena salud. Le contaba a Rosamund en su carta que se habia puesto palida, demacrada y desganada. Los medicos decian que era su incapacidad de adaptarse a la comida inglesa y al clima de la isla.

– Me pregunto si sera eso -le dijo Rosamund a su esposo-, o si es el temor al futuro lo que la preocupa. No estaba enferma antes de la muerte del principe Arturo ni despues, mientras permanecio con nosotros. Estuvo en Greenwich, pero dice que ahora que la llevaron al palacio Fulham, en el campo, no solo no mejoro, sino que empeoro.

Rosamund le contesto a la princesa que rezaria por su salud. Le conto de Philippa, de como cada dia traia cambios para su bebe. Le dijo que su hija, cuando hubiera crecido lo suficiente para comprender el honor que se le habia dispensado, adoraria el hermoso misal de cuero. Y la solitaria Catalina de Aragon decidio responder, y asi nacio la correspondencia entre ellas. El Papa, escribia Kate, habia dado la dispensa para su casamiento con el principe Enrique. Tendria lugar cuando el cumpliera catorce y ella, diecinueve.

Cuando Philippa Meredith cumplio siete meses, murio la reina Isabel de Espana. Su hija menor, en Inglaterra, quedo desolada por la perdida. De lo que no tuvo conciencia fue de que con ello su posicion social cambiaba drasticamente. Isabel habia sido reina de Castilla por derecho propio. Su esposo, el rey de Aragon, solo habia sido consorte, pero entre ambos habian reinado sobre casi toda Espana. La hija mayor, Juana, esposa de Felipe el Hermoso, archiduque de Austria, heredaria el trono de su madre. Cuando Juana se convirtio en reina de Castilla, la condicion social de su hermana menor cayo en gran forma, porque ahora Catalina no era mas que la hija del rey de Aragon y no la de Fernando e Isabel de Espana. Enrique Tudor comenzo a replantearse seriamente el

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