oscuridad y deje que fluyera a traves de mi cuerpo, y despues sali al sol brillante.

Me desplace hacia la derecha, casi corriendo, para sorprenderle por detras, rodeando el extremo posterior de la furgoneta. En silencio, con cautela, mientras notaba que las alas oscuras se extendian a mi alrededor, cruce el espacio que me separaba de la furgoneta, rodee el extremo posterior y me detuve cuando vi la figura arrodillada junto a la puerta.

Giro la cara y me vio.

—?Que pasa? —pregunto el hombre. Tendria unos cincuenta anos, era negro y, sin la menor duda, no era Weiss.

—Oh —conteste, con mi habitual ingenio—. Hola.

—Esos malditos crios han puesto pegamento en el candado —protesto, y se volvio hacia la puerta.

—?En que estarian pensando? —pregunte cortesmente. Pero nunca consegui averiguarlo, porque en la calle que corria delante de la puerta principal, oi unos bocinazos, seguidos de un crujido metalico. Y mucho mas cerca, dentro de mi cabeza para ser exacto, una voz que susurraba, ?Estupido! Y sin pararme a pensar como sabia que el accidente se habia producido cuando Weiss embistio el coche de Rita, salte la valla, pase al otro lado y me puse a cruzar corriendo el campo de juegos.

—?Eh! —grito el hombre del candado, pero por una vez no me importaron mis modales y no espere a saber que queria.

Por supuesto, Weiss no iba a cortar el candado. Por supuesto, no tenia necesidad. Por supuesto, no tenia que entrar en la escuela para intentar ser mas listo o vencer a cientos de cautelosos profesores y ninos en estado salvaje. Le bastaba con esperar fuera, en el trafico, como un tiburon nadando al borde de los arrecifes a la espera de que Nemo saliera. Por supuesto.

Corri lo mas veloz que pude. El campo parecia un poco irregular, pero la hierba era corta y estaba bien podada, y pude imprimir a mis pies un buen ritmo. Me estaba felicitando por estar en bastante buena forma para correr a toda velocidad, cuando alce los ojos un momento para ver lo que estaba pasando. No fue una buena idea. Mi pie tropezo en algo casi al instante y cai cabeza abajo a una velocidad maravillosa. Forme una bola y di una voltereta y media, antes de caer de bruces sobre algo aterronado. Me puse en pie de un salto y volvi a correr, con una ligera cojera debido a un tobillo torcido y una vaga imagen de un monticulo de hormigas rojas, aplastado ahora por mi acto de canon humano.

Mas cerca ahora. Voces alzadas a causa de la alarma y el panico en la calle, y despues un grito de dolor. No veia mas que un monton de coches y un grupo de personas que se esforzaban por mirar algo que habia en mitad de la carretera. Entre por la pequena puerta de la valla, subi a la acera y rodee la fachada de la escuela. Tuve que ir mas despacio para abrirme paso entre la multitud de crios, profesores y padres, congregados en el punto de recogida delante de la puerta, pero al final consegui salir a la calle. Corri los ultimos treinta o cuarenta metros, hasta el lugar donde el trafico se habia detenido y fundido alrededor de dos coches que formaban una masa caotica. Uno era el Honda color bronce de Weiss. El otro coche era el de Rita.

No habia ni rastro de Weiss, pero Rita estaba apoyada contra el parachoques delantero de su coche con expresion aturdida, sujetando a Cody con una mano y a Astor con la otra. Al verles juntos, sanos y salvos, recorri sin prisas los ultimos pasos. Ella me miro sin cambiar de expresion.

—Dexter. ?Que haces aqui?

—Pasaba por el barrio. ? Ay! —Y el «ay» no solo fue un toque de genio. Docenas de hormigas rojas, que al parecer habia recogido al caer, empezaron a picarme al mismo tiempo, como obedeciendo a una senal telepatica—. ?Estais todos bien? —pregunte, al tiempo que me arrancaba freneticamente la camisa.

Me la pase por la cabeza y vi que los tres me miraban con preocupacion y cierta irritacion.

—?Te encuentras tu bien? —me pregunto a su vez Astor—. Porque acabas de quitarte la camisa en mitad de la calle.

—Hormigas rojas —explique—. En la espalda.

Me la azote con la camisa, cosa que no sirvio de nada.

—Un hombre nos embistio con su coche —me informo Rita—. Intento llevarse a los ninos.

—Si, lo se —dije, mientras me contorsionaba e intentaba deshacerme de las hormigas rojas.

—?Que quiere decir que lo sabias? —pregunto Rita.

—Huyo —anuncio una voz detras de nosotros—. Se movio con mucha rapidez, teniendo en cuenta las circunstancias. —Me volvi mientras vapuleaba a una hormiga y vi a un policia uniformado, jadeante tras haber intentado dar caza a Weiss, por lo visto. Era un tipo joven, en bastante buena forma, y la placa con su nombre decia Lear. Se habia detenido y me estaba mirando—. Aqui no se puede ir vestido de esa manera, amigo.

—Hormigas rojas —comente—. Rita, ?quieres echarme una mano, por favor?

—?Conoce a este individuo? —pregunto el policia a Rita.

—Mi marido —contesto ella, mientras soltaba las manos de los ninos a reganadientes, y empezo a darme palmadas en la espalda.

—Bien —repuso Lear—, en cualquier caso el tipo huyo. Llego a la U.S. 1 y se dirigio a los muelles. Di parte, lanzaran una orden de busca y captura, pero… —Se encogio de hombros—. Debo decir que corria como una exhalacion, pese a llevar un lapiz clavado en la pierna.

—Mi lapiz —preciso Cody, con su extrana y poco frecuente sonrisa.

—Y yo le di una patada muy fuerte en la ingle —observo Astor.

Mire a los dos a traves de mi nube roja de dolor producida por las mordeduras de hormigas. Parecian muy complacidos consigo mismos, y la verdad era que yo tambien estaba complacido. Weiss lo habia intentado…, pero ellos habian resistido. Mis pequenos depredadores. Casi fue suficiente para paliar el dolor de las mordeduras. Pero solo casi, sobre todo porque Rita estaba golpeando las mordeduras tanto como a las hormigas, lo cual aumentaba mi dolor.

—Tienen un par de autenticos Lobatos —dijo el agente Lear, y miro a Cody y a Astor con una expresion de aprobacion mezclada con cierta preocupacion.

—Solo Cody —comento Astor—. Y solo ha ido a una reunion.

El agente Lear abrio la boca, se dio cuenta de que no tenia nada que decir y volvio a cerrarla. Se volvio hacia mi.

—La grua llegara dentro de un par de minutos. Y los de urgencias querran echar un vistazo, solo para asegurarse de que todos estan bien.

—Estamos bien —aseguro Astor.

—Bien —continuo Lear—, si quiere quedarse con su familia, puede que consiga poner el trafico en marcha de nuevo.

—Creo que no habra problema —replique. Lear miro a Rita con una ceja enarcada, y ella asintio.

—Si. Por supuesto.

—De acuerdo —dijo el agente—. Supongo que los federales querran hablar con usted. Quiero decir, sobre el intento de secuestro.

—?Oh, Dios mio! —exclamo Rita, como si oir aquella palabra consiguiera que todo fuera real.

—Creo que el tipo estaba como una chota —aventure esperanzado. Al fin y al cabo, ya tenia bastantes problemas para que, encima, el FBI se pusiera a investigar mi vida familiar.

Lear no se inmuto. Me miro muy serio.

—?Se trataba de un se-cues-tro! —exclamo—. De sus hijos. —Me miro un momento para asegurarse de que conocia la palabra, y despues se volvio y agito un dedo en direccion a Rita—. Procure que la gente de urgencias les eche un vistazo a todos. —Volvio a mirarme impasible—. Y seria mejor que usted se vistiera, ?no cree?

Dio media vuelta, cruzo la calle y empezo a hacer gestos a los coches, en un intento de lograr que el trafico se moviera de nuevo.

—Creo que las tengo todas —anuncio Rita, al tiempo que propinaba la ultima palmada a mi espalda—. Dame tu camisa. —La cogio, la agito vigorosamente y me la devolvio—. Sera mejor que te la pongas —insistio, aunque era incapaz de imaginar por que, de repente, toda Miami estaba tan obsesionada con mi desnudo parcial. Me puse la camisa, despues de lanzar una suspicaz mirada al interior, en busca de hormigas rojas rezagadas.

Cuando mi cabeza asomo a la luz del dia de nuevo, Rita ya habia aferrado de nuevo por la mano a Astor y a Cody.

—Dexter, dijiste… ?Como pudiste…? ?Por que estas aqui?

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