Porque estos dibujos, ejecutados con mucho mas detalle, estaban extraidos del bucle que me plasmaba trabajando con Doncevic. Estaban muy bien copiados, y reproducian casi con exactitud lo que yo recordaba tras haber visto el video muchas veces; casi. En varios de ellos, Weiss habia esbozado un leve cambio de angulo para que se viera bien la cara.

Mi cara.

Sujeta al cuerpo ocupado en el picadillo.

Y para subrayar la amenaza, Weiss habia escrito Photoshop debajo de los dibujos, subrayado. No estoy muy al dia en las tecnologias de la imagen, pero se sumar dos y dos tan bien como cualquiera. Photoshop es un programa para manipular imagenes filmadas, y se podia utilizar para alterarlas, para anadir cosas que no salian. Debia asumir que podia hacerse con identica facilidad en un video, Y yo sabia que Weiss tenia suficiente metraje de video para varias vidas malvadas, videos de mi, de Cody, de mirones en las escenas del crimen, y de sabe el Oscuro Pasajero cuantas cosas mas.

Por lo tanto, estaba claro que iba a modificar el clip en el que aparecia yo trabajando con Doncevic, de forma que apareciera mi cara. A medida que iba conociendo a Weiss, o al menos su obra, sabia que esto no seria un proyecto sin un fin productivo. Iba a utilizarlo para crear una obra decorativa capaz de destruirme. Y todo por culpa de una hora de retozos con su querido Doncevic.

Yo lo habia hecho, por supuesto, y bien que me lo habia pasado, pero esto se me antojaba una enganifa. Era injusto poner mi cara despues del acto, ?no? Sobre todo porque, anadida despues o no, seria suficiente para lanzar en mi direccion una serie de preguntas muy indiscretas.

El dibujo final era el mas aterrador de todos. Mostraba a un gigantesco Dexter, provisto de una sonrisa demoniaca, alzando la sierra electrica, proyectado sobre la fachada de un gran edificio, mientras en el suelo habia acurrucados tal vez media docena de cadaveres ornamentales, todos adornados con el tipo de accesorios que Weiss habia utilizado hasta el momento en los demas. El conjunto estaba enmarcado por una doble fila de palmeras reales, y era una imagen tan hermosa de esplendor artistico y tropical, que tal vez me habria hecho derramar una lagrimita si la modestia no se hubiera entrometido.

Todo tenia su logica, la propia de Weiss. Utilizar la pelicula que ya habia filmado, sutilmente alterada para presentarme a moi en el papel principal, y proyectarla sobre un edificio muy publico para que no cupiera duda de que estabamos viendo a Dexter el Decapitador en plena faena. Arrojarme a los tiburones y, al mismo tiempo, crear una inmensa obra de arte comunitaria que todo el mundo pudiera admirar. Una solucion perfecta.

Llegue a mi coche y me sente en el asiento del conductor, repasando el cuaderno una vez mas. Era posible que solo se tratara de bocetos, por supuesto, una fantasia en papel y lapiz que jamas veria la luz del dia. Pero todo esto habia empezado cuando Weiss y Doncevic se dedicaron a efectuar exposiciones publicas de cuerpos, y la unica diferencia aqui era la escala…, eso y el hecho de que, en algun momento de los ultimos dias, Dexter se habia convertido en el proyecto de la feria de arte de Weiss. La Mona Dexter.

Y ahora, Weiss planeaba convertirme tambien en un gran proyecto de obras publicas. Dexter el Magnifico, que domina el mundo como un coloso, con muchos cuerpos encantadores a sus pies, reproducido en vivos colores a tiempo del telediario de la noche. Oh, mama, ?quien es ese hombre grande y apuesto de la sierra ensangrentada? Caramba, es Dexter Morgan, querido, el horrible hombre que detuvieron hace un rato. Pero mama, ?por que sonrie? Porque le gusta su trabajo, querido. Que esto sea una leccion para ti: busca siempre un trabajo digno que te haga feliz.

Habia aprendido lo suficiente en la universidad para apreciar el hecho de que se juzga a una civilizacion por su arte. Era humillante pensar que, si Weiss triunfaba, las futuras generaciones estudiarian el siglo XXI y sopesarian sus logros con mi imagen. Este tipo de inmortalidad era una idea muy tentadora, pero habia algunos inconvenientes para esta particular invitacion a la fama eterna. En primer lugar, soy demasiado modesto, y en segundo… Bien, estaba el asunto de que la gente descubriera que soy en realidad. Gente como Coulter y Salguero, por ejemplo. Cosa que harian sin la menor duda, en caso de que el video de mi imagen fuera proyectado sobre un gran edificio publico con una pila de cadaveres a sus pies. Una idea encantadora, pero por desgracia conduciria a esta gente a formular determinadas preguntas, atar cabos sueltos, y al poco el plato del dia seria Crema de Sopa de Dexter, preparada con amor en la Freidora y servida en la primera plana del Herald.

No, esto era muy halagador, pero yo no estaba preparado para convertirme en un icono del arte del siglo XXI. Con toda la reticencia posible, tendria que disculparme y declinar el honor.

?Y como?

Era una buena pregunta, al fin y al cabo. Las imagenes me revelaban lo que Weiss queria hacer, pero no me decian nada sobre hasta que punto estaban avanzados sus planes, o cuando queria llevarlos a la practica, y ni siquiera donde…

Pero espera un momento. Si me decian donde. Volvi a la ultima imagen, la que plasmaba el proyecto lunatico en detalles de alegres colores. El dibujo del edificio que hacia las veces de pantalla de proyeccion era muy concreto y me sonaba, ademas de que habia visto las dos hileras de palmeras reales, de eso estaba muy seguro. Un lugar en el que habia estado, pero ?donde y cuando? Mire el dibujo y deje que mi cerebro diera vueltas. Habia estado alli en un pasado no muy lejano. ?Tal vez hacia un ano o asi, antes de casarme?

Y con esa palabra, «casarme», me acorde. Habia sucedido hacia un ano y medio. Una amiga del trabajo de Rita, Anna, se habia casado. Habia sido una boda muy cara y fastuosa, acorde con la riqueza de la familia de la novia, y Rita y yo habiamos asistido a la fiesta celebrada en un antiguo hotel, ridiculamente pijo, llamado The Breakers, en Palm Beach. La fachada plasmada en el dibujo era inconfundible: The Breakers.

Maravilloso. Ahora sabia con exactitud donde pensaba Weiss montar esta noble Dexter-ama. ?Que hacia con esta informacion? No podia vigilar el hotel dia y noche durante los siguientes tres meses, a la espera de que Weiss apareciera con su primer cargamento de cadaveres. Pero tampoco podia permitirse el lujo de no hacer nada. Tarde o temprano montaria el numero o… ?Era posible que fuera otra trampa, con la intencion de arrastrarme hasta Palm Beach, mientras el hacia algo diferente aqui, en Dade County?

Pero eso era una estupidez. No habia planeado alejarse hacia el horizonte cojeando, con un lapiz clavado en la pierna y la huella de un pequeno puno en la ingle, abandonando sus dibujos. Este era su plan, para bien o para mal, y yo debia creer que era para mal, al menos en lo tocante a mi reputacion. Por lo tanto, la unica pregunta que quedaba era: ?cuando pensaba hacerlo? La unica respuesta que se me ocurrio fue «pronto», cosa que tampoco me parecio muy concreta.

No habia otro remedio: tendria que ausentarme un tiempo del trabajo y esperar en el hotel. Eso significaba abandonar a Rita y a los ninos a su suerte, lo que no me gustaba, pero no se me ocurria otra cosa que hacer. Weiss habia actuado muy deprisa, de una idea habia saltado a la siguiente, y yo pensaba que, lo mas probable, se iba a concentrar en este unico proyecto y actuaria con rapidez. Era una apuesta enorme, pero valia la pena si con eso le impedia proyectar una imagen gigante de mi sobre la fachada de The Breakers.

Muy bien: lo haria. Cuando Weiss empezara en Palm Beach, yo estaria esperandole. Y con eso decidido, abri el cuaderno para echar un ultimo vistazo al bonito Comic Book de Dexter. Pero antes de que pudiera sumirme en un trance de autoadmiracion, un coche freno junto al mio y un hombre descendio.

Era Coulter.

28

El detective Coulter rodeo la parte posterior de su vehiculo, hizo una pausa, me miro, volvio hacia el lado del conductor de su coche y desaparecio un momento. Aproveche ese tiempo para deslizar el cuaderno bajo mi asiento, y Coulter se materializo de nuevo y volvio a rodear la parte posterior de su coche, esta vez con su botella de dos litros de Mountain Dew colgando del extremo de su dedo indice. Apoyo la espalda contra su coche, me miro y tomo un largo sorbo de gaseosa. Despues, se seco la boca con el dorso de la mano.

—No estabas en tu despacho —me espeto.

—No —conteste. Al fin y al cabo, estaba ahi.

—De modo que cuando llega la llamada por radio, es tu mujer, y voy a buscarte —prosiguio, y se encogio de hombros—. No estas. Ya estas aqui, ?vale? —No espero la respuesta, algo estupendo, porque yo no tenia

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