Se oyo un trueno y todavia no tenia resuelto como convendria anunciar el brindis. Si estuviese lloviendo todos emprenderian la retirada y tambien el estaria yendose con su cheque de seiscientos. Si hubiera empezado a llover unos minutos antes ya se habria ido y habria visto a la chica del custodio caminando igual, como en puntas de pie, pero chorreando lluvia desde sus empeines, como cuando la descubrio por primera vez saliendo de la pileta.
Le habia preguntado a un socio del apart si era una del servicio de acompanantes y le habian dicho que no: era una amiga de las de la agencia de prensa que a veces solia ayudarlas. Nadie sabia su nombre.
7
Escuchaba decir que estaban 'pasando desgracia tras desgracia', y todo a proposito de una boludez. En cambio, el viaje por la autopista hasta el country de su colega habia sido, en verdad, una desgracia.
Primero tuvieron un embotellamiento en el empalme: durante media hora avanzaron a paso de hombre, y de repente todo se despejo y retomaron el camino sin enterarse de las causas de la demora.
Despues hubo un problema en las cabinas de peaje. Segun algunos habian asaltado a un cobrador, otros decian que un chofer fuera de si habia bajado discutiendo y desencadeno una pelea. Habian oido que una ambulancia se llevo a dos guardias sangrando: por lo menos, al salir del peaje cada uno podia elegir la explicacion que mas le gustase.
Finalmente, al llegar al country del otro escribano encontraron una larga cola de autos y todoterrenos. Habia alguien de gobierno visitando a una familia, se temia un atentado y los de seguridad revisaban baules, motores, bajo los asientos y en el equipaje de las familias buscando armas y explosivos. Gente inexperta, se distraia verificando detalles y les llevo minutos revisar la mochila de la nena, que venia cargada de cosmeticos infantiles y libros de Disney.
Cuando llegaron al jardin de su colega, ya tenian listo el asado y el seguia afligido por tanta demora sin poder librarse de la imagen del guardia que morosamente controlo hoja por hoja un cuaderno escolar y se detenia a leer los epigrafes de unas imagenes de la muneca Barbie.
Durante el almuerzo se fue calmando. Por suerte, la familia de su colega habia dispuesto una mesa atendida por una empleada donde comerian los ninos y la arboleda que rodeaba el jardin tenia un efecto benefico: pinos y eucaliptus filtraban el fuerte viento impregnandolo de una atmosfera balsamica que atenuaba el calor. Las mujeres casi ni hablaron y parecian interesadas por la conversacion de sus maridos: tres escribanos pesimistas por el destino de su profesion.
Confirmar que, en su escala, esos dos colegas afortunados padecian la misma merma de trabajo que el y compartian sus peores pronosticos sobre el futuro tambien tenia el efecto balsamico de un bosque de cedros. Las mujeres tenian razon: en el country el calor y la desazon se hacian mas tolerables que en la ciudad.
Pero a los postres se agrego al encuentro su cunado el juez. Habia aparecido en su nueva Harley trayendo a las hijas abrazadas a su cintura. No sabia que estuviera invitado y su presencia venia a hacerle mas dificil la charla entre colegas.
Era el nuevo rico de la familia. Casado con la hermana de su mujer, su pedanteria ostentosa escandalizaba a los parientes. Ahora estrenaba esa moto con el entusiasmo de un chico de veinte anos y esa novedad pronto se agregaria a la lista de patrimonios que comentaba la familia, alternando envidia y admiracion, segun los variables animos de momento.
No toleraba la teatralidad de la carrera de acumulacion de bienes que emprendia su cunado. A medida que incorporaba una nueva propiedad, -barcos, chacras, edificios de renta- se agrandaba proporcionalmente su protagonismo en reuniones de familia y encuentros sociales como el de aquella sobremesa. Ya no podia imaginar una escena en la que el juez no fuese el centro de la atencion de todos.
Ahora contaba que en las ultimas semanas habia tenido que vivir desgracia tras desgracia.
Se les habia muerto el administrador de la chacra y habia desaparecido toda la documentacion de operaciones de compra, venta, ampliaciones y gastos de personal. Tuvieron que contratar a un auditor que les aconsejo que diesen todo eso por perdido.
– Una desgracia… Y no por la plata -descartaba-: por ahi, con cien mil dolares se soluciona todo… Es la sensacion de que hoy en dia uno tiene que vivir dependiendo de gente asi… Si fuera un negocio no seria tan grave, pero esta chacra era una cuestion mas de familia… ?Mi mujer quedo hecha mierda…! ?Loca por este tema!
Contaba que su despacho y las oficinas de los secretarios de su juzgado estaban llenos de microfonos, y que el mayor peligro era que la gente que recibia grabaciones o transcripciones de las escuchas eran un monton de inutiles capaces de interpretar cualquier cosa.
Acababa de enterarse de que su administrador, el muerto, ademas de imbecil y desordenado, era comunista y trabajaba con una empresa financiera ligada a los restos del aparato de su partido:
– Imaginate vos… -le decia al dueno de casa- con tantas pelotudeces contables que uno pudo llegar a haber hablado con un bolche, lo que puede pasar si a alguien se le ocurre leerlas como mensajes en clave… Debo haber mencionado tres bancos, diez marcas de herbicidas de nombres extranos y siglas con numeros… Este invierno hable montones de veces de la 'caja negra', que es el sistema que usan las cosechadoras para controlar los recorridos de potreros con el posicionador satelital… Y de golpe un cretino que gana quinientos dolares por mes escucha eso y hace copias para la prensa…
Ya anticipaba un titular, 'La Caja Negra del Juez', y le decia a los escribanos que ellos no tenian esos problemas, para explicar que cada vez mas seguido estas cosas le hacian pensar la posibilidad de renunciar y vender todo para ir a hacer un postgrado en leyes en Estados Unidos y vivir alli con lo indispensable, sin depender de terceros y sin necesidad de vigilar donde le habrian metido los microfonos esa semana.
– Lo peor es la gente… -Decia.
Para peor, esa semana habia tenido problemas en su country y con la brigada policial de la zona.
Habia desaparecido un reloj. Lo buscaron por toda la casa, interrogaron a las mucamas y a las nenas pero nadie lo habia visto. Era el cronografo marino que decoraba una repisa frente a su escritorio. Al dia siguiente, aprovechando que el jardinero habia salido en su franco de los jueves, su mujer decidio revisar el cuartito que el tipo ocupaba detras de los vestuarios de la pileta.
No lo consulto: el no la hubiera autorizado y, en caso de verdadera necesidad, lo habria hecho personalmente y en presencia de la mucama de confianza.
