palabra expresaba la voluntad general.

La muchacha, Luz, la desconocida, la autoexiliada: su presencia en el Arrabal habia agudizado esa sensacion de comunidad perfecta y la habia ribeteado de compasion. Conocian el motivo de su presencia en la poblacion e intentaban ser amables con ella. Estaba sola entre ellos, asustada y recelosa, amparandose en su orgullo y en su arrogancia de hija de un Jefe siempre que algo escapaba a su comprension. Pero comprendia, penso Lev, por mucho que la razon la confundiera, comprendia; comprendia con el corazon, ya que habia acudido confiada a ellos.

Cuando Lev se lo dijo —le dijo que, en espiritu, era y siempre habia sido una de ellos, una integrante del Pueblo de la Paz—, Luz esbozo una expresion despectiva.

—Ni siquiera se cuales son tus ideas —afirmo.

En realidad, Luz habia aprendido mucho de Vera y en esos dias tensos, extranos e inactivos, a la espera de noticias o del ataque de la Ciudad, cuando el trabajo cotidiano quedo suspendido y la «gente de Vera» se mantuvo congregada, Lev charlo con ella tanto como pudo, deseoso de unirla plenamente a ellos, de llevarla al nucleo donde la paz y la fortaleza prevalecian y donde nadie estaba solo.

—Realmente, es muy aburrido —explico Lev—. Es una especie de lista de reglas, como en la escuela. Primero haces esto y a continuacion aquello. Primero intentas la negociacion y el arbitraje del problema, sea cual fuere, mediante los medios y las instituciones vigentes. Intentas resolverlo hablando, tal como insiste Elia. Veras, en ese paso el grupo de Vera pretendia hablar con la Junta. No sirvio. Por lo tanto, apelas al segundo paso: la no cooperacion. Es una especie de quedarse quieto y no moverse para que sepan que hablas en serio. Ahora estamos en este punto. Luego llega la hora del tercer paso, que es el que estamos preparando: la presentacion de un ultimatum. La ultima apelacion, en la que se ofrece una solucion constructiva, y una explicacion clara de lo que se hara si no se acuerda dicha solucion.

—?Y que se hara si ellos no estan de acuerdo?

—Recurrir al cuarto paso: la desobediencia civil.

—?Y eso en que consiste?

—La negativa a obedecer toda orden o ley, cualquiera que sea, decretada por la autoridad cuya legitimidad se impugna. Creamos nuestra propia autoridad paralela e independiente y seguimos nuestro camino.

—?Y es tan sencillo?

—Es tan sencillo —respondio Lev sonriente—. Mira, en la Tierra funciono muchas veces. Funciono pese a todo tipo de amenazas y encarcelamientos, de torturas y agresiones. Puedes leerlo, deberias leer la Historia de Mirovskaya…

—No se leer libros —declaro Luz con actitud desdenosa—. Una vez lo intente… Si funciono tan bien como dices, ?por que los expulsaron de la Tierra?

—Porque no eramos bastantes. Los gobiernos eran muy poderosos e influyentes. ?Crees que nos habrian enviado al exilio si no nos hubieran temido?

—Es lo mismo que dice mi padre sobre sus antepasados —comento Luz.

Las cejas de la muchacha formaban una recta por encima de sus ojos, ojos oscuros y reflexivos. Lev la observaba, inmovilizado por su silencio, capturado por su rareza. A pesar que insistia en que Luz era una de ellos, no era asi; no se parecia a Vientosur, a Vera ni a ninguna de las mujeres que conocia. Luz era distinta: ajena. Como la garza gris de la Charca del Templo, Luz contenia silencio, un silencio que lo atraia, lo alejaba, lo dirigia hacia un nucleo distinto.

Lev estaba tan atrapado, tan fascinado mirandola que, a pesar que Vientosur dijo algo, no la oyo y cuando Luz retomo la palabra se sobresalto y durante unos segundos la conocida estancia de la casa de Vientosur le parecio extrana, un lugar ajeno.

—Ojala pudieramos olvidar todo eso —dijo Luz—. La Tierra…, esta a cien anos de distancia, es otro mundo, con un sol diferente, ?que nos importa a los que estamos aqui? Ahora estamos aqui. ?Por que no podemos hacer las cosas a nuestra manera? Yo no soy terricola, tu tampoco. Nuestro mundo es este…, deberia tener su nombre. «Victoria» es una tonteria, una palabra de la Tierra. Deberiamos darle un nombre propio.

—?Cual?

—Alguno que no signifique nada, Ooboo o Baba. Tambien podriamos llamarlo Barro. No es mas que barro…, si la Tierra se llama «tierra», ?por que este mundo no puede denominarse «barro»?

Hablo colerica, cosa que hacia muy a menudo. Sin embargo, cuando Lev rio, Luz tambien lo hizo. Vientosur solo sonrio y dijo con su dulce voz:

—Si, tienes razon. Entonces podriamos hacer nuestro mundo en lugar de imitar lo que hacian en la Tierra. Si no hubiera violencia, la no violencia no tendria por que existir…

—Empecemos por el barro y construyamos un mundo —propuso Lev—. ?No se dan ustedes cuenta que es exactamente lo que estamos haciendo?

—Levantamos castillos de barro —acoto Luz.

—Erigimos un nuevo mundo.

—Con fragmentos del viejo.

—Si la gente olvida lo ocurrido en el pasado, hay que hacerlo todo de nuevo, nunca se llega al futuro. Por eso en la Tierra siguieron librando batallas. Olvidaron como habia sido el ultimo combate. Nosotros empezamos de nuevo. Porque recordamos los viejos errores y no los cometeremos.

—Luz, espero que no te moleste que lo exprese, pero lo cierto es que a veces tengo la sensacion que en la Ciudad recuerdan los viejos errores para poder cometerlos otra vez —dijo Andre, sentado delante del hogar y remendando una sandalia de Vientosur, ya que su segundo oficio era el de zapatero remendon.

—No lo se —replico la muchacha con indiferencia.

Se levanto y camino hasta la ventana. Estaba cerrada porque no habia cesado de llover y habia refrescado a causa del fresco viento de levante. El pequeno fuego del hogar mantenia caliente e iluminada la estancia. Luz se detuvo de espaldas a la fuente de calor y, a traves de los minusculos y empanados cristales de la ventana, contemplo los oscuros campos y las nubes volanderas.

La manana posterior a su llegada al Arrabal, despues de hablar con Lev y los demas, Luz le habia escrito una carta a su padre. A pesar que le llevo toda la manana, la misiva era breve. Se la mostro a Vientosur y luego a Lev. Ahora, cuando la miraba —la figura erguida y fuerte perfilada en negro a contraluz—, Lev volvia a ver la caligrafia, los trazos altos, negros y rigidos de su letra. Luz habia escrito:

Honrado Senor:

He abandonado nuestra Casa. Permanecere en el Arrabal porque no apruebo Sus planes. He decidido irme y he decidido quedarme. Ninguno me tiene prisionera ni en calidad de rehen. Estas personas son mis Anfitriones. Si insiste en maltratarlos no estoy de Su parte. Tuve que hacer esta eleccion. Ha cometido un error con H. Macmilan. La senhora Adelson no tiene nada que ver con mi venida aqui. Fue mi Eleccion.

Su respetuosa Hija,

Luz Marina Falco Cooper.

La carta no contenia ni una sola palabra de afecto, ni una suplica de perdon.

No hubo respuesta. Bienvenido, el joven mensajero, habia entregado la carta inmediatamente. La habia pasado por debajo de la puerta de Casa Falco y seguido su camino. En cuanto Bienvenido regreso sano y salvo al Arrabal, Luz se puso a esperar la respuesta de su padre, respuesta que temia pero que tambien deseaba recibir. Habian pasado dos dias. No hubo respuesta ni ataque o agresion nocturna: nada. Evaluaron que cambio podia haber provocado la desercion de Luz en los planes de Falco, pero no lo hablaron delante de ella a menos que fuera la propia Luz la que planteara la cuestion. Ahora dijo:

—Realmente, no entiendo tus ideas. Hay demasiados pasos, reglas, charla.

—Esas son nuestras armas —puntualizo Lev.

—?Y para que luchar?

—No hay otra eleccion.

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