—Quieto, estoy despierto —dije. Me imito como un loro: —?Quieto!

—?Estaba hablando en suenos, Zak? Seguro que si, para que hayas oido esa palabra. Recuerdo que…

Calle porque el habia ahuecado una mano junto a la oreja. Yo tambien preste atencion y oi gritos y un ruido de pies que se arrastraban. Alguien voceo mi nombre.

Zak salio por la puerta antes que yo, no tanto corriendo como impulsandose en un salto raso. Yo no le fui muy en zaga, y despues de lastimarme las manos en la primera pared aprendi a torcer y golpear con los pies, como el.

Una esquina y otra, y divisamos un nudo de hombres en lucha. Un salto mas nos metio entre ellos, yo sin saber que bando era el nuestro ni si habia alguno.

Un marinero que esgrimia un cuchillo en la mano izquierda se lanzo contra mi. Lo agarre como me habia ensenado el maestro Gurloes y lo arroje contra la pared: solo entonces adverti que era Purn.

No habia tiempo para excusas ni preguntas. La daga de un gigante anil me busco el pecho. Le golpee la gruesa muneca con los dos brazos, y vi demasiado tarde una segunda daga oculta bajo la otra mano. Relampagueo. Intente esquivarla; dos que forcejeaban me empujaron atras y atisbe el corazon de acero del nenufar azul de la muerte.

Como si para mi se hubieran suspendido las leyes de la naturaleza, la daga no bajo. El brazo del gigante siguio retrocediendo, puno y hoja siempre hacia atras hasta que tambien el quedo doblado, el pecho hacia arriba, y oi el crujido de la espalda y el alarido brutal que dejo escapar cuando los huesos astillados lo desgarraron por dentro.

El mango de la daga sobresalia en la mano del gigante. Aferre el mango con una mano, y con la otra un arriaz, luego le quite el arma de un tiron y se la hundi en las costillas. Cayo hacia atras como cae un arbol, primero lentamente, las piernas siempre rigidas. Colgandose del brazo erguido, Zak le arranco la otra daga de forma muy semejante.

Cada una era grande como una espada corta, y nos sirvieron para causar bastante dano. Yo habria hecho mas de no haber tenido que interponerme entre Zak y un marinero que lo creyo un guinador.

Los combates asi terminan tan de golpe como empiezan. Escapa uno, despues otro y despues los demas, pocos como son para seguir peleando. Eso fue lo que nos paso a nosotros. Un guinador de pelo enmaranado y dientes de atrox intento hacerme soltar el arma con una maza de tubo. Le cercene casi la mano, lo apunale en la garganta… y me di cuenta de que salvo Zak y yo no quedaba ningun camarada. Un marinero paso como una flecha apretandose el brazo ensangrentado. Echandole un grito a Zak, me fui tras el.

Si nos persiguieron, fue con poco celo. Huimos por una pasarela y a traves de una camara resonante que guardaba una maquinaria silenciosa, a lo largo de una segunda pasarela (rastreando a los que seguiamos por la sangre fresca en el suelo y las mamparas, y una vez por el cuerpo de un marinero), hasta una camara menor donde habia herramientas y bancos de trabajo y cinco marineros que rezongaban y maldecian mientras se vendaban unos a otros las heridas.

—?Tu quien eres? —pregunto uno. Me amenazo con su punal.

—Yo lo conozco —dijo Purn—. Es un pasajero. —Le habian vendado la mano izquierda con una gasa manchada de sangre y pegada con cinta adhesiva.

—?Y este? —el marinero del punal senalo a Zak.

Yo dije: —Lo tocas y te mato.

—No es un pasajero —dijo el marinero, receloso.

—No te debo explicaciones y no doy ninguna. Si dudais de que los dos solos podemos mataros a todos, ponednos a prueba.

Uno que aun no habia hablado dijo: —Basta, Modan. Si el sieur responde por el…

—Respondere. Respondo.

—Con eso alcanza. Lo vi matar guinadores y tambien vi a su amigo el peludo. ?Que puedo hacer por usted?

—Decirme por que los guinadores os estaban matando, si es que lo sabeis. Me han dicho que en la nave siempre hay algunos. No pueden ser siempre tan agresivos.

El rostro del marinero, que habia sido abierto y amistoso, se cerro, aunque pareciera que su expresion no habia cambiado.

—Segun he oido, sieur, les han dicho que liquiden a alguien que va a bordo en este viaje; el unico problema es que no logran encontrarlo. No se nada mas. Quiza usted sepa mas que yo, como le dijo el cerdo al carnicero.

—?Quien les da ordenes?

El marinero habia vuelto la cara. Pasee la mirada por el resto, hasta que al cabo Purn dijo:

—No sabemos. Si los guinadores tienen un capitan, no lo hemos oido nombrar nunca.

—Ya. Me gustaria hablar con un oficial; no un oficial bajo como Sidero, sino un piloto.

El marinero llamado Modan dijo:

—Pues bendito sea, sieur: nosotros tambien. ?Se imagina usted que sin jefe ni armas como la gente nosotros atacamos a ese monton de guinadores? Eramos un piquete de trabajo, nueve hombres, y nos atacaron ellos. De ahora en adelante solo vamos a trabajar con picas y una guardia de marinos.

Los otros asintieron.

—Sin duda podeis decirme donde podria encontrar un piloto.

Modan se encogio de hombros.

—En la proa o la popa, sieur. Es lo unico que puedo decirle. La mayoria de las veces estan en uno de los dos lugares, que son los mejores para la navegacion y las observaciones porque las velas no obstruyen tanto los instrumentos. En uno o en otro.

Recorde que en mi loca carrera entre las velas me habia agarrado al cordaje del baupres.

—?Aqui no estamos muy lejos de la proa?

—Asi es, sieur.

—?Y como puedo llegar mas adelante?

—Por alli. —Modan hizo un gesto.— Y como le dijo el mono al elefante, siga a su nariz.

—?Pero no puedes decirme exactamente como ir?

—Podria, sieur, pero no seria de muy buena educacion. ?Quiere un consejo, sieur?

—Es lo que he estado pidiendo.

—Quedese con nosotros hasta que lleguemos a un lugar mas seguro. Usted quiere un piloto. Cuando podamos lo llevaremos hasta el. Vaya por su cuenta y seguro que lo matan los guinadores.

Purn dijo: —Cuando salga por esa puerta tome a la derecha hasta la escalera de camara. Subala y luego siga el pasillo mas ancho. Siempre por ahi.

—Gracias —dije—. Vamos, Zak.

El peludo asintio; cuando estabamos fuera sacudio la cabeza y dijo: —Hombre malo.

—Lo se, Zak. Tenemos que encontrar donde escondernos. ?Entiendes? Tu mira de ese lado del corredor y yo buscare por aqui. No hables.

Durante un momento me miro inquisitivamente, pero estaba claro que entendia. No habia avanzado mas de una cadena cuando me tiro del brazo sano para mostrarme un pequeno deposito. Aunque la mayor parte del espacio estaba ocupado por tambores y cajas, habia suficiente lugar para escondernos. Entorne la puerta dejando una delgada rendija para poder ver la luz de fuera y nos sentamos en unas cajas.

Yo estaba seguro de que los marineros saldrian pronto de la camara donde los habiamos dejado, porque una vez que se trataran las heridas y hubieran recobrado el aliento, alli no tenian nada que hacer. Resulto que se quedaron tanto que casi llegue a convencerme de que los habiamos perdido, de que habian vuelto al lugar del combate o habian escapado por algun otro ramal de la pasarela. Sin duda estuvieron discutiendo mucho antes de moverse.

Como fuera, finalmente aparecieron. Aunque no me parecia necesario, previne a Zak llevandome un dedo a los labios. Cuando pasaron los cinco y calcule que ya estaban a mas de cincuenta anas, nos deslizamos fuera.

No tenia manera de saber cuanto habria que seguirlos hasta que Purn fuera el ultimo, ni si en algun momento iba a serlo; en el peor de los casos, yo estaba dispuesto a poner mis esperanzas en el miedo que ellos tenian y en nuestro valor, decidido a quitar a Purn del medio.

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