menos una legua como una catarata, con el verde oscuro de la alta jungla a lo lejos, muy abajo; la jungla que iba a albergar la aldea de hechiceros por la que el nino Severian y yo pasariamos.

En verdad me parecia que las direcciones familiares —arriba y abajo, adelante y atras, izquierda y derecha— se habian abierto como un capullo, revelando petalos inimaginados, nueva Sefirot cuya existencia se me habia ocultado hasta entonces.

Un soldado disparo. La descarga dio a mis pies, en la roca, astillandola como un cincel. Entonces comprendi que los habian enviado a matarme, supongo que porque uno de los hombres que acompanaban al quiliarca se habia rebelado contra su sino y habia contado lo que pasaba, aunque demasiado tarde para impedir la marcha de los demas.

Otro levanto un arma. Escape pasando de la roca barrida por la lluvia a un lugar nuevo.

XL — El arroyo mas alla de Briah

Estaba en una hierba salpicada de flores, fragante y blanda como ninguna que hubiera conocido; arriba el cielo era azur, rasgado por nubes que escondian el sol y apresaban el aire superior con barras de indigo y oro. Debil, muy debilmente, se oia aun el bramido de la tormenta que barria el monte Tifon. En un momento hubo un fogonazo, o bien la sombra de un fogonazo, si esto es posible, como si un rayo hubiera dado en la roca o uno de los pretorianos hubiera vuelto a disparar.

Me basto dar dos pasos para que dejara de ver todo esto; pero no parecia tanto que hubiese desaparecido como que yo habia perdido la capacidad (o quiza solo el empeno) de detectarlo, asi como al crecer dejamos de ver cosas que nos interesaron de ninos. Sin duda, pense, esto no puede ser lo que el hombre verde llamo Corredores del Tiempo. Aqui no hay ningun corredor; solo colinas y hierba ondulante y un viento dulce.

A medida que iba avanzando, me dio la impresion de que todo lo que veia era familiar, que caminaba por un lugar donde habia estado antes, aunque no podia precisarlo. No era nuestra necropolis, con sus mausoleos y cipreses. Tampoco los campos no cercados que habia recorrido con Dorcas hasta dar con el teatro del doctor Talos; aquellos campos se encogian bajo la muralla de Nessus y aqui no habia murallas. Tampoco los jardines de la Casa Absoluta, llenos de adelfas, grutas y fuentes. Se parecia mas, pense, a las pampas en primavera, salvo por el color del cielo.

Luego oi el canto de un torrente, y un momento despues vi su resplandor plateado. Corri hacia el, recordando mientras corria que en un tiempo habia sido cojo, y que una vez habia bebido en cierto arroyo de Orithya y que luego habia visto las pisadas de un esmilodonte; entre sorbos, sonrei pensando que ahora no me asustarian.

Cuando levante la cabeza, lo que vi no fue un esmilodonte sino una mujer diminuta, con alas de colores brillantes, que corriente arriba vadeaba el lecho pedregoso como refrescandose las piernas.

—Tzadkiel —grite. Luego quede mudo de embarazo, porque al fin habia recordado el lugar.

Ella saludo con la mano, sonriendo, y asombrosamente salto desde el agua y volo, y las alegres alas ondearon como anafaya tenida.

Me arrodille.

Sonriendo aun, ella se poso en la orilla a mi lado. —Creo que nunca me habias visto hacerlo. —Una vez te vi, tuve una vision de ti, con grandes alas, suspendida en el vacio, entre las estrellas.

—Si, alli puedo volar porque no hay atraccion.

Aqui tengo que ser muy pequena. ?Sabes lo que es un campo de gravedad?

Agito hacia el prado un brazo no mas largo que mi mano, y yo le dije: —Veo este, poderosa hierogramata.

Se echo a reir; era una musica como un tintineo de campanillas.

—?Pero quieres decir que nos conocemos? —Poderosa hierogramata, soy el ultimo de tus esclavos.

—Has de estar incomodo de rodillas, y desde que me separe de ella has conocido a otra de mis identidades. Sientate y cuentamelo.

Y eso hice. Y de veras que fue un placer sentarme en esa orilla, refrescandome de vez en cuando la afanosa lengua con el agua clara y fria del arroyo, y relatarle a Tzadkiel que la primera vez la habia visto en las paginas del libro del Padre Inire, y que habia ayudado a capturarla a bordo de su propia nave, y que ella era macho y se llamaba Zak, y que me habia curado mientras yo estaba herido. Pero tu, que eres mi lector, ya conoces estas cosas (si en verdad existes) porque las he escrito aqui sin omitir nada, o al menos omitiendo muy poco.

Hablando con Tzadkiel junto al arroyo procure ser lo mas breve posible; pero ella no me lo permitia, y me instaba a tomar un desvio y otro hasta que acabe contandole la historia del angelito (sobre el cual leyera en el libro marron) que habia conocido a Gabriel, y mis infancias en la Ciudadela, en la mansion de mi padre y en la aldea llamada Famulorum, cerca de la Casa Absoluta.

Y finalmente, cuando me detuve a tomar aliento quiza por milesima vez, Tzadkiel dijo:

—No es extrano que te haya aceptado; en todas esas palabras no hay una sola mentira.

—He dicho mentiras cuando pensaba que eran necesarias, e incluso cuando no lo eran.

Ella sonrio y no dijo nada.

—Y te mentiria a ti —dije—, poderosa hierogramata, si creyera que mis mentiras salvarian a Urth.

—Ya la has salvado; empezaste a bordo de mi nave y has completado tu tarea en nuestra esfera, tambien sobre el mundo que llamas Yesod y dentro de el. A Tifon y Agilus, y a muchos de los demas que lucharon contra ti, el combate tiene que haberles parecido desigual; si hubieran sido sagaces, habrian comprendido que el combate ya habia concluido; claro que si hubieran sido sagaces, habrian comprendido que eras nuestro siervo y no habrian luchado.

?Entonces no puedo fracasar?

—No: no has fracasado. Podrias haber fracasado en la nave o despues; pero no podias morir antes de la prueba, ni puedes morir ahora hasta que cumplas tu cometido. De no ser asi te habrian matado los golpes de los guardias, o el arma de la torre o muchas cosas mas. Como sabes, el poder te viene de tu estrella. Cuando ella entre en vuestro sol viejo y de a luz el sol nuevo…

Le dije: —Me he jactado demasiadas veces de no temer a la muerte para que hoy ese pensamiento me haga temblar.

Ella asintio.

—Eso esta bien. Briah es una casa poco duradera.

—Pero este lugar es Briah, o parte de ella. Es un pasaje de tu nave, el que me mostraste cuando me llevabas a mi camarote.

—En ese caso, estuviste mas cerca de Yesod mientras estabas conmigo en la nave. Este arroyo es el Madregot, y corre de Yesod a Briah.

—?Entre los universos? —pregunte—. ?Como es posible?

—?Como podria no ser asi? La energia busca a tientas un estado inferior, siempre; lo que significa meramente que las manos del Increado juegan con los universos como las de un malabarista.

—Pero es un arroyo —proteste—. Como los arroyos de Urth.

Tzadkiel asintio. —Esos tambien son de energia que busca un estado inferior, y lo que se percibe esta dictado por el instrumento. Si tuvieras otros ojos u otra mente verias las cosas de otra manera.

Lo pense un rato y al fin dije: —?Y como te veria a ti, Tzadkiel?

Ella habia estado sentada en la orilla, junto a mi; ahora se echo en la hierba, la barbilla en las manos y las brillantes alas abiertas en la espalda como abanicos con ojos pintados.

—Dijiste que estos eran campos de gravedad y es lo que son, entre otras cosas. ?Conoces los campos de Urth, Severian?

—Nunca he seguido el arado, pero los conozco tanto como cualquier hombre de la ciudad.

—Suficiente. ?Y que hay al borde de todos vuestros campos?

—Cercos de madera partida o setos, para encerrar el ganado. En las montanas, muros de piedra sin mezcla, para desanimar a los ciervos.

—?Y nada mas?

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