Asenti. —?Hubo un terremoto?

—Seguro, y de los grandes… Tenemos suerte de haberla sacado tan barata. ?Todavia no ha mirado afuera? Desde aqui ha de verse el muro. —Acercandose a la lumbrera, se asomo y senalo (asi hace la gente) como si yo mismo me hubiera asomado. Un tramo muy grande se derrumbo alli, al lado del transporte zoetico. Suerte que no cayo tambien la nave. No cree que lo haya derribado usted, ?no?

Le dije que nunca habia tenido la menor idea de por que se habia derrumbado.

—Como indican claramente las viejas cronicas, y alabado sea nuestro monarca por haberlas reunido aqui, esta costa es propensa a los terremotos: pero, como desde que el rio cambio de curso no ha habido ninguno, la mayoria de estos estupidos piensan que nunca volvera a haberlos. —Cloqueo una risita.— Aunque imagino que anoche algunos habran cambiado de idea.

Esto ultimo lo dijo mientras ya salia. El aspirante cerro de un portazo y volvio a echar llave.

Yo pense en la obra del doctor Talos, en la cual tiembla la tierra y Jahi dice: «Es el fin de Urth, estupidos. Adelante, ensartadla. Es vuestro fin de todos modos».

Que poco habia hablado con el sobre el Mundo de Yesod.

XXXVII — El Libro del Sol Nuevo

Como en mi epoca, a los prisioneros nos alimentaban dos veces al dia y en la comida vespertina nos volvian a llenar la garrafas de agua. El aprendiz me llevo la bandeja, me guino un ojo, y cuando el aspirante ya no estaba a la vista, regreso con queso y una hogaza fresca.

La comida vespertina habia sido tan escasa como la matinal; mientras se lo agradecia, me puse a comer lo que me habia llevado.

El se acuclillo frente a la puerta de la celda.

—?Puedo hablarle?

Le dije que el era dueno de hacer lo que quisiese, y que sin duda conocia mejor que yo las normas locales.

Con el rubor, las mejillas oscuras se le oscurecieron todavia mas.

—Es decir, ?quiere que hablemos?

—Si eso no te cuesta unos azotes.

—No creo que haya problema; ahora no, al menos. Pero deberiamos mantener la voz baja. Es probable que algunos otros sean espias.

—?Como sabes que yo no?

—Porque usted la mato, claro. Esta todo patas arriba. Todo el mundo se alegra de que ella haya muerto, pero seguro que habra una investigacion y no se sabe a quien enviaran a reemplazarla. —Hizo una pausa, al parecer meditando profundamente como iba a seguir.— Segun cuentan los guardias, usted dijo que quiza pudiera traerla de vuelta.

—Y tu no quieres.

Descarto esto con un ademan. —?Habria podido ?De veras?

—No lo se… Tendria que haber probado. Me sorprende que te lo contaran.

—Yo ando por ahi y los escucho hablar, lustro botas o hago recados por monedas de plata.

—Yo no tengo nada que darte. Las que tenia se las quedaron los soldados que me detuvieron.

—No buscaba eso. —Se levanto y hurgo en un bolsillo de los raidos pantalones.— Tenga, mas vale que las tome.

Me las mostro; eran piezas de laton gastado de un diseno que yo desconocia.

—A veces se consigue que alguno le traiga comida de mas o lo que sea.

—Tu me trajiste mas comida, y no te di nada.

—Tomelas —dijo el—. Quiero darselas. Tal vez las necesite. —Como yo no extendia la mano, las arrojo entre las barras y desaparecio por el corredor.

Recogi las monedas y las deje caer en uno de mis bolsillos, perplejo como no lo habia estado nunca.

Fuera, la tarde se habia convertido en un anochecer frio con la lumbrera todavia abierta. Empuje la pesada lente hasta cerrarla y la sujete con la grapa. Las pestanas gruesas y lisas, de una forma que yo nunca habia considerado, estaban disenadas claramente para mantener el vacio a raya.

Mientras acababa el pan con queso, pense en el regreso a Urth en la gabarra y mi alborozo a bordo de la nave de Tzadkiel. ?Que maravilloso habria sido lanzar la vieja Torre Matachina a un viaje entre las estrellas! Y sin embargo habia en la Torre algo siniestro, como en todas las cosas cambiadas de un fin noble a otro vergonzoso. Yo habia llegado alli a la virilidad sin sentir nada semejante.

Desaparecido el pan con queso, me envolvi en la capa que me diera el oficial, con un brazo cerre el postigo, e intente dormir.

La manana trajo mas visitantes. Llegaron Burgundofara y Hadelin, escoltados por un aspirante alto que los saludo con el arma y los dejo frente a mi puerta. No cabe duda de que en mi cara habia una expresion de sorpresa.

—El dinero obra milagros —dijo Hadelin; el pliegue de la boca mostraba cuan penosa habia sido la suma, y me pregunte si Burgundofara habria ocultado los salarios que traia del barco o si el capitan consideraba que ahora ese dinero era de el. Burgundofara dijo: — Necesitaba verte una ultima vez y Hadelin me lo arreglo. —Queria decir mas, pero las palabras se le atascaron en la garganta. —Quiere que la perdone —dijo Hadelin.

—?Por dejarme por el, Burgundofara? No hay nada que perdonar; no tengo derechos sobre ti.

—Por senalarte cuando entraron los soldados. Tu me viste. Se que me viste.

—Si —dije, recordando.

—No lo pense… Tenia miedo… —De mi.

Ella asintio.

Hadelin dijo: —De todos modos se lo habrian llevado. Lo habria senalado algun otro.

—?Usted? —le pregunte.

Sacudio la cabeza y se alejo de los barrotes.

En mis tiempos de Autarca habia visto muchos suplicantes arrodillados delante de mi; en ese momento se arrodillo Burgundofara, y me parecio odiosamente inapropiado.

—Tenia que hablar contigo, Severian. Una ultima vez. Por eso la otra noche segui a los soldados hasta el muelle. ?No me perdonaras? Yo no lo habria hecho, pero estaba muy asustada.

Le pregunte si se acordaba de Gunnie.

—Si, claro, y de la nave. Salvo que ahora parece un sueno.

—Ella era tu, y es mucho lo que le debo. Por ella, por ti, te perdono. Ahora y cualquier otra vez. ?Me comprendes?

—Creo que si —dijo; y de repente era feliz, como si se le hubiera encendido una luz por dentro—. Severian, vamos a bajar el rio hasta Liti. Hadelin va alli a menudo, y compraremos una casa donde yo vivire cuando no este con el en el Alcyone. Queremos tener hijos. Cuando lleguen, ?puedo contarles de ti?

Aunque entonces crei que solo era porque yo veia la cara de Hadelin tan bien como la suya, mientras ella hablaba ocurrio algo extrano: tuve conciencia de su futuro, como la habria tenido del futuro de una flor que Valeria hubiera arrancado en sus jardines.

Le dije: —Es posible, Burgundofara, que tengas hijos como deseas; si los tienes, puedes contarles de mi lo que quieras. Tambien es posible que en un tiempo por venir quieras volver a encontrarme. Si buscas, quiza lo consigas. Quiza no. Pero si buscas, recuerda que no me buscaras porque yo te lo haya dicho, ni porque te haya prometido que me encontrarias.

Cuando se fueron pense un momento en ella y en Gunnie, que una vez habia sido Burgundofara. Decimos que un hombre es valiente como un atrox, o una mujer, como era Burgundofara, bella como una corza roja. Pero nos falta un termino asi para la lealtad, porque nada de lo que conocemos es verdaderamente leal; o mejor dicho, porque la lealtad verdadera solo se encuentra en el individuo y no en el tipo. Un hijo puede ser leal a su padre y un perro a su amo, pero la mayoria no lo son. Como Thecla yo habia sido desleal con mi Autarca, como Severian con mi gremio. Gunnie habia sido leal conmigo y con Urth, no con sus camaradas; y acaso seamos incapaces de

Вы читаете La Urth del Sol Nuevo
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату