El pelo de la ondina era verde, no blanco; tal vez eso lo explicara casi todo. Yo tendria que haberme dado cuenta de que ni en hombres ni en animales con cabello o pelaje se encuentra un verde tan vivido y autentico, y que cuando parece darse es efecto de las algas, como en la sangre del hombre verde de Saltus. Si dejamos una soga colgando en un estanque, no tarda en volverse verde; que estupido habia sido.
Habia que dar parte de la muerte de Idas. Lo primero que pense fue hablar con el capitan, y asegurarme de que me prestara atencion contactandolo a traves de Barbatus o Famulimus.
No bien habia cerrado la puerta comprendi que esa presentacion era imposible. La conversacion en el camarote habia sido el primer encuentro de ellos conmigo; y por lo tanto el ultimo mio con ellos. Tendria que llegar al capitan de otra forma, establecer mi identidad e informar de lo ocurrido. Idas habia dicho que las reparaciones se estaban haciendo abajo; seguro que debia haber un oficial de turno. Una vez mas baje los sinuosos escalones, ahora hasta mas alla de las jaulas de los inclusos, hacia una atmosfera aun mas humeda y caliente.
Por absurdo que pareciera, de algun modo senti que mi peso, apenas ligero en el anden de mi cabina, disminuia mas a medida que bajaba. Antes, durante la escalada por los cordajes, lo habia notado menguar con el ascenso; de lo cual se deducia que habria tenido que aumentar segun iba descendiendo de un nivel a otro en las entranas de la nave. Solo puedo decir que no era este el caso, o al menos que no me parecia asi sino al reves.
Pronto oi pasos en la escalera que tenia debajo. Si algo habia aprendido en las ultimas guardias, era que cualquier extrano que me cruzara al azar intentaria matarme. Me detuve a escuchar y saque la pistola. Conmigo se detuvo el debil retumbo metalico; luego volvio a sonar, rapido y desparejo, el ruido de alguien que subia corriendo y tropezaba. En un momento hubo un estrepito, como de una espada o un casco caidos, y otra pausa hasta que se reanudaron los pasos vacilantes. Yo estaba bajando hacia algo de lo cual otro huia; de eso no parecia haber dudas. El sentido comun me indicaba que huyera tambien, pero me demore, demasiado orgulloso y tonto como para retroceder mientras no conociera el peligro.
No tuve que demorarme mucho. Al cabo de un momento entrevi abajo un hombre con armadura que trepaba con prisa febril. Un momento mas y solo nos separaba un tramo, con lo que lo vi bien; le faltaba el brazo izquierdo, y, por cierto, al parecer se lo habian arrancado porque del brazal pulido aun colgaban unos jirones sangrantes.
Habia pocas razones para temer que ese hombre herido y espantado me atacara, y muchas mas para suponer que iba a escapar si yo le parecia peligroso. Enfunde la pistola y lo llame, preguntandole que pasaba y si podia ayudarlo.
Se detuvo y alzo la cara cubierta por el visor. Era Sidero y estaba temblando.
—?Eres leal? —grito.
—?A que, amigo? No tengo intencion de hacerte dano, si hablas de eso.
—?A la nave!
No tenia sentido prometer lealtad a un mero artefacto de los hierodulos, por grande que fuese; pero, obviamente, no era momento de discutir abstracciones.
—?Por supuesto! —exclame—. Hasta la muerte, si es preciso. —Rogue por dentro que el maestro Malrubius, que en un tiempo me habia intentado ensenar algo sobre las lealtades, supiera perdonarme.
Sidero volvio a subir los escalones, esta vez con algo mas de calma y lentitud, pero todavia trastabillando. Ahora que lo veia mejor, comprendi que el chorreante fluido oscuro que habia creido sangre humana era demasiado viscoso, y menos carmesi que verde negruzco. Los jirones que habia tomado por carne hecha pedazos eran cables mezclados con una especie de algodon.
Sidero era un androide, entonces, un automata con forma humana como habia sido mi amigo Jonas. Aunque me reproche no haberme percatado antes, el descubrimiento fue un alivio. En el camarote ya habia visto bastante sangre.
A esas alturas Sidero ya se acercaba al descanso donde yo estaba. Cuando llego se detuvo, balanceandose. En ese tono rudo e imperioso que uno adopta inconscientemente para dar confianza, le dije que me dejara verle el brazo. Lo hizo, y yo recule atonito.
Si meramente escribiera que era hueco, daria la impresion de que era hueco como se dice que es la osamenta. Mas exactamente, estaba vacio. Los cablecitos y flecos de fibra empapada en liquido oscuro salian de la circunferencia de acero. Dentro no habia nada; absolutamente nada.
—?Como puedo ayudarte? —pregunte—. No tengo experiencia en tratar heridas como esta.
Parecio dudar. Yo habria dicho que el rostro cubierto por el visor era incapaz de expresar emocion; y sin embargo se las ingeniaba para hacerlo mediante movimientos angulares y el juego de sombras de las facciones.
—Tendras que hacer exactamente lo que yo te diga. ?Lo haras?
—Por supuesto —dije—. No hace mucho, confieso, jure que algun dia iba a empujarte de una altura como me empujaste tu a mi. Pero no me vengare de un hombre herido. — Entonces recorde cuanto habia querido el pobre Jonas que lo considerasen un hombre, como por cierto lo considerabamos yo y muchos otros, y de hecho ser un hombre.
—Debo confiar en ti —dijo el.
Dio un paso atras y el pecho —todo el torso— se le abrio como un gran capullo de acero. Y se abrio al vacio, sin revelar nada.
—No entiendo —le dije—. ?Como voy a ayudarte?
—Mira. —Con la mano que le quedaba senalo la superficie interna de una de las placas como petalos que formaban el pecho vacio—. ?Ves algo escrito?
—Si, lineas y simbolos de muchos colores. Pero no puedo leerlos.
Entonces me describio cierto simbolo complejo y los que lo rodeaban, y despues de buscar un poco lo encontre.
—Inserta alli un metal afilado. Giralo a la derecha un cuarto de vuelta, no mas.
La ranura era muy angosta, pero mi cuchillo de caza tenia una punta de aguja que yo habia limpiado en la camisa de Idas. Encaje esa punta en el lugar que Sidero me habia indicado y la hice girar como me habia dicho. La fuga de liquido oscuro disminuyo.
Sideros me describio un segundo simbolo en otra placa; y mientras yo la buscaba me atrevi a decirle que nunca habia oido ni leido nada sobre seres como el.
—Hadid o Hierro te lo podrian explicar mejor. Yo cumplo mis deberes. No pienso en esas cosas. No a menudo.
—Comprendo —dije.
—Tu te quejas de que te empuje. Lo hice porque no atendias mis instrucciones. He aprendido que en la nave los hombres como tu son un riesgo. Si se hacen dano, no es mas que el que me harian a mi. ?Cuantas veces dirias que hombres asi han intentado destruirme?
—No tengo idea —dije, todavia escrutando la placa en busca del simbolo.
—Yo tampoco. Aqui entramos en el Tiempo, y luego salimos y volvemos a entrar. El capitan dice que hay una sola nave. Todas las naves que saludamos entre las galaxias o los soles son esta nave. ?Como voy a saber cuantas veces lo han intentado, cuantas veces tuvieron exito?
Pense que se estaba volviendo irracional, y entonces encontre el simbolo. Una vez que hube ajustado la punta del cuchillo a la ranura y gire la hoja, la filtracion se redujo a casi nada.
—Gracias —dijo Sidero—. Estaba perdiendo mucha presion.
Le pregunte si no tenia que beber fluido para reponer el que habia perdido.
—A la larga si. Pero ahora tengo de nuevo mi fuerza, y cuando hagas el ultimo ajuste la tendre toda. —Me dijo donde estaba y que hacer.
—Me preguntaste como llegamos a existir. ?Sabes como llego a existir tu raza?
—Solo se que eramos animales y viviamos en los arboles. Eso dice el mistes. No monos, porque monos sigue habiendo. Tal vez algo parecido a los zoantropos, aunque mas pequenos. Los zoantropos siempre andan por las montanas, me he fijado, y alli trepan a los arboles de la selva de altura. El caso es que esos animales se comunicaban entre si, como hacen incluso el ganado o los lobos, por medio de ciertos gritos y movimientos.
