libraco del violador, volvian a perturbarlo.
Si existia la locura, y si alguna de sus posibles variantes pudiese llegar a afectarlo, seria bajo la misma forma: una amenaza venida desde abajo, desde los animales, desde la servidumbre o de las mismas calles de su barrio invadidas por gente indeseable que en apariencia eran iguales a el y a los de su familia.
Tendria que encontrar una manera de anotar esto para entenderlo mejor alguna vez: pensaba en las absurdas laminas de poliestireno negro que, simbolicamente y por unos pocos dias, repudiaban la invasion de su barrio por la canalla del Apart Hotel. Tendria que haber un medio mas eficaz que una cortina para garantizar que la locura, igual que esa fealdad venida desde abajo, no llegara a entrometerse en su vida.
?Seria cierto que el juez, que ya era un cuarenton, contemplaba la posibilidad de abandonar todo y vender todo para empezar una carrera academica sin mayores promesas, en otro pais…? ?O seria otro despliegue de fanfarroneria para llamar la atencion sobre su patrimonio…?
En cualquier caso su cunado acertaba: vivir algunos anos en una pequena comunidad americana seria una manera de evitar la amenaza de la locura para quien tuviese los recursos necesarios. Estaba en lo cierto, sea que en verdad lo estuviese planificando, o que se limitara fantasear con la idea, o a jugar con ella para provocar la fantasia de los otros.
Para el, hasta como fantasia, partir era imposible. Algunos colegas, y no era el caso de los dos presentes, habian encontrado hacia anos una manera que entonces le parecio repugnante y ahora descubria que era el unico camino eficaz. Uno se habia asociado con directivos de los bancos, aceptando compartir sus honorarios con ellos o con las firmas que representaban. Otros se habian lanzado a la politica, exagerando su entusiasmo por el auge de la democracia. Tambien a ellos les fue bien y no solo porque alguno llego a ganar un cargo electivo o cierta figuracion de prensa, sino porque todos, moviendose en ese medio, accedieron a un nuevo tipo de cliente que ahora representaba las mejores operaciones notariales.
Era como la idea persecutoria de haber perdido el ultimo vuelo: en aquel momento, aquellos vieron lo que debian hacer y el sospecho que podian tener razon. Ya nadie acertaba con lo que le convenia hacer, y hacia anos que ni siquiera aparecian alternativas repugnantes como esas, que, ahora si, estaria dispuesto a contemplar con seriedad, si el tiempo pudiera volver hacia atras.
Pero, al reves, el tiempo solo puede avanzar y urgir. Esa es la clave de personajes que se retuercen pegoteados sobre la lengua artificial del relato. Como en el invernaculo, el mismo cristal que permite que una forma de vida prospere fuera del clima requerido por su especie, fija los limites de su supervivencia: si el gusano quiere salir, o la planta crecer mas alla de su techo, cada uno a su manera tropezar, como ante un obstaculo, con la misma condicion que hizo posible que creciera o que intentara algo.
Es la contradiccion de la locura, que aparece en los locos, pero tambien en los que temen a la locura y en los que tratan de explicarla, narrarla o mantenerla bajo control.
Siempre hay un error, y creyendo temer a la locura este escribano responde a la amenaza social de desclasamiento con un miedo que su especie, su clase y su familia no han previsto en sus programas de desempeno. Y sin embargo es la unica forma de locura dispuesta para el: una circunstancia que, no por trivial, esta libre del desenlace tragico que aguarda a todos los humanos.
El programa de los relatos es mas simple. Aunque en la vida haya relatos y a veces predominen sobre todo lo que se ve o se oye, y aunque, por su parte, los relatos suelan ser prodigos en referencias a la vida, esta siempre dispone de un exceso procedente del tiempo irreversible en el que esta condenada a suceder. Es como si el tiempo fuese un viento generado por las mismas cosas que va arrastrando y repentinamente empiezan a caer sobre quienes no las esperaban.
8
Le habia pedido a la virgen que la nina estuviera bien y que su hermana estuviera bien y que viniese a Buenos Aires en verano, por lo menos antes de carnaval, porque en Semana Santa iria ella a San Jose, y de no ser posible, si le atrasaban la vacacion, iria en junio o a mitad del invierno.
Iba a ser una de las ultimas veces para ver San Jose. Antes, cada dos anos iba alli y cada vez encontraba peor el pueblo y la gente. Ahora sin hombres. Antes, casi todos los anos, y hasta la epoca de la guerra de Las Malvinas cuando llegaba se hacia un alboroto de hombres porque avisaban que habia llegado la Portena. Le decian La Portena mas que nadie los hombres. Despues, casi no quedaron hombres. En la guerra murieron nada mas que dos chicos, y eran primos entre ellos. Pero cerraron un ingenio, despues el otro, y los hombres desaparecieron. Quedaron viejos nada mas y algunos chicos con abuelas. De tres boliches, quedo solo el de la ruta y lleno de santiaguenos. Y en las ultimas idas casi nadie la reconocio ni oyo que la llamaran La Portena.
A la hermana si, ahora le dicen Portena porque baja a la Capital casi todos los anos y cuando vuelve habla como portena por unos cuantos dias. Habla como portena, pero sin maldad.
En cambio el sobrino, las pocas veces que subio a San Jose, se la paso visitando casas y poblados de alrededor, haciendose todavia mas porteno de que lo que se volvio desde que vive en Tolosa y entro en la policia.
Le habia pedido a la virgen que el chico no fuera orgulloso, pero hay cosas que nunca se pueden conseguir. Era mentira que fuese obligatorio andar con la cartera llena de balas y la pistola, pero en Tucuman el sobrino entraba a las casas disculpandose, diciendo que las tenia que llevar aunque saliera a pasear los perros por los canaverales, porque era el reglamento. Ahora gana mas de mil y le manda a la madre cincuenta pesos y nunca a tiempo. Comparando, ella gana cuatrocientos y manda todos los principios de mes cien o ciento cincuenta, segun vengan las cosas. Claro: el chico se caso y tiene mas obligaciones y tiene la mujer, que en el pueblo no gusto porque parecia gringa, blanquisima, aunque no era una chica mala con nadie, ni con la suegra.
Lo bueno de los domingos es que se puede estar sola desde temprano y pensar todo el dia. Despues de misa, aunque sea un domingo de calor, una se siente aliviada, como cuando comulgaba.
Ahora casi nadie comulga y cada vez se ve menos gente en las misas. Antes todos comulgaban por lo menos cada mes. Los sabados a media tarde confesaban, el domingo, en la misa de las nueve, daban la comunion, y entre la tarde del sabado y la hora de comulgar de la manana pasaba un tiempo mas tranquilo, sin radio ni tele, tratando de hacer todo con santa paciencia, y sin enojarse ni amargarse para no pecar. Pecar es hacer dano.
Antes pensaba que ignorancia era no poder escribir bien una carta o hacer las cuentas y no saberse libros enteros de memoria. No, antes no, siempre creyo asi hasta que, todo a la vez y al mismo tiempo, se dio cuenta de que se habia vuelto vieja y que la ignorancia era nada m s que ser malo.
Lo bueno de la iglesia del barrio Flores era que nunca se podia saber cual cura era el que estaba confesando, aunque con el tiempo se reconocia a los dos mas jovenes, por la voz. Hace mas de quince anos que se mudaron y desde entonces se confiesa en la capilla del barrio norte, siempre con el mismo cura que cambio dos veces. A este cura no podia decirle que ignorancia es ser malo, porque le volveria a hablar del pecado de soberbia. Justo a
