Algo faltaba en esos libros y el, que lo advertia y hasta lo reconocia entre sus amigos escritores, no terminaba de definir que era, y, sin embargo, estaba seguro de que cuando escribiese su tercer novela sucederia lo mismo. La cronica guerrillera fue virtualmente un exito.
Habia agotado las dos primeras ediciones y se estaba traduciendo al ingles y al frances, todo gracias a que fue comentada en las secciones de politica y actualidad y a pesar de que la mayoria de criticas eran hostiles, se ensanaban con unas pocas inexactitudes y lo calificaban de best seller oportunista.
Alguien difundio que el libro habia sido compuesto por un equipo de ignotos estudiantes de periodismo, que, contratados por la editorial, ni llegaron a verle la cara al supuesto autor. Mientras los mariachis interpretaban su ultimo numero, el animador recordaba sus temores de aquellos dias en los que llego a creer que desenmascararlo como falso autor equivalia a una acusacion de plagio. Estaba equivocado: hasta para sus amigos escritores, que se debatian bajo el terror de las influencias y abominaban de los plagios, el hecho de tener exito sin sacrificio alguno resultaba una virtud comparable a los mayores logros artisticos. Ahora, entre sus intimos, exageraba diciendo que se habia limitado a disenar el indice y a inventar el titulo y, que estaba pensando un nuevo titulo y un indice para una obra complementaria que trataria sobre las fuerzas armadas o sobre la vida de los civiles indiferentes por los mismos anos historiados en su best seller.
Probablemente jamas escribiria ese libro. Pero de algo estaba seguro y se lo habia dicho a su mujer en los dias del divorcio. Ella le habia gritado que era 'un trucho, un farsante, un falso escritor…' y, al verla completamente imbecilizada y animalizada por el odio sintio un alivio y le dijo que gracias a Dios era tal como ella decia, puesto que si creyesen que el libro y sus articulos en el diario los habia escrito el, los del canal no le habrian dado el espacio ni los privilegios que garantizaban el exito de su programa.
Pasado un ano seguia sintiendo el mismo alivio, solo interrumpido, a veces, cuando sospechaba que ella podia estar acostandose con algun escritor joven, fracasado. No eran celos. Lo sentia como un temor supersticioso a recibir un dano, y no valia la pena negarlo: hacia un tiempo que se sucedian acontecimientos que confirmaban el acierto de su creencia.
Algunos piensan que la envidia irradia un factor magico que perjudica a las personas que toma por objeto. No era su caso, pero creia en lo que llamaba 'las ondas'.
En el canal y en el estudio, todos hablaban de buenas y malas ondas, o se oia decir que con tal o cual cosa o persona habia o no habia onda. Sexualmente su ex mujer no le interesaba: ahora diria que no tenian mas onda.
Mas aun, preferiria que tuviese lo que ella llamaba una relacion plena con un hombre. Alguna vez imagino que en las semanas siguientes a la separacion ella vivia un romance con el arquitecto que estaba refaccionando el piso de sus suegros. Era probable, y tenia muchas evidencias de que el tipo se interesaba en ella. Entre las mujeres de su ambito tenia fama de ser un amante infatigable, al que una llamaba 'el diez puntos', y otra 'seis polvos'.
Pensar que ella se acostaba con ese tipo, al que suponia dotado de un pene de grandes proporciones, lo dejaba indiferente: era un play boy de clase media que seducia solo por su narcisismo, y, en compensacion, vivia seducido por las mujeres mayores que el, con dinero y con algun tipo de arraigo en el mundo de la cultura o de la prensa.
Su ex mujer administraba un bar que tenia un anexo de libreria y una pequena sala de exposiciones en la planta baja de la fundacion Delta.
Su suegro siempre aparecia como jurado de concursos y en las comisiones asesoras de los proyectos culturales del gobierno. Era bastante para un arquitecto ocupado de la refaccion de casas.
Una tarde la vio salir del estacionamiento de la fundacion con ese hombre y se convencio que irian a pasar la noche juntos. No le importo y eso probaba que no sentia celos.
En cambio lo inquietaba atribuirle aventuras con cualquiera de esos poetas jovenes que perdian las horas mirando libros en el bar, revisando solapas para ponerse al dia o consultando precios como pretexto para hablar con ella. No era por la edad: serian mas jovenes que ellos, pero tampoco el arquitecto debia tener mas de treinta, y aunque a ella le gustaran los jovenes y hasta de poco mas de veinte anos, si los aceptaba o, directamente, los seducia, no era buscando un desenlace sexual que dificilmente podria satisfacerla, sino para dar lugar a esos dialogos intimos que suceden al sexo y en los que se aprontaria a corroborar la imagen negativa del ex-marido entre los resentidos por el fracaso.
Odio, sentia. Saber que ninguno de esos muchachos llegaria a conseguir la menor notoriedad en la cultura no lo calmaba. Por el contrario: acentuaba una rabia que no podia discriminar si se dirigia a ella o al pobre proyecto de intelectual fracasado.
Pero pareceria que odiar no dana a los demas. Por el contrario, el odio termina confirmandoles lo que son porque eligieron serlo y, de ese modo, funciona como una influencia positiva en el animo. Es todo lo contrario de la envidia. Las ondas maleficas de la envidia no proceden del envidioso ni de la mujer resentida que estimulo su insidia. Estan en uno, alli en la parte de uno mismo que descubre en el mundo focos de negacion de lo que es y de lo que elige ser.
Que esto suceda desde siempre, y no solo en las sociedades sometidas a democracia, prueba que no es que el alma o la mente escruten a un padron de individuos para tabular su prestigio o su popularidad. ?Que es?
Tal vez sea el reconocimiento de la existencia de algo -?una forma de amor?- que entre algunas personas define su bienestar por oposicion a otro que parece tenerlo inmerecidamente.
– ?Que es el amor? -se preguntaba tambien el animador por otros motivos. Faltaban minutos para anunciar el brindis, pronto empezaria a llover, y la pareja que venia siguiendo con la vista desde la tarima del show acababa de salir hacia los ascensores, llevandose sus bolsos pero sin pasar por los vestuarios a cambiarse. La chica caminaba con largos pasos y movimientos de animal joven. El tipo era muy parecido al arquitecto de su ex mujer: al llegar, lo habia identificado como parte de la custodia de la Cementera, y despues estuvo preguntandose por que se habia quedado en la reunion.
Ahora entendia: habria resuelto quedarse interesado en esa chica: querria rondarla, nadar con ella y hablarle senalando el cielo y los edificios vecinos, que fue lo unico que le vio hacer desde el momento en que la comitiva de su jefa se retiro del apart.
Al parecer, por la manera de partir tomandola del hombro y poniendole una mano en el pecho, justo en el borde del corpino de la bikini, habia conseguido su objetivo, y, de alguna manera, se mostraba orgulloso tal como habria hecho el arquitecto. Tambien en esto se parecian.
Fisicamente cualquiera podria haberlos confundido: solo los diferenciaba el corte de pelo policial de este en contraste con la melenita de sonador que usaba el otro: sus pelos castanos, quizas aclarados con alguna locion, siempre estaban volando sobre sus hombros a merced de su habito de volver bruscamente la cabeza hacia un lado cada vez que conseguia completar una frase agradable.
