ninguna. Tomo otro sorbo de gaseosa y volvio a secarse la boca—. La misma escuela donde encontramos a ese jefe de Lobatos, ?eh?
—Exacto.
—Pero tu ya estabas aqui cuando paso, ?eh? —anadio, con una expresion inocente de falsa sorpresa—. ?Como es eso?
Yo estaba convencido de que decir a Coulter que habia tenido una corazonada no le impulsaria a estrechar mi mano y felicitarme. De modo que puse en marcha una vez mas mi ingenio legendario.
—Se me ocurrio dar una sorpresa a Rita y a los ninos —me oi decir.
Coulter asintio, como si lo considerara muy verosimil.
—Una sorpresa —repitio—. Creo que alguien se te adelanto.
—Si —reconoci con cautela—. Eso parece.
Tomo otro largo lingotazo de gaseosa, pero esta vez no se seco la boca. Se volvio y miro hacia la carretera principal, donde la grua estaba llevandose el coche de Weiss.
—?Tienes idea de quien pudo hacer esto a tu mujer y los chicos? —me pregunto sin mirarme.
—No. Supuse que habia sido un… ya sabes. ?Un accidente?
—Hum —balbuceo, y ahora me estaba mirando fijamente—. Un accidente. Joder, a mi ni siquiera se me habia ocurrido. Porque es la misma escuela donde mataron a ese tio de los Lobatos. Y tu tambien estas aqui otra vez. Vaya. Un accidente. ?De veras? ?Tu crees?
—Yo… Es que… ?Por que no?
He practicado durante toda mi vida, y mi expresion de sorpresa era estupenda, pero Coulter no parecia muy convencido.
—Ese tio, Donkeywit —dijo.
—Doncevic —rectifique.
—Da igual. —Se encogio de hombros—. Parece que ha desaparecido. ?Sabes algo al respecto?
—?Por que iba a saber algo? —pregunte, con la mejor expresion de estupor que consegui.
—No pago la fianza, huyo de casa de su novio y desaparecio. ?Por que?
—La verdad es que no lo se.
—?Lees de vez en cuando, Dexter? —pregunto, y su forma de utilizar mi nombre de pila me preocupo. Sono como si estuviera hablando con un sospechoso. Y lo estaba haciendo, pero todavia albergaba esperanzas de que no me considerara uno.
—?Leer? Hum, no mucho, no. ?Por que?
—A mi me gusta leer —dijo, y despues, como si cambiara de tema, continuo—: Una vez es casualidad, dos es coincidencia, tres, accion enemiga.
—?Perdon? —Me habia perdido en aquello de «a mi me gusta leer».
—Es de
—Yo no lo he leido —senale cortesmente.
—De modo que estabas aqui. Y estabas en la casa que salto por los aires. Y ya son dos veces que estas donde no deberias. ?Y debo suponer que es una coincidencia?
—?Que otra cosa podria ser?
Me miro sin pestanear. Despues, tomo otro sorbo de su Mountain Dew.
—No se —aventuro por fin—. Pero se lo que diria Goldfinger si hubiera una tercera vez.
—Bien, confiemos en que no la haya —replique, y esta vez lo dije muy en serio.
—Si. —Asintio, metio el dedo en la boca de la botella de gaseosa y se levanto—. Confiemos en que no. — Dio media vuelta, rodeo de nuevo su coche, subio y se marcho.
Si hubiera sido un observador mas devoto de las debilidades humanas, me habria llevado una gran alegria al descubrir profundidades ineditas en el detective Coulter. ?Era maravilloso descubrir que se trataba de un devoto de las artes literarias! Pero esta alegria del descubrimiento quedaba disminuida por el hecho de que yo no albergaba el menor interes por lo que Coulter hiciera en sus ratos libres, siempre que lo hiciera lejos de mi. Apenas habia conseguido que el sargento Doakes levantara su vigilancia perpetua de Dexter, y ahora venia Coulter a ocupar su sitio. Era como si yo fuera la victima de una extrana y siniestra persecucion de Dexter llevada a cabo por una secta tibetana. Siempre que el antiguo lama que odiaba a Dexter moria, nacia uno nuevo que le sustituia.
Pero no podia hacer gran cosa al respecto en aquel momento. Estaba a punto de convertirme en una obra de arte de primera categoria, un problema mucho mas acuciante. Subi al coche, puse en marcha el motor y me fui a casa.
Cuando llegue, tuve que quedarme fuera y llamar con los nudillos durante varios minutos, puesto que Rita habia decidido pasar la cadena de seguridad de la puerta. Supongo que tuve suerte de que no la hubiera atrancado con el sofa y la nevera. Tal vez se debiera a que necesitaba utilizar el sofa. Se habia acurrucado en el con sus dos hijos apretados contra ella, uno a cada lado, y despues de dejarme entrar (mas bien a reganadientes), volvio a adoptar su postura anterior, con un brazo protector alrededor de cada nino. Cody y Astor exhibian una expresion casi identica de aburrimiento e irritacion. Por lo visto, consideraban que encogerse de terror en la sala de estar no era la mejor forma de pasar el tiempo.
—Has tardado mucho —protesto Rita, mientras volvia a pasar la cadena.
—Tuve que hablar con un detective.
—Bien, pero… —opuso, mientras se embutia en el sofa entre los dos ninos—. Quiero decir, estabamos preocupados.
—No estabamos preocupados —tercio Astor, al tiempo que ponia los ojos en blanco.
—Porque ese hombre podria estar en cualquier sitio —insistio Rita—. Podria estar ahi fuera, ahora mismo.
Y si bien ninguno de nosotros se lo creia, ni siquiera Rita, los cuatro volvimos la cabeza hacia la puerta para mirar. Por suerte para nosotros, no estaba, al menos por lo que podiamos deducir intentando mirar a traves de una puerta cerrada a cal y canto.
—Por favor, Dexter —me imploro Rita, con tanto miedo en la voz que casi pude olerlo—. Por favor. ?Por que esta pasando esto? No puedo… —Movio las manos de forma desordenada, y despues las dejo caer en el regazo—. Esto ha de parar. Haz que pare.
Con toda sinceridad, solo se me ocurrian unas pocas cosas que preferiria hacer en lugar de conseguir que parara…, y varias podian ser muy adecuadas para ello, en cuanto capturara a Weiss. Pero antes de poder concentrarme en hacer planes felices, sono el timbre de la puerta.
Rita reacciono dando un bote en el aire, para luego desplomarse sobre el sofa con un nino apretado a cada lado.
—?Oh, Dios! —exclamo—. ?Quien sera?
Yo estaba convencido de que no eran predicadores mormones.
—Voy a ver —dije, y fui hacia la puerta. Por si acaso, atisbe por la mirilla (los mormones pueden ser muy insistentes), y lo que vi me asusto todavia mas.
El sargento Doakes estaba delante de la puerta.
Aferraba el pequeno ordenador que ahora hablaba por el, y a su lado habia una mujer de edad madura muy peripuesta con un traje gris, y aunque no se tocaba con un sombrerito tiroles, yo estaba bastante seguro de que era la federal con la que me habian amenazado, encargada de investigar el intento de secuestro.
Mientras les miraba y pensaba en todos los problemas que podian representar, medite sobre la posibilidad de dejar la puerta cerrada y fingir que no estabamos en casa. Pero fue un pensamiento pasajero. He descubierto que, cuanto mas deprisa huyes de los problemas, antes te echan el guante, y estaba convencido de que si no dejaba pasar a Doakes y a su nueva amiga, volverian con una orden de registro, y puede que Coulter y Salguero tambien. Asi que, entristecido por estos lugubres pensamientos, y mientras intentaba dotar a mi rostro de la correcta combinacion de sorpresa y estupor, abri la puerta.
—Mueve. La. ?Cabronazo!
La risuena voz de baritono artificial de Doakes resono mientras clavaba tres veces su garra en el teclado de su cajita plateada.
