Su cunado bajo la voz para repetir que los detalles eran horribles, repugnantes y en ese momento, comenzo a crecer un golpeteo de motores que venian oyendo hacia varios minutos. Curiosos por la historia, no les habia llamado mucho la atencion, pero ahora se habia vuelto un ruido ensordecedor en el que se reconocian los escapes de las turbinas de un helicoptero.

Todo se oscurecio: hacia rato que amenazaba nublarse y, hacia el este el cielo se tenia de un marron rojizo cada vez m s denso. No eran nubes: entre los arboles se dibujaba un remolino con forma de cono invertido que tendria el vortice a ras del suelo aunque no se alcanzaba a ver tras las lomadas divisoras de predios.

– ?Que hijos de puta…! -gritaba el dueno de casa y explico: -Se pasaron la manana haciendo vuelos rasantes sobre el campo de golf y ahora decolan sobre las canchas de tenis… ?Ven eso? -senalaba hacia el cielo del este enrojecido- ?Es polvo de ladrillos que levantan de las canchas! Van a ver que ahora empieza a caer y que cuando pase -ya pasaba el helicoptero a unos cincuenta metros por encima de las copas de los cedros altos- el viento de la helice nos apesta de olor a kerosen y rocia todo con polvo y yuyos…

Los chicos habian trepado a la terraza del solarium y saludaban el paso de la maquina. Un aire caliente y con olor a combustible mal quemado invadio el jardin y en unos instantes la pileta y el estanque que usaban para juegos de pesca quedaron cubiertos de hojas flotantes. Algunas habrian caido de los arboles pero la mayor parte eran briznas de cesped del campo de golf que la maquina cortadora no habia terminado de aspirar en el servicio de aquella manana.

– Enchastran todo… -Dijo el dueno de casa y su mujer dejo la mesa diciendo que iba a encargar a las mucamas que limpiasen al menos la pileta de los grandes. Todos querian saber m s acerca del bibliorato pero el juez hizo un ademan significando que preferia obviar algo. Volvio a decir que los detalles eran repugnantes y que habria que leer todo con mayor atencion porque las revelaciones iban apareciendo de a poco en las sucesivas cartas que, copiandose unas a otras, las iban ampliando.

– Ahora, -decia golpeando su Rolex con los nudillos, como para indicar que contaria algo que estaba sucediendo en el mismo instante- fijense que el jardinero, mi jardinero, -subrayo-, hace un tiempo nos pidio autorizacion para instalar un invernaculo en el fondo del terreno y puso una especie de capillita de vidrio donde las nenas pasaban horas porque era un criadero de mariposas y gusanos de seda.

Alimentaba a los bichos con moras y un pure de frutas mezclado con azucar y aserrin y al comienzo del verano las chicas aparecieron con ovillos de hilo de seda, que, segun creian, habian producido o segregado sus gusanos.

Lo mismo dicen todas cartas: las llamadas 'experiencias' habian ocurrido en un invernadero donde criaban larvas, crisalidas y gusanos de seda. El jardinero -el del colegio, claro- adormecia a los gusanos con el humo de un cigarrillo. El lo pitaba y, -segun contaban las viejas en sus cartas- incitaba a la chica tambien a fumar. Despues le mostraba como los bichos, adormecidos por el humo, se volvian dociles y se frotaban entre sus dedos. Simulaba comerse uno, pero se limitaba a permitir que recorriese su su lengua diciendo que era dulce y suave.

Segun las cartas todas las companeras habian tenido la misma experiencia, y coincidian en que eran bichos muy dulces, suaves y perfumados. Ninguna debio haber llegado a tragarlos, pero todas jugaron con el viejo a pasarselo de boca a boca.

Despues, contaba, todo seguia con juegos de lengua. Les sugeria que lo imaginen, pero que aunque eran cosas que cualquiera puede suponer, era dificil que alguien conciba detalles tan retorcidos como lo que estas viejas cuentan que hicieron, sintieron o se inventaron.

Del relato de su cunado le quedo nitida la imagen de gusanos de seda blanquisimos retorciendose sobre una lengua. Y del tipo del colegio, el de hace mas de cuarenta anos, una imagen fisica que en su memoria se confundia con los rasgos del jardinero que tantas veces habia visto en la casa quinta del juez.

Uno puede ver verano tras verano al mismo hombre con sus palas y herramientas, siempre inclinado sobre las flores, o caminando como agobiado por el peso del sol, sin siquiera interesarse ni por su nombre.

Siempre cualquiera puede ser un violador, o un asesino. De este jamas hubiera sospechado nada. Que era loco, decian, pero sucede siempre con la servidumbre llegada a cierta edad: la gente tiende a atribuir locura a los que, siendo mayores que ellos, ocupan un rango social tanto mas bajo. Solo la demencia puede explicar por que esa gente no ha podido progresar con el paso del tiempo. A la vez, no descartaba que muchos sirvientes exagerasen sus rasgos de ensimismamiento o de tristeza para justificar una diferencia social debida a otras causas que resultaria penoso reconocer en presencia de su pares y superiores.

Del jardinero de sus cunados recordaba la costumbre de caminar tarareando y algunas curiosidades que le ensenaba a las nenas: nombres cientificos de arboles y flores, que eran temas de su oficio, o costumbres de animales salvajes y de insectos que no tenia por que conocer.

Pese a esto, nunca se le ocurrio que fuera capaz de armar un libro ni de inventar una historia tan descabellada. Los medicos de la policia que rato despues menciono su cunado, aseguraban que a la vista de lo que habia escrito, no era un violador pero que potencialmente era un tipo peligroso: todo lo que desconcierta suele encubrir algun peligro.

?Habria copiado eso de otro libro, tal como esas viejas se copiaban los episodios y hasta el estilo de sus cartas? Era otra de las cosas que nunca llegarian a saber. Al tipo lo habian despedido, y con el se perdia la pista de la historia, pero seguia sintiendo curiosidad por leerla y confirmar si el cambio gradual de la correspondencia desde la formalidad a la locura, y lo que su cunado llamo varias veces 'contagio' de una a otra vieja, de una carta a otra, se producian efectivamente como lo habia contado.

Hay muchas cosa raras en los libros. Su mujer le reprochaba que leyese tanto, pero, comparandose con otros colegas y con algunos conocidos que cada semana iban por las librerias de barrio norte a buscar la ultima novedad, se consideraba un lector perezoso.

Ultimamente se habia propuesto leer con metodo y tomar notas de las ideas que se le fueran ocurriendo. Temia perder detalles, y mas que eso, olvidar ideas que algunas lecturas lo llevaban a pensar, y que, en el momento le parecian importantes, o reveladoras.

Le interesaba cada vez mas el tema de la locura, pero no era facil enfrentar a un vendedor para pedirle libros sobre locura: cualquiera interpretaria que se interesaba en temas de psicologia, o psiquiatria.

Pero no era eso: en tal caso iria un local especializado, o consultaria a un psicologo. Ya habia anotado que su interes no deberia definirse como lo que le sucede a un loco, sino por lo que se siente en la etapa del comienzo de la enfermedad.

Temia a la locura, no a perder la razon. Esa tarde lo aliviaba ver que otros escribanos compartian identico pesimismo y el mismo diagnostico sobre la decadencia de la profesion, y el consecuente temor al futuro. Pero, en compensacion, tanto la evidencia de la carrera de enriquecimiento y ostentacion de su cunado, como el relato del

Вы читаете Urbana
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату