—?Caray, Zama! —exclamo—. Zama, muchacho, me dijeron que habias muerto.

Me rei, y al oir mi risa el hombre que habia estado muerto sonrio.

El viejo cloqueo: —Vaya, en tu vida has tenido mejor aspecto.

Yo pregunte: —?Como dijeron que murio?

—?Ahogado! La barca de Pinian zozobro cerca de la isla de Baiulo. Eso oi al menos.

—?Tiene mujer? —Viendo la curiosa mirada del viejo, anadi:— Es que lo conoci anoche, bebiendo, y me gustaria dejarlo en algun lugar. Me temo que se mando a bodega un poco mas de lo que le cabe.

—Familia no tiene. Le alquila una habitacion a Pinian. La patrona de Pinian se lo cobra de la paga. —Me dijo como llegar y reconocer la casa, que parecia sordida por demas.— Pero yo no iria tan temprano, con este tan asi de perdido. Seguro como un remo que Pinian le sacude el polvo. —Meneo la cabeza, maravillado.— ?Caray, todo el mundo oyo que habian traido el cadaver de Zama despues de sacarlo del agua!

Sin saber que decir, comente: —Uno nunca sabe a quien creerle. —Y despues, conmovido por el deleite con que aquel viejo infeliz descubria aun vivo a un joven fuerte, le puse una mano en la cabeza y murmure una serie de frases deseandole fortuna en esta vida y la proxima. Era una bendicion que de vez en cuando habia dado como Autarca.

No habia pretendido hacer nada, y sin embargo el efecto fue extraordinario. Cuando retire la mano parecio que los anos lo hubieran estado cubriendo como polvo y que unas invisibles paredes se hubieran derrumbado para dejar paso al viento; los ojos se le pusieron como platos y cayo de rodillas.

Cuando ya estabamos a cierta distancia me volvi a mirarlo. Seguia arrodillado, mirandonos fijamente, pero ya no era viejo. Tampoco joven: era simplemente un hombre en esencia, un hombre libre de la espiral del tiempo.

Aunque no hablo, Zama me puso el brazo en los hombros. Yo hice lo mismo, y abrazados asi subimos por la calle que la tarde anterior yo habia tomado con Burgundofara, y la encontramos desayunando junto con Hadelin en la sala comun de La Cazuela.

XXXII — Hacia el Alcyone

No esperaban a ninguno de los dos; la mesa no estaba puesta para mas gente. Acerque una silla para mi y luego (como se quedaba de pie, mirandome) otra para Zama.

—Pensamos que se habia ido, sieur —dijo Hadelin. Tanto su cara como la de Burgundofara hablaban a las claras de donde habia pasado ella la noche.

—Me fui —dije yo, hablandole no a el sino a ella—. Pero veo que te las has arreglado para entrar en la habitacion a buscar tu ropa.

—Crei que habias muerto —dijo Burgundofara. Como yo no contestaba, anadio—: La puerta estaba taponada con cosas y tuve que pasar por encima, pero los postigos estaban rotos.

—El caso, sieur, es que esta de vuelta. —Hadelin trato de fingir alegria y no le salio bien.— ?Todavia piensa bajar el rio con nosotros?

—Quizas —dije—. Primero vere el barco. —Entonces vendra, sieur, creo yo.

Aparecio el posadero, con reverencias y sonrisas forzadas. Note que metido en el cinturon, bajo el delantal, llevaba un cuchillo de carnicero.

—Para mi fruta —le pedi—. Anoche me dijo que tenia. Traiga tambien para este hombre; veremos si se la come. Y mate para los dos.

—De inmediato, sieur.

—Despues de que coma podemos subir a mi habitacion. Ha habido danos y tendremos que decidir a cuanto ascienden.

—No hace falta, sieur. ?Es una bagatela! ?Acordamos quiza una oricleta como pago simbolico? —Intento frotarse las manos como suele hacer esa gente, pero le temblaban tanto que el ademan parecio ridiculo.

—Yo diria cinco, o diez. La puerta rota, la pared danada y la cama partida… Subiremos los dos a estudiarlo.

Tambien le temblaban los labios, y de repente perdi todo placer en aterrorizar a ese hombrecito que habia acudido con una linterna y un palo porque atacaban a uno de sus huespedes.

—No tendria que beber tanto —dije, y le toque los dedos.

Sonriendo, el pio: —?Gracias, sieur! ?Si, sieur, frutal —y se fue trotando.

Como yo esperaba a medias, era toda tropical: llantenes, naranjas, mangos y bananas llevados a lomo de mula hasta el curso superior del rio y despachados al sur por barco. No habia manzanas ni uvas. Pedi prestado el cuchillo que habia apunalado a Zama, pele un mango y comimos en silencio. Al cabo de un rato tambien Zama se puso a comer, lo cual me parecio buena senal.

—?Algo mas, sieur? —pregunto el posadero, que estaba a mi lado—. Tenemos de sobra.

Sacudi la cabeza.

—Entonces quiza… —Senalo la escalera y yo me levante, haciendo un gesto a los demas para que se quedaran donde estaban.

Burgundofara dijo: —Tendrias que haberlo seguido asustando. Te habria salido mas economico. —El posadero le disparo una mirada de odio crudo.

Si la noche anterior, envuelta en la oscuridad y cansado como yo estaba, la posada me habia parecido harto pequena, ahora descubri que era minuscula: cuatro habitaciones en nuestra planta y cuatro mas, supongo, en la de arriba. La habitacion misma, que habia creido bastante amplia mientras echado en el colchon roto oia a Zama que se paseaba de un lado a otro, era apenas mas grande que la cabina que habia compartido con Burgundofara en la gabarra. En un rincon estaba el hacha de Zama, una vieja y gastada hacha de lenador.

—No lo he traido para obtener dinero de usted, sieur —me dijo el posadero—. Ni por eso ni por nada. Nunca.

Eche una mirada a la destruccion. —Pero lo tendra.

—Pues entonces lo regalare. En estos tiempos hay en Os mucha gente pobre.

—Me imagino. —En realidad yo ya no escuchaba. Estaba examinando los postigos; para eso habia insistido en subir. Burgundofara habia dicho que estaban rotos, y tenia razon. La madera de los tornillos que sujetaban el cerrojo se habia partido. Recorde que yo habia puesto el cerrojo y despues lo habia quitado y que me habia bastado tocar los postigos para que se abrieran de par en par.

—Seria incorrecto aceptar algo despues de lo que usted me ha beneficiado, sieur. Vaya, que La Cazuela se ha hecho famosa para siempre a todo lo largo del rio. —Clavo los ojos en un lejano cielo de notoriedad para mi invisible.— No es que ya no seamos conocidos… Es la mejor posada de Os. Pero habra quienes vengan solo para ver esto. — Tuvo un arranque de inspiracion:— ?No la arreglare! ?No tocare nada! ?La dejare asi!

—Les cobrara entrada —le dije.

—Si, sieur, lo ha captado. A los clientes no, por supuesto. ?Pero a los demas claro que les cobrare!

Yo iba a ordenarle que no hiciera una cosa asi, que reparase los danos; pero cuando ya tenia la boca abierta la volvi a cerrar. ?Era para arrebatarle a ese hombre la buena suerte —suponiendo que fuese buena— que yo habia regresado a Urth? Ahora el me amaba como ama un padre al hijo que admira sin comprender. ?Que derecho tenia yo a lastimarlo?

—Anoche mis clientes estuvieron hablando. Supongo, sieur, que no sabe lo que paso despues de que usted nos devolvio al pobre Zama.

—Cuenteme —le dije.

Cuando bajamos de nuevo insisti en pagarle, aunque no queria aceptar dinero.

—Mi cena de anoche y la de la mujer. El alojamiento mio y de Zama. Dos oricletas por la puerta, dos por la pared, dos por la cama y dos por los postigos. Mi desayuno y el de Zama. Ponga la cama y el desayuno de la mujer a la cuenta del capitan Hadelin, y digame cuanto es lo mio.

Obedecio, haciendo una lista completa en un trozo de papel marron, con una pluma humeda y muy mascada, y pasandome luego ordenadas pilas de plata, cobre y laton. Le pregunte si estaba seguro que me correspondia tanto.

Aqui el precio es el mismo para todos, sieur. No le cobramos a nadie por lo que tiene, sino por lo que

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