lentitud. Y sin embargo estabamos cayendo, y el aire silbaba mas y mas rapido, y la pared del pozo de aire era una mancha oscura.

Habia sido todo un sueno. Que extrano parecia. Yo habia subido a una nave con cubiertas en todos los lados; me habia metido en un hombre de metal. Ahora por fin estaba despierto, tendido en la helada ladera de una montana, mas alla de Thrax, viendo dos estrellas y en la duermevela imaginando que eran ojos.

El brazo izquierdo se me habia acercado mucho al fuego, pero no habia fuego. Entonces lo que quemaba tanto era el frio. Valeria me llevo a un suelo mas blando.

Estaba sonando la campana mas grave del campanario. El campanario se habia alzado por la noche, en una columna de fuego, y al alba se habia instalado junto a Acis. La garganta de hierro de la gran campana les gritaba a las rocas y ellas resonaban alargando el eco.

Dorcas habia puesto la grabacion de «Campanas graves entre bastidores». ?Habia dado a luz mis ultimas lineas? «Desde hace largo tiempo se dice que en tiempos futuros la muerte del sol viejo destruira Urth. Pero de la tumba saldran monstruos, un pueblo nuevo y el Sol Nuevo. La vieja Urth nacera como una mariposa de la crisalida seca, y la Urth Nueva se llamara Ushas.» ?Que fanfarron! Exit el Profeta.

En las alas me esperaba la mujer alada del libro del padre Inire. Golpeo las palmas una vez mas, formalmente, como una gran dama llamando a su doncella. Cuando se separaron, aparecio entre las dos un punto de luz blanca, caliente y llameante. Tuve la impresion de que ese punto era mi rostro, y mi rostro una mascara que lo miraba.

El antiguo Autarca, que vivia en mi mente pero rara vez hablaba, murmuro a traves de mis labios hinchados: «Busca otra…».

Pasaron doce jadeos antes de que entendiese lo que nos habia dicho: que era hora de rendir este cuerpo a la muerte, tiempo de que tambien nosotros —Severian y Thecla, el mismo y todos los que estaban a su sombra— avanzaramos hacia la sombra. Tiempo de que encontraramos a otro.

Yacia entre dos grandes maquinas ya rociadas de un lubricante oscuro. Casi cayendome, me agache a explicarle que debia hacer.

Pero estaba muerto, la cicatriz de la mejilla fria al tacto, la pierna mustia quebrada, el hueso blanco asomando entre la piel. Con mis dedos le cerre los ojos.

Alguien se acercaba con pasos rapidos. Antes de que me alcanzara ya tenia a algun otro junto al hombro, una mano detras de mi cabeza. Le vi la luz de los ojos, le oli el almizcle de la cara peluda. Me acerco una copa a los labios.

Probe, esperando que fuese vino. Era agua; pero agua pura, fria, que me supo mejor que cualquier vino.

—?Severian! —dijo una cavernosa voz femenina, y un corpulento marinero se acuclillo a mi lado. Solo cuando volvio a hablar comprendi que la voz habia sido la de ella—. Estas bien. Nos llevamos… Me lleve un susto… —Le faltaban las palabras y en vez de hablar me beso; mientras lo hacia, la cara peluda nos beso a los dos. Fue un beso rapido, pero el de ella duraba y duraba.

Me dejo sin aliento.

—Gunnie —dije, cuando por fin me solto.

—Bien, ?como te sientes? Tuvimos miedo de que te murieras.

—Yo tambien. —Ya me habia sentado, aunque era lo unico que podia hacer. Me dolian todas las coyunturas, mas me dolia la cabeza, y parecia que me hubiesen puesto el brazo derecho al fuego. La manga de la camisa de terciopelo colgaba en guinapos y me habian untado la piel con un unguento marron.— ?Que me paso?

—Parece que te caiste por el espiraculo… Alli te encontramos. Mejor dicho, te encontro Zak. Y fue a buscarme. —Gunnie movio la cabeza hacia el enano peludo que me habia acercado la copa de agua. Antes de eso, supongo que te fulmino algo.

—?Me fulmino?

—Hubo algun cortocircuito y el arco te quemo. A mi me paso lo mismo. Mira. —Llevaba una camisa de trabajo gris; se la abrio lo suficiente para mostrarme que tenia la piel entre los pechos chamuscada y cubierta con el mismo unguento.— Yo estaba trabajando en la central electrica. Cuando me queme me mandaron a la enfermeria. Alli me pusieron esto y me dieron un tubo para que siguiera usandolo… Supongo que por eso me busco Zak. No estas oyendo nada, ?no?

—Creo que no. —Las paredes de raros angulos habian empezado a dar vueltas, a girar con lenta dignidad como los craneos que una vez se habian columpiado a mi alrededor.

—Recuestate de nuevo que ire a traerte algo de comer. Zak vigilara por si vienen guinadores. De todos modos parece que hasta aqui no llego ninguno.

Senti que deberia haberle hecho cien preguntas. Pero mucho mas queria echarme a dormir, si el dolor me lo permitia; y antes de pensarlo dos veces ya estaba acostado y medio dormido.

Luego volvio Gunnie con un tazon y una cuchara.

—Atole —me dijo—. Cometelo. —Sabia a pan rancio hervido en leche, pero estaba caliente y caia bien al estomago. Creo que antes de dormirme de nuevo comi la mayor parte.

Cuando volvi a despertarme, el dolor ya no era aquel terrible tormento. Los dientes que habia perdido seguian faltando y la boca y la mandibula me ardian; a un lado de la cabeza tenia un chichon como un huevo de paloma y pese al unguento se me empezaba a agrietar el brazo derecho. Hacia mas de diez anos que el maestro Gurloes o uno de los oficiales me habia azotado, y descubri que ya no era tan habil en desprenderme del dolor.

Procure distraerme examinando los alrededores. El lugar donde estaba no parecia tanto una cabina como una hendidura en un gran mecanismo, uno de esos lugares, aunque ampliado varias veces, donde se encuentran objetos que parecen llegados de ninguna parte. El techo tenia al menos diez anas de altura y era inclinado. No habia puerta que preservara la intimidad o repeliera a los intrusos; desde un rincon entraba un pasillo libre.

Yo estaba acostado en una pila de trapos limpios cerca del rincon opuesto en diagonal. Cuando me sente a mirar en torno, el enano peludo que Gunnie llamaba Zak surgio de las sombras y se acuclillo a mi lado. No hablo, pero la postura expresaba preocupacion por mi bienestar. Le dije: —Estoy bien, descuida —y con eso se tranquilizo.

La unica luz de la camara entraba por el pasillo; recurri a ella para examinar lo mejor posible a mi enfermero. Me parecio no tanto un enano como un hombre pequeno, es decir, no tenia una desproporcion marcada entre las extremidades y el torso. La cara no era muy distinta de la de cualquier hombre, salvo por la mata de pelo que la ocultaba demasiado, la lujuriosa barba castana y un bigote mas lujurioso aun, ninguno de los cuales parecia haber sido sometido nunca a la tijera. La frente era baja, la nariz algo chata y la barbilla (hasta donde podia imaginarse) menos que prominente. Sin duda era un hombre, deberia anadir, y por cierto que totalmente desnudo salvo por la gruesa capa de vello; pero cuando me vio mirarle la entrepierna tomo un trapo de la pila y se lo anudo a la cintura como un delantal.

Con cierta dificultad me puse en pie y eche a renquear por la habitacion. Corriendo, el se me adelanto y fue a plantarse en el umbral. Alli todas las lineas de su cuerpo me recordaron a un criado que habia visto refrenando a un exultante borracho; me pedia que no hiciese lo que pensaba y al mismo tiempo anunciaba la decision de su dueno de impedirmelo por la fuerza si insistia.

Yo no era capaz entonces de ningun tipo de esfuerzo y aun menos de despertar en mi ese animo temerario que nos predispone a pelear con los amigos cuando no hay adversarios a mano. Titubee. El senalo el pasillo y, en un gesto inconfundible, se paso un dedo por la garganta.

—?Hay peligro alli? —pregunte—. Probablemente tienes razon. Al lado de esta nave, algunos campos de batalla que he visto parecerian parques publicos. De acuerdo, no saldre.

Con los labios lastimados me costaba hablar, pero al parecer me habia entendido y al cabo de un momento sonrio.

—?Zak? —pregunte senalandolo.

Volvio a sonreir y asintio.

Me toque el pecho: —Severian.

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