– Y cortejarte -dijo Maybel con una risita.

– ?No digas eso! Ahora me alegro de irme a la Corte.

Maybel levanto una ceja y no le menciono a su senora que tambien habia visto al jinete dirigirse a la iglesia, donde hablaria con el padre Mata, sin duda. Rosamund se iria al dia siguiente. No tenia sentido hacerla enojar mas de lo que ya estaba.

En la iglesia, el sacerdote y el Hepburn se abrazaron.

– Gracias por avisarme, hermano -dijo Logan Hepburn-. Pero no me dijiste que parte a la Corte de Londres.

– Entonces ya te enteraste.

– ?Y si le dan un nuevo esposo? ?Y ella como conoce a la reina de Inglaterra? -Queria respuestas, y no las obtendria de Rosamund. Mata estaba ligado a el por la sangre. Por el hecho de que el era el jefe de su rama del clan. Mata le contaria.

Se sentaron en un estrecho banco, y el sacerdote comenzo a hablar

– Conocio a Catalina de Aragon cuando estuvo en la Corte antes de su matrimonio con sir Owein. Ella, Catalina y Margarita eran jovencitas y muy amigas. Cuando nacio su hija mayor, Rosamund mando avisar a Catalina, a la madre del rey y a la reina de los escoceses. Las tres le respondieron, pero ella se conmovio con la dificil situacion de la princesa espanola, que le pidio perdon por lo modesto de su regalo para la recien nacida, pero le explico que estaba en serios aprietos economicos. Al parecer, el viejo Enrique y el rey Fernando peleaban para ver quien debia pagar los gastos de la princesa y su manutencion, asi que ninguno de los dos se hacia cargo de nada. La desdichada vivia en la pobreza mas abyecta y sus criados andaban vestidos con harapos. Rosamund le envio algo de dinero y siguio haciendolo dos veces por ano. Cuando lady Catalina se entero de que su amiga habia enviudado otra vez, le envio bastante dinero y le dijo a lady Rosamund que comprara telas para que se confeccionara trajes y que le enviaria una escolta para acompanarla hasta la Corte. Esa escolta deberia llegar manana, Logan.

– Matare al esposo que le den.

– Y seguro que te echo de su casa -dijo el sacerdote, riendo-. No creo que este rey Tudor envie a milady de regreso con un nuevo esposo. Su padre lo hizo porque eso se esperaba de el. Mi senora todavia esta de luto por sir Owein y la reina comprendera la delicadeza de sus sentimientos. No, hermano, esta sera una visita social y lady Rosamund regresara deprisa porque no disfruta de la Corte ni de sus habitantes, los esnobs que le hacen sentir su falta de importancia. No, volvera en unos meses a su amada Friarsgate y a sus queridas hijas.

– ?A quien le escribira?

– A Edmund y a Maybel. Ellos compartiran el contenido de sus cartas conmigo y yo te avisare lo que debas saber, Logan.

– ?Bien! Ahora bendiceme, Mata, porque se que me hace mucha falta. -Se levanto del banco y se arrodillo. El sacerdote se puso de pie, le dio su bendicion y concluyo:

– Que Dios vaya contigo, Logan, y trata de no matar a nadie.

El Hepburn se puso de pie, riendo, y dijo:

– Lo intentare, Mata, pero no puedo prometerte nada, porque tu ya sabes como soy.

– Si que lo se -rio el sacerdote y lo acompano hasta la puerta de su iglesia. Los dos hombres volvieron a abrazarse y luego Logan Hepburn monto su caballo y se alejo de Friarsgate.

Rosamund lo observo desde la ventana de su dormitorio mientras se cepillaba el largo cabello. Le habia dicho a Maybel que le dolia la cabeza y que comeria en su dormitorio, pero la verdad era que no queria hablar con nadie sobre el Hepburn de Claven's Carn. Estaba acostumbrada a hombres de hablar suave que la trataban con delicadeza. Logan Hepburn no se parecia a Hugh ni a Owein. Era arrogante. No utilizaba lenguaje diplomatico. No. La penetraba con la mirada y hablaba francamente.

?Y era malo eso? Pero ?que derecho tenia de visitarla en medio de su luto y anunciarle que pensaba casarse con ella? La habia esperado desde los dieciseis anos y la habia visto por primera vez cuando ella tenia seis, en una feria de ganado en Drumfrie. ?Que tonteria! y las mujeres se arrojaban a sus pies. Bien, tal vez eso no fuera mentira. Era bellisimo, con sus rebeldes rizos negros y esos ojos tan azules… Ella nunca habia pensado en sus ojos como sencillamente azules. Eran mas que azules, como el lago. El cepillo se le enredo en un nudo del cabello y Rosamund maldijo entre dientes.

– Esta vez -mascullo, viendo a Logan Hepburn desaparecer detras de la colina-, nadie va a hacer planes en mi nombre ni me va a decir con quien tengo que casarme. -?No habia decidido ya que no volveria a casarse? Rosamund maldijo nuevamente para sus adentros.

Pero no podia evitar pensar en como seria estar casada con un hombre tan temerario. Pelearian todo el tiempo, de eso no habia duda. ?Y Como seria Claven's Carn? Ningun lugar podia ser tan hermoso como Friarsgate. Ella conocia lo suficiente de lengua escocesa para traducir el significado del nombre de la heredad. Claven's Carn. Significaba la colina rocosa de los milanos. Un milano era un ave de presa. Hizo una mueca y se pregunto quien le habia puesto ese nombre. No, no seria tan hermoso como su Friarsgate, cuyo nombre derivaba del de un antiguo monasterio, hacia tiempo desaparecido.

Traza tu propio camino. Bien, ?no estaba haciendo precisamente eso? Estaba trazando su propio camino, y era hora. Habia permitido durante demasiado tiempo que otros tomaran decisiones por ella. Pero ella era mujer, se lo recordaban todo el tiempo, y las mujeres no toman sus propias decisiones. Eso quedaba para los hombres de la familia. ?Quien establecio esa ley? Dejo el cepillo y comenzo a trenzarse el cabello.

Al dia siguiente, llego la escolta real, encabezada por un caballero que se presento como sir Thomas Bolton, lord Cambridge.

– Somos parientes lejanos -le informo sir Thomas a Rosamund mientras miraba a su alrededor la pequena sala, con ojo avizor-. Nuestros bisabuelos eran primos hermanos -explico-. Siempre me he preguntado como era Friarsgate. Llegue a conocer a mi bisabuelo. Murio cuando yo tenia siete anos, pero le encantaba contarme historias de esta Cumbria donde se habia criado. Es hermoso, eso lo admito, pero, por Dios santo, senora, ?como soportas la falta de compania civilizada?

En otras circunstancias, Rosamund se habria ofendido seriamente pero, por alguna extrana razon, sir Thomas le habia caido, al instante, maravillosamente bien. Era de altura mediana y robusto. Tenia una hermosa cabellera rubia con un corte muy elegante: corto y con bandas sobre la amplia frente. Sus curiosos ojos eran del mismo color ambar que los de ella. Su ropa era sencillamente esplendida y, obviamente, a la moda. Como conseguia estar tan atildado despues de dias en el camino era un misterio. Pero lo que a ella le encanto fueron sus modales, porque no habia la menor malicia en el, dijera lo que dijese. Y sir Thomas hablaba mucho.

– Me gusta llevar una vida sencilla, milord. Me tomo muy en serio mis responsabilidades en Friarsgate.

– Me imagino -dijo sir Thomas, suspirando, y se dejo caer en una silla-. Con ropa adecuada, querida, serias espectacular. -Y la atraveso con una mirada-. Me gustas, prima, y voy a cuidarte, pero primero tienes que darme algo de tomar, porque me muero de sed, y, despues, tienes que decirme como fue que te invitaron a la Corte. Mi debilidad es la curiosidad, querida nina.

Rosamund se echo a reir. No pudo evitarlo. En toda su vida nunca habia conocido a nadie como sir Thomas. Le sirvio un copon de peltre lleno de sidra, temiendo que su rustico vino fuera un insulto para su paladar, y se lo dio.

El bebio un sorbo, la miro por sobre el borde de la copa, tomo el resto y le tendio la copa para que le sirviera mas.

– Excelente y recien hecha. ?No tengo razon, querida nina? Ahora responde a mi pregunta, prima Rosamund.

– Estuve un tiempo en la Corte a cargo del rey Enrique VII. En esa epoca conoci a la princesa de Aragon. Cuando volvi a casa, casada con sir Owein Meredith, nos escribimos. Despues de la muerte de mi esposo la reina me llamo a la Corte. Su intencion es animarme, pero yo preferiria quedarme en casa.

– Ah, si, claro, no me cabe duda, querida prima, pero la reina tiene razon. Una visita a la Corte te ayudara a pasar lo peor del duelo. Yo recuerdo a sir Owein. Era un hombre de honor y leal, aunque tal vez un poco aburrido. No te ofendas. Muchos hombres buenos son aburridos y, en tu caso, es obvio que tu no te aburrias con el. -Su mirada fue al extremo de la sala, donde estaban Philippa, Banon y Bessie mirando azoradas esa figura de alguien tan hermosamente a la moda como sir Thomas Bolton-. ?Esas son tus hijas? Que encantadoras.

– Perdimos un varon -dijo Rosamund, como para defender la falta.

– ?Ah, pobrecita! Otro lazo con la reina. Partiremos manana, prima, si te parece bien. Espero que estes lista.

Вы читаете La Dama de Friarsgate
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату