Finalmente, por la voluntad del Increado, resulto que los que se comunicaban mejor lograron sobrevivir y los que lo hacian mal perecieron.
—?No hay nada mas?
Sacudi la cabeza. —Los que se comunicaban tan bien que podia decirse que hablaban fueron hombres y mujeres. Eso seguimos siendo nosotros. Las manos se nos hicieron para asirse a las ramas, los ojos para ver la proxima rama al pasar de un arbol a otro, las bocas para hablar y masticar fruta y pichones. Asi siguen siendo. ?Y tu especie que?
—Como la tuya, en gran parte. Si es cierto lo que se cuenta, los maestres querian protegerse del vacio, de los rayos destructores, las armas de los hostiles y otras cosas. Se construyeron cobijos duros. Tambien querian ser mas fuertes para la guerra y el trabajo en la nave. Entonces nos pusieron el liquido que viste para que movieramos los brazos y las piernas como ellos quisiesen, pero con mas fuerza. Nos lo pusieron en los genatores, deberia haber dicho. Como necesitaban comunicarse, agregaron circuitos parlantes. Despues mas circuitos para que pudieramos hacer una cosa mientras ellos hacian otra. Controles para que pudieramos hablar y actuar aun cuando ellos no pudiesen. Hasta que al fin llegamos a tener reserva de habla y aun actuar sin un maestre dentro. ?No consigues encontrarlo?
—?En un momento lo tengo! —le dije. La verdad es que lo habia encontrado hacia ya un rato, pero queria que siguiera hablando—. ?Quieres decir que los oficiales de la nave os utilizan como si fueseis ropa?
—Ahora no muy a menudo. La marca es como una estrella, con otra marca derecha al lado.
—Ya lo se —dije, pensando que podia hacer y estudiando la cavidad. Pense que el cinturon, con el cuchillo y la pistola en su funda, no iba a caber; pero sin estas cosas podria muy bien meterme dentro.
Le dije a Sidero: —Espera un poco. Si quiero encontrarlo voy a tener que trabajar agachado. Estas cosas se me estan clavando en los dedos. —Me quite el cinturon y lo deje en el suelo, junto con la vaina y la pistola.— Seria mas facil si te acostaras.
Asi lo hizo, y ahora que ya no sangraba como antes, con mas rapidez y gracia de lo que yo hubiera pensado.
—Date prisa. No puedo perder tiempo.
—Escucha —le dije—, si hubiera alguien persiguiendote, a estas alturas ya estaria aqui, y yo no oigo a nadie alrededor. —Mientras fingia estar ocupado, yo pensaba furiosamente; la idea parecia una locura, pero si resultaba me daria proteccion y un disfraz. Habia usado armadura muy a menudo. ?Por que no usar una armadura mejor?
—?Crees que me he librado de ellos?
Oi lo que decia Sidero pero apenas le preste atencion. Antes yo habia hablado sin escuchar; ahora habia algo que escuchar, y despues de escucharlo reconoci que era: un lento batir de grandes alas.
IX — El aire vacio
La punta de mi cuchillo ya habia encontrado la ranura. La hice girar mientras me arrancaba la capa y rode adentro del cuerpo abierto de Sidero. No intente siquiera ver que clase de criatura movia esas alas hasta que hube metido la cabeza dentro de la de el, con cierto esfuerzo, y pude mirar por el visor.
Tampoco entonces vi nada, o casi nada. El pozo de aire, que a esa profundidad habia estado antes bastante despejado, ahora parecia lleno de niebla; algo habia hecho bajar el aire fresco de los niveles superiores, mezclandolo con el aire tibio, humedo y rezumante que respirabamos. Algo que ahora enturbiaba la niebla, como si la revolviera un millar de fantasmas.
Yo ya no oia las alas ni ninguna otra cosa. Lo mismo habria dado tener la cabeza encerrada en una polvorienta caja de caudales y espiar por la cerradura. Entonces sono la voz de Sidero, pero no en mi oido.
Realmente no se como describirlo. Se bien lo que es tener pensamientos ajenos en la mente: los de Thecla y los del antiguo Autarca entraron en la mia antes de que los incorporara a mi vida. Pero no era eso. Y sin embargo tampoco era lo que yo entendia por oir. Lo mas aproximado que se me ocurre es que detras del oido hay otra cosa que oye; y que la voz de Sidero estaba alli, alcanzandome sin pasar por el oido.
—Puedo matarte.
—?Despues de que te he reparado? He conocido ingratitudes, pero ninguna tan honda.
El pecho se le habia cerrado firmemente, y pugne por meter las piernas en las suyas, haciendo fuerza con las manos apoyadas en los huecos de los hombros. Si me hubiese quedado fuera un momento mas, me habria quitado las botas; entonces habria sido facil. Tal como estaban las cosas, tenia la sensacion de haberme fracturado los dos tobillos.
—?No tienes derechos sobre mi!
—Tengo todos los derechos. Te hicieron para proteger a los hombres, y yo era un hombre falto de proteccion. ?No oiste las alas? No vas a hacerme creer que hay una criatura como esa libre en la nave.
—Han soltado a los inclusos.
—?Quien? —Por fin se me habia acomodado la pierna sana. Con la coja tendria que haber sido mas facil porque se le habian acortado los musculos; pero por mas que me esforzaba no conseguia empujarla hacia abajo.
—Los guinadores.
Me senti doblado hacia delante como a veces pasa en la lucha; Sidero se estaba sentando. Se levanto, y al ponerse en pie permitio que mi pierna derecha se estirara. Despues fue facil meter el brazo izquierdo. Con la misma facilidad entro el derecho, pero asomo por el brazal destrozado, protegido solamente en el hombro.
—Asi esta mejor —dije—. Espera un momento.
En cambio Sidero se lanzo escaleras arriba, ahora capaz de subir tres peldanos de una zancada.
Me frene, di media vuelta y volvi a bajar.
—Te matare por esto.
—?Por volver por mi cuchillo y mi pistola? Creo que no deberias; tal vez los necesitemos. —Me agache a recogerlos, el cuchillo con la derecha, la pistola con la izquierda dentro de la mano de Sidero. Parte del cinturon se habia metido en la rejilla del piso; pero lo recupere sin dificultad, inserte la vaina y la pistolera y lo abroche a la cintura de Sidero sin dejar un pulgar de espacio.
—?Sal!
Le ajuste mi capa a los hombros.
—Sidero, aunque no me creas yo tambien he tenido gente dentro. Puede llegar a ser agradable y util. Porque estoy donde estoy tenemos brazo derecho. Tu dijiste que eras leal a la nave. Yo tambien. Vamos a…
Algo palido se desprendio de la niebla palida. Las alas eran traslucidas como las de los insectos, pero mas flexibles que las de un murcielago. Y eran enormes, tan anchas que envolvian el descanso donde estabamos como cortinas de catafalco.
De pronto volvi a oir. Sidero habia activado los circuitos que transmitian el sonido a mis oidos, o quiza estaba demasiado aturdido para impedir que funcionaran. Como fuese, oi el viento que esas alas grandes y fantasmales hacian bramar a nuestro alrededor, un siseo como el templado de mil espadas.
Tenia la pistola en la mano, aunque no conciencia de haberla sacado. Busque desesperadamente algo a lo cual disparar, garras o cabeza. No habia nada, y sin embargo algo me aferro las piernas y me levanto, y tambien a Sidero, como un nino levanta un muneco. Dispare a ciegas. En las titanicas alas se abrio un hendidura —ah, pero que hendidura mas pequena—, los bordes apenas definidos por una estrecha banda de negro quemado.
La baranda me dio en las piernas. En ese momento volvi a disparar y oli humo.
Parecia como si ardiese mi propio brazo. Di un grito. Sidero estaba luchando con la criatura alada sin mi voluntad. Habia sacado el cuchillo de caza, y por un instante temi que me hubiera apunalado el brazo, que el dolor ardiente que sentia fuese de sudor entrando en una herida. Se me ocurrio volver la pistola contra el; entonces me di cuenta de que mi mano estaba dentro de la suya.
Una vez mas fui presa del horror del Revolucionario. Yo luchaba por destruirme a mi mismo y ya no sabia si era Severian o Sidero, Thecla para vivir o Thecla para morir. Giramos, cabeza abajo.
Caimos. Fue de un terror indescriptible. Intelectualmente, yo sabia que en la nave solo podiamos caer con
